Estas son las palabras que pronunció el ganador del premio Nobel de la Paz Barack Obama tras el anuncio del asesinato del agente de la CIA y “gurú” del terrorismo internacional Osama Bin Laden en un complejo residencial cercano a Islamabad, capital de Pakistán.No voy a entrar en la veracidad de la noticia (no es la primera vez que se anuncia la muerte de Bin Laden) porque, sinceramente, no me importa.
Lo que sí me interesa es reflexionar acerca del concepto de mundo seguro que defienden los dirigentes de la mayoría de los Estados que manejan el mundo.
Partamos de la base que estamos hablando de un acto de terrorismo de Estado, por parte de los Estados Unidos, en territorio soberano de Pakistán, cosa que no es para nada de extrañar a la vista del historial norteamericano. Sin embargo, para no perdernos en consideraciones laterales vayamos al objeto de este escrito: Hoy el mundo es más seguro.
El autor de estas palabras es el mismo que ha salido en las televisiones de todo el mundo jactándose de ser el máximo responsable de este acto terrorista y, a la sazón, el comandante en jefe del mayor ejército que jamás haya existido.
Hoy el mundo tiene una potencia armamentística como nunca antes se ha visto. La mayoría de Estados del mundo han dejado de lado cualquier consideración social para con sus ciudadanos y han centrado sus esfuerzos en la represión tanto policial-militar, como judicial. Habría que retroceder mucho en el tiempo para encontrar otra coyuntura como la actual en la que las personas tuviéramos menos derechos y, sobre todo, menos libertad.
Jamás como ahora, han existido tantos millones y millones de personas viviendo al borde del abismo sin saber siquiera si seguirán vivos otro día más. Nunca como en estos tiempos la desigualdad entre los seres humanos ha sido tan grande llegando al extremo de que mientras unos pocos nadamos en la abundancia, la mayoría se ven abocados a luchar por la simple supervivencia.
La seguridad del mundo que defienden Obama y sus acólitos no parece tener en cuenta la salud del propio mundo que cada día está más cerca de la muerte gracias a las continuas agresiones a las que le sometemos, muchas de ellas irreversibles.
Tampoco la salud de los seres humanos tiene ningún valor en el concepto de seguridad. Poco importa que las grandes farmacéuticas y las políticas de la OMS condenen a muerte a millones de seres humanos que no pueden pagar los precios patentados y no pueden acceder a una asistencia médica con garantías.
Las condenas a muerte que diariamente dictan cada día las grandes empresas que controlan el mercado mundial de las semillas y los alimentos, las que controlan los recursos energéticos y su utilización, las entidades financieras internacionales, y tantas otras organizaciones igual de criminales no tienen ningún peso dentro del concepto de mundo seguro que nos ha regalado la cabeza visible del Imperio.
Afortunadamente, podemos dar las gracias a todos los grandes medios de comunicación por repetirnos una y otra vez hasta convencernos de que a partir de ahora viviremos en un mundo más seguro, aunque sólo queda preguntar: seguro, ¿para quién?