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jueves, 7 de diciembre de 2017

DECLARACIÓN UNIVERSAL DE LOS DESECHOS HUMANOS


El próximo 10 de diciembre se conmemora un aniversario más de la aprobación por parte de la ONU de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948. Esta declaración, al igual que tantos otros insignes documentos, muestra el nivel de mezquindad de aquellos que se llaman representantes del pueblo. Se aprobó tras el desastre humano de la II Guerra Mundial para mantener la confianza en el poder de la democracia. Quien tenga ganas puede echar un vistazo a la declaración original y juzgar por sí mismo…
 
 
Yo a la vista de lo sucedido durante todos estos años prefiero mostrar una versión actualizada y reducida, conocida como la Declaración Universal de los Desechos Humanos. Sinceramente, creo que se ajusta mucho más a la realidad.
 
Artículo 1
Toda persona será considera mercancía y será tratada como tal. Se les clasificará y se les pondrá precio en función de su origen, sexo, raza y utilidad al sistema.
 
Artículo 2
Todos los seres humanos son iguales y tienen el mismo derecho a ser explotados hasta la muerte en pos de un bien superior, es decir, el de los creadores de esta declaración.
 
Artículo 3
Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona siempre y cuando nos sea útil para el funcionamiento del engranaje social. En caso contrario su vida no vale nada y deberá morir.
 
Artículo 4
Toda persona es susceptible de ser esclavizada. Según dónde viva podrá optar entre dos opciones: esclavitud vieja escuela o dictadura del salario.
 
Artículo 5
Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes. A excepción de todos los que sean considerados enemigos del sistema (reales o no) que conforman la inmensa mayoría de la población humana.
 
Artículo 6
Toda persona tendrá derecho a soñar con alcanzar la felicidad que le ofrece el consumo. Asimismo, tiene la obligación de sentirse culpable por no alcanzarla.
 
Artículo 7
En caso de persecución, toda persona tiene derecho a buscar asilo, y a disfrutar de él, en cualquier país. Toda persona que tenga varias cuentas bancarias con más de seis dígitos, el resto serán considerados inmigrantes de mierda y tratados como escoria.
 
Artículo 8
Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión. Siempre y cuando acepte el pensamiento único capitalista y la religión del dinero. También tiene derecho a opinar y expresar lo que los poderosos consideren oportuno.
 
Artículo 9
Toda persona tiene obligación de ganarse la vida con el sudor de su frente a excepción de los que posean la riqueza económica y la propiedad de los medios de producción.
 
Artículo 10
Toda persona tiene derecho a que se establezca un orden social e internacional en el que los derechos y libertades proclamados en esta Declaración se hagan plenamente efectivos.
 

jueves, 18 de diciembre de 2014

LA ESCLAVITUD SE HACE LEY

Todos, debemos ser conscientes de que ya no hay espacio entre nosotros para las tibiezas, para las soluciones parciales, para la vuelta a tiempos mejores. Todo eso ya no es posible.

El capitalismo en su dinámica destructora sigue avanzando, cada vez más acelerado. Las máscaras han caído y ya no necesitan esconderse más, no necesitan colchones de seguridad ni falsas vías de escape.

Pasaron los “días felices” donde lo prioritario era inculcarnos el afán consumista, el apego a sus productos y la ilusión de prosperar en la vida a base de trabajar y ser buenos ciudadanos.

Pasó el tiempo en que nos envolvieron con su bienestar público, su crecimiento económico y sus infinitas posibilidades de ocio dirigido. Sí, seguramente disfrutamos esos días, sin querer saber, sin querer darnos cuenta de que aquello era posible a costa de millones de vidas humanas, a costa de aniquilar la naturaleza, a costa de ser aniquilados nosotros mismos como seres humanos.

Ese tiempo pasó. Ahora que ya somos fieles seguidores de sus democracias, ahora que ya no podemos vivir sin su salario, ni podemos prescindir de sus comodidades, ahora ya no necesitan más zanahorias para guiarnos. Ha llegado el momento en que la verdadera cara del capitalismo se haga visible. Los que creíamos vivir en la zona segura del mundo vemos cómo todo lo que en nuestra concepción sucedía en regiones recónditas está pasando ahora, aquí, en nuestra sociedad.

Millones (sí, millones) de personas sin poder alimentarse tanto como deberían; sin poder disfrutar de algo tan básico como un hogar (desahucios, pobreza energética…); millones de personas sin ningún tipo de ingreso, que malviven de la caridad; cientos de miles de personas sin acceso a la sanidad más básica y un largo etcétera de situaciones suficientes cada una de ellas para avergonzarnos como seres humanos.

Esa es nuestra realidad, la realidad de un país calificado como moderno y desarrollado. La realidad de un país democrático, de un estado de derecho que tiene como norma sagrada garantizar el bienestar de sus habitantes. Pero como dije, eso ya pasó. Y a pesar de sus esfuerzos por hacernos creer que esto es pasajero y a causa de la corrupción generalizada entre los políticos gobernantes, sabemos que no es cierto. También sabemos, aunque nos de miedo aceptarlo, que ahora vivimos en la realidad capitalista y, sabemos, que va a ir a peor. Así es, ahora vemos que no es una crisis, ni una estafa; sino el desarrollo lógico de un mundo liderado por psicópatas.

Tan sólo hay que ver en qué andan los gobernantes para afrontar esta realidad que con tanta crueldad nos golpea y que con tanta urgencia necesita un cambio radical.

Por un lado, tenemos el TTIP (junto a sus hermanos CETA y TISA), todos ellos acuerdos para el libre comercio entre Europa y Estados Unidos de todo lo que es susceptible de ser mercancía, es decir, de todo y todos. Sí así como suena, incluyámonos en esa lista porque eso es lo que somos al fin y al cabo para el modelo capitalista: mercancías. Estos tratados que se están negociando en secreto según dice la prensa aunque raramente habla de ello (como si para el resto de embustes legales hubieran contado con nosotros), nos conducen hacia un nuevo escalón en el sistema de dominación capitalista. Unos tratados que definitivamente ponen bien a las claras dónde residen los actuales dictadores de las normas que rigen las vidas que habitamos el planeta: en las grandes corporaciones. En este tratado se facilitará el rango de máxima ley a la esclavitud laboral, denigrando más todavía, aunque parezca imposible, la condición de asalariado; se otorgará al gran capital el derecho de patentar y por tanto poseer (con todas sus letras: poseer) y lucrarse con ello todo lo que considere, incluidas toda forma de vida y cualquier proceso natural; legalizará cualquier tipo de aberración como el fracking con la excusa de su imprescindible necesidad para asegurar el normal funcionamiento de la población; pondrá a los dueños del sistema en el lugar que les corresponde, situando a las transnacionales por encima de cualquier legislación existente y con el derecho a reclamarle a cualquier país compensaciones económicas si considera que no se ha llevado un trozo del pastel lo suficientemente grande (tribunales de arbitraje le llaman a esto); todo esto y mucho más pasará a formar parte de las reglas del juego con carácter legal.

Por supuesto que nada de esto es nuevo, de hecho es algo que ya vamos viendo en nuestro día a día, sin embargo cuando el Tratado se firme y entre en vigor, la situación degenerará hasta límites inimaginables (si no podemos mirar cómo le ha ido a México desde que firmaron el NAFTA).

Por otro lado, tenemos en el ámbito patrio, la Ley Mordaza (aunque no os creáis que no tiene equivalentes en el resto de países) la plasmación de esa frase tan manida del “brazo armado de la ley”. El único objetivo de esta ley es asegurarse la nula contestación al proceso de explotación y esclavitud por el que transitamos y garantizar la absoluta entrega de la población a la causa capitalista. A través de diferentes mecanismos se trata: Por un lado de inocular miedo a los que empiezan a notar en sus carnes los efectos del sistema y se deciden a salir a la calle a ejercer su derecho a la protesta (si es que eso existe). Esto se hace allá donde el sistema sabe que más daño puede causar: el bolsillo, aplicando multas económicas por actuaciones y actividades que hasta no hace mucho estaban amparadas por la figura de los derechos fundamentales. Por otro lado, para aquellos considerados más peligrosos por el sistema, añaden el terror físico y emocional; dejando claro qué comportamiento no es el adecuado.

Esta ley da plenos poderes e impunidad a la policía para actuar según crea conveniente sin necesidad de que ninguna instancia superior autorice nada. Liquida la poca libertad de expresión que realmente quedaba en este país y garantiza un sistema de espionaje global que alcanza todas las esferas de la vida.

Como decíamos anteriormente, nada nuevo si exceptuamos el marco de legalidad que ofrece a estas prácticas habituales (cualquiera que haya participado en algún movimiento antagonista ya sabe de qué va esto) del sistema represor. El régimen FIES, las torturas denunciadas hasta la saciedad, la dispersión de presos, los ficheros policiales… En definitiva el terrorismo de Estado ha estado y estará presente. Esta nueva ley lo que hace es ampliarlo a toda la población y garantizar la impunidad de los ejecutores.

Estas dos cuestiones dejan a las claras el perfecto reparto del trabajo que conlleva el capitalismo en su estado actual, las corporaciones dirigen y los Estados reprimen. La combinación perfecta, ambos salen ganando. Por eso, resulta difícil imaginar una salida a través del propio sistema (y mira que se empeñan es hacernos creer que es posible).

 
A los que todavía creéis que esto no va con vosotros y que el mundo funciona estupendamente, sólo os digo que prestéis atención, que abráis los ojos y miréis a vuestro alrededor, pero sobre todo que os fijéis en aquello que más queréis (a vosotros mismos, vuestras familias, amigos…) y os paréis a pensar por un momento si de verdad es oro todo lo que reluce, si de verdad la vida se reduce a cumplir con el papel asignado.
Sabed que aquello que consideráis lejano ya está aquí, siempre lo estuvo pero ahora se ha convertido en algo cotidiano, palpable, real y que va a acabar con todo aquello que amáis, incluidos vosotros mismos.

A los que lucháis; a los que sentís la necesidad de hacer algo por cambiar el mundo que os rodea; a los que sabéis que las cosas no son como nos las cuentan; a los que no estáis dispuestos a consentir más abusos, más explotación, más muerte. A todos vosotros mi admiración, mi ánimo y mi apoyo para seguir adelante.

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lunes, 9 de julio de 2012

MENTES PRECARIAS*

* Una de las acepciones de precaria: que sólo es poseída como préstamo y a voluntad del dueño.

El desarrollo voraz del sistema capitalista y de su maquinaria de adiestramiento ha permitido alcanzar un nuevo estadio en la evolución de la mente humana, sobre todo en la llamada sociedad occidental: la mente precaria.

La mente precaria, a diferencia del resto, no se rige por la acumulación de experiencias, ni por el descubrimiento de patrones formales, ni por relaciones causales, ni por ningún otro parámetro habido o por haber. Se rige por las órdenes directas de su amo, quien en su infinita bondad le cede espacios de autonomía para dirigir los aspectos más básicos del día a día del cuerpo que le da cobijo, pero nada más.

Es decir, una “gran mente” (o el conjunto de los dominadores del mundo) rige a millones de mentes precarias (o la inmensa mayoría de los dominados) que vivimos en la más absoluta ignorancia con respecto a este hecho.


Hay que reconocerle cierto mérito a este sistema criminal. Aunque tengas todos los medios a tu alcance no es fácil conseguir este nivel de efectividad. Requiere de mucho tiempo y esfuerzo dedicado a manipular y adoctrinar generaciones enteras de mentes para alcanzar esta generalización de la precariedad mental. Ha sido necesario desplegar todos los tentáculos de una maquinaria infernal llamada capitalismo, al igual que ha sido imprescindible el soporte logístico ofrecido por su necesario aliado el Estado.

Alcanzar tan rotundo éxito sólo ha sido posible al situar en el centro de esta maquinaria al sistema educativo (convertido en obligatorio por el bien de la humanidad) desplazando a un segundo plano a la, hasta hace poco, estrella del amaestramiento de fieras: el sistema represivo (judicial, policial y penitenciario) que, no por ello, ha perdido su vigencia y su importancia sino que, simplemente, ha pasado a ser el plan B por si falla la educación de las mentes.

Sin duda, estos dos sistemas son el eje fundamental en el que se basa la precarización de la mente actual.
 

Si imaginamos la mente precaria como uno de esos adosados exactamente igual a los tropecientos que le rodean formando una urbanización (o sistema), tenemos que los pilares centrales encargados de aguantar la mayor parte del peso los forma el sistema educativo. Durante décadas, millones de personas hemos pasado por este filtro encargado de modelarnos y adecuarnos a las necesidades de cada momento histórico. La misma introducción de este sistema responde a la necesidad de producir en serie combustible humano para alimentar el engranaje de la recién llegada sociedad industrial. Desde ese mismo instante se vislumbró el potencial de la educación estatal y de la imperante necesidad de universalizarla. Esta necesidad se ha visto colmada independientemente del tipo de régimen político instaurado y de la supuesta orientación ideológica del mismo. En todos estos lugares el sistema escolar tiene un objetivo primordial más o menos oculto: transmitir y asegurar la asimilación de una necesidad de ser enseñados.

De esta forma se consigue que las personas nos desentendamos de la responsabilidad de nuestro propio desarrollo, allanando de esta manera el camino a la precarización de las mentes. Junto a esta enseñanza, también nos inicia en una sociedad en la que todo (valores, capacidades, necesidades, realidades…) es susceptible de ser producido y medido. Esto nos lleva irremediablemente a la aceptación de toda clase de clasificaciones jerárquicas, incluso a dar por válida y natural una sociedad estratificada en la que tu posición depende de valores totalmente mesurables. La escuela nos instruye para ocupar el lugar que el poder nos tiene reservado dentro de nuestro sistema social y para saber aceptar que esa posición no depende de cada uno de nosotros sino que está en función de una serie de parámetros (económicos, étnicos, origen social,…) que la “gran mente” se encarga de medir y catalogar.
 

Junto a estos pilares centrales de los que hablábamos tenemos toda una serie de tabiques que compartimentan nuestra mente precaria y que conforman esa sociedad para la que nos prepara la escuela: la sociedad de consumo. Vivimos en un sistema en que la capacidad de consumir/devorar (perfectamente medible) nos hace más o menos valiosos. Es nuestra obligación mantener a toda costa nuestro nivel de consumo si no queremos vernos degradados socialmente. Esto sólo es posible si somos poseedores de una mente precaria que nos impide vislumbrar tan siquiera el sadismo de este tipo de organización social. El consumo desaforado que ayudamos a mantener a cada paso sólo es posible a costa de la vida de millones de seres humanos, a fuerza de reducir a la condición de esclavitud a gran parte de la población mundial y a estar a punto de llegar a la meta en la absurda y desastrosa carrera por la destrucción del planeta.


Para mantenernos dentro de este terrible modelo social tenemos las paredes exteriores del adosado (es preciso señalar lo bien que la palabra adosado describe el concepto de mente precaria como algo no natural). Estos muros de contención están formados por el sistema represivo en que se basa todo Estado-Sistema (policial/militar, judicial y penitenciario). Nuestras vidas se rigen por unas leyes ajenas a nosotros, diseñadas y puestas en marcha por esa “gran mente” que nos domina precisamente para asegurar su control. Todo el sistema represivo está diseñado para impedir cualquier intento de subvertir el orden establecido y para asegurar que la distribución de los recursos en su totalidad se hace en la dirección correcta). Pero la élite dominante no se conforma con eso. Nuevamente, a través de la precarización de las mentes ha logrado que la inmensa mayoría esté totalmente de acuerdo con el sistema y esté dispuesta a apoyarlo hasta las últimas consecuencias. Nadie cuestiona la existencia de un ejército que tiene la potestad de tomar el mando de la situación en cuanto lo estime oportuno. No existe ninguna duda acerca de que los cuerpos policiales deben existir porque, al parecer, todos somos unos desalmados y necesitamos a alguien que se nos controle y nos reprima. Qué decir de las cárceles, vendidas como centros de reinserción (nunca he comprendido el significado de esto) pero cuyo principal objetivo es mantener recluido a cualquiera que sobre en este sistema (por su condición social, su manera de pensar, su origen étnico,…). Lo que es innegable, es que estos muros exteriores se van mejorando a cada minuto que pasa, haciendo de la mente precaria una fortaleza casi indestructible.


Por último y como es sabido, los adosados (mentes precarias) suelen formar parte de urbanizaciones (grupos sociales). Aquí entra en juego el último elemento de la jugada maestra de la “gran mente”, los jardines que embellecen y mantienen unidos a todos los elementos del grupo social. Estos jardines están formados por los medios de desinformación masiva y por la industria del entretenimiento. Estas dos vertientes se conjugan perfectamente creando todo un mundo de apariencias en el que vive la mente precaria. Nos suministran la información precisa para hacernos ver lo afortunados que somos, y lo mal que podríamos llegar a estar si se produjera cualquier alteración del orden establecido. Nos ayudan a crear una identidad colectiva (reforzada por la industria del entretenimiento) mostrándonos a los nuestros y marcándonos a nuestros enemigos. Este doble sistema (desinformación y entretenimiento) hace que las mentes precarias ocupen toda su capacidad en espejismos y cortinas de humo (no sea caso que todo lo descrito anteriormente haya dejado el mínimo resquicio a la capacidad crítica que se nos presupone a los seres humanos) y las mantiene en una falsa actividad durante toda su existencia.


El plan es absolutamente genial pero, como todos los grandes planes, no es infalible. La clave es ir al origen, a los cimientos de la mente precaria y no desperdiciar energías en luchas estériles por podar el jardín o cambiar el color de los muros.

El principio del fin de esta dominación pasa por romper con el sistema educativo (de adiestramiento), con sus enseñanzas sobre todo las ocultas. Pasa por recuperar el control en nuestro proceso de autoconstrucción como seres humanos y en poner en primer plano la libertad en todos sus ámbitos. También pasa por reconocernos como iguales pero no en la precariedad mental sino en la potencialidad de construir nuevos cimientos que todos poseemos.

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domingo, 15 de enero de 2012

REFORMA LABORAL PARA JÓVENES: La esclavitud se convierte en ley.

En los últimos dos años se han realizado tres reformas referidas al trabajo de los jóvenes para tratar de combatir (sic) el altísimo paro juvenil que ronda el 50% oficialmente pero que como todos sabemos a estas alturas, eso implica un número mucho mayor. Al mismo tiempo, hay que tener en cuenta que alrededor del 80% del empleo que se destruye es el que realizan los jóvenes.

Los “entendidos en la materia” explican este índice de paro debido a la rigidez del mercado de trabajo y el alto índice de fracaso escolar que hace que muchos jóvenes no tengan ningún tipo de titulación. Sin embargo, esto choca con el tan cacareado mantra de que estamos ante la generación de jóvenes más preparada de la historia (esta última afirmación debería hacernos reflexionar acerca del sistema de educación-adoctrinamiento que llevamos padeciendo desde hace décadas).

Veamos cómo estas tres reformas han acercado a los jóvenes al mundo de la esclavitud, perdón, del trabajo.

PRIMERA REFORMA LABORAL (Ley 35/2010)
Se modifican los contratos para la formación y el aprendizaje y el contrato en prácticas reconociéndoles, por fin, protección por desempleo. Esto que parece un acierto total, tiene su truco. Los costes sociales de dicha protección (lo que pagan empresas y trabajadores a la seguridad social) no recaen en las empresas que tienen sus cuotas bonificadas por el Estado, la parte de los trabajadores también está exenta aunque aquí se compensa con sueldos raquíticos, sin olvidar que cuando decimos que paga el Estado estamos diciendo que pagamos todos.

También se promociona el contrato de fomento indefinido para jóvenes, esto es, un contrato indefinido con una indemnización por despedido menor de lo normal (o sea más que ridícula). Este contrato también tiene las cuotas a la Seguridad Social subvencionadas por cortesía del pueblo.

SEGUNDA REFORMA (Real Decreto Ley 10/2011 )
Se vuelve a reformar el contrato para la formación y el aprendizaje. La principal novedad es la ampliación por decreto ley de la época vital conocida como juventud. A partir de este momento, se extiende hasta los 30 años (antes era hasta los 25). También se amplia la duración mínima del contrato de seis meses a un año. Esta consideración va muy en la línea que mantienen los Estados acerca de la “inmadurez” del pueblo, en la que se escudan para hacer y deshacer a su antojo.

Todo esto se traduce en contratos precarios y flexibles (cómo les gusta esta palabra) sobre todo en condiciones y retribución para todos aquellos entre 16 y 30 años. A esto se le suman las bonificaciones a las cuotas de la Seguridad Social que como es costumbre para el fomento del empleo corren a cargo de los contribuyentes.

TERCERA REFORMA (Real Decreto 1543/2011)
Se regulan las prácticas no laborables en empresas. Este nuevo decreto es el reconocimiento explícito del fracaso de las anteriores reformas sobre el “empleo juvenil” (esta modalidad es para gente entre 18 y 25 años), sin embargo, lejos de tratar de revertir la situación tan precaria en que se encuentra esta población dan un paso más allá y lanzan una nueva modalidad de trabajo: el trabajo-miseria.

El trabajo-miseria es un mecanismo previo de inserción laboral para gente joven con cualificación profesional pero sin experiencia laboral o casi.

La denominación de no laboral se refiere a que no se percibe un salario a cambio. Como, de momento, la esclavitud explícita no está permitida se dispone que las empresas den una beca a sus trabajadores por el 80% del IPREM (Indicador Público de Renta de Efectos o Múltiples) que es de 532.51 euros al mes. Es decir, que “cobrarán” una beca de 426 euros al mes por trabajar. Así es, se legaliza el trabajo con retribuciones por debajo del Salario Mínimo Interprofesional que teóricamente es lo mínimo que un trabajador puede cobrar para poder subsistir.

Todo este tinglado de las prácticas no laborales se organiza de la siguiente manera:

- Se establecen convenios de colaboración entre empresas y servicios públicos de empleo.

- El proceso de selección corre a cargo de las empresas.

- Las prácticas son dirigidas y supervisadas por un tutor en la empresa.

- El periodo de duración es de entre seis y nueve meses.

- Se les incluye en el régimen de la Seguridad Social pero no a efectos de desempleo.

Esta nueva reforma presenta a las empresas como un modelo a seguir por su compromiso moral con la formación de nuestros jóvenes. La cruda realidad es que esta reforma viene a legalizar el tener trabajando a personal cualificado durante nueve meses por un sueldo de 426 euros al mes.

Visto lo visto, hemos llegado a un punto de no retorno, a partir del cual las cosas sólo pueden empeorar. Teniendo en cuenta que ya se ha legalizado el trabajo esclavista para los jóvenes, los siguientes pasos que, por lógica, se van a dar van a ser la extensión de estas mismas condiciones para todos los trabajadores. Y es que nuestros políticos han hecho suyo el lema de repartir el trabajo y la riqueza, lo que pasa que la segunda parte no la han comprendido bien y sólo reparten la riqueza entre aquellos que ya se han adueñado de ella.

Yendo un paso más allá, y haciendo un poco de política ficción, se puede intuir que en próximas fechas las nuevas reformas irán encaminadas a trabajar a cambio de nada y, finalmente, a pagar por trabajar. Siempre que no nos decidamos de una vez, a hacer valer nuestras fuerza como trabajadores y realizar nuestra propia reforma laboral consistente en la toma de los medios de producción y en la consecuente abolición del trabajo asalariado.

martes, 13 de septiembre de 2011

PONIENDO EN ORDEN MIS IDEAS

Esclavizados de mil formas diferentes según el lugar del globo en el que nos ha tocado vivir.

Si tienes suerte y vives en el Norte tu esclavitud puede sobrellevarse a base de enajenación mental y un consumo desaforado de objetos inútiles y de corta vida que jamás te darán la libertad, pero crearán una ilusión de bienestar a tu alrededor suficiente para creer y amar el orden establecido.

Si vives en el Sur, todo se simplifica, tus opciones se reducen a tratar de sobrevivir vendiendo tu alma y tu energía vital a cambio de un salario de miseria en el mejor de los casos o, simplemente, luchando por arrancar a la madre Tierra algún fruto que haya escapado de la codicia de los esclavizadores.
En ambos casos, no fuimos los sometidos los que elegimos vivir así aunque, para la mayoría, fue algo que ya existía antes que nosotros y que nuestros mayores ya consideraban el orden natural establecido.
Sin embargo, nuestros actos afianzan día a día este orden establecido porque, bajo este sistema de miseria y muerte llamado capitalismo, es necesario que unos traspasen cada jornada la delgada línea que separa la pobreza de la muerte para que otros mantengamos nuestra ilusión intacta y nos sintamos afortunados.
Es necesario para el funcionamiento de la maquinaria capitalista que, diariamente, la explotación del ser humano y de los recursos naturales alcancen nuevas cotas, porque sin el eterno crecimiento los cimientos se corroen. Así pues, no hay cabida para lamentos e imprecaciones, la rueda debe seguir girando a la velocidad necesaria triturando a su paso cualquier atisbo de humanidad y solidaridad.
Los ideólogos del control de masas saben muy bien lo imprescindible de hacernos sentir afortunados, por no formar parte de la mitad del planeta que no sabe si va a sobrevivir un día más. Conocen la manera de canalizar nuestra preocupación por los menos afortunados (haciéndonos creer que somos seres superiores por ser capaces de ayudar a los demás, a pesar de que nuestra situación no acaba de ser la ideal) y la manejan de tal manera que hacen que nos olvidemos de que somos nosotros los que colaboramos necesariamente para que toda esa gente jamás abandone su permanente estado de pobreza y miseria. De esta manera nos integran aún más en sistema nocivo para el ser humano y el planeta.

Llegados a este punto, es necesario comprender que la lucha anticapitalista es, ante todo, la lucha por la libertad y la dignidad humana, por la conservación de nuestro planeta y sus recursos, por la necesaria hermandad de todos los seres humanos. Ante esta perspectiva debemos olvidarnos de cuestiones que son simples tonterías al lado de esto. No necesitamos establecer la supremacía de ningún sistema alternativo al capitalismo para derrotar a éste. Lo que necesitamos es crearlo e ir dándole forma, día a día, con el trabajo de todos, olvidarnos de etiquetas que alguna vez se inventaron pero que jamás se correspondieron con nada real y tangible.
El objetivo está claro, no podemos permitirnos a nosotros mismos seguir así. Este mundo es demencial. Se basa en la muerte de millones para que unos pocos vivan una vida irreal y vacía que ha sido encumbrada como el ideal del ser humano.

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