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miércoles, 25 de julio de 2012

VIVIMOS TIEMPOS DIFÍCILES

Vivimos tiempos difíciles.

Las últimas medidas tomadas por los farsantes que ejercen el control del Estado nos acercan un poco más a la esclavitud total que el capitalismo tiene reservada para la mayoría de la población mundial, incluida nuestra sociedad occidental que se creía inmune a la depredación del sistema.

En los últimos años el “capitalismo amable” se ha revelado como una trampa mortal en la que la mayoría caímos sin mirar atrás. Ahora no tenemos excusa, vemos a diario cuál es la verdadera cara de todo esto. Nos escandalizamos al ver cómo pretenden que vivamos como trabajadores chinos, sin embargo durante años no nos ha importado vivir mejor a costa de ellos siempre pensando en lo bien que se vivía en nuestro pequeño paraíso de objetos inútiles pero baratos, que en nada enriquecían nuestro espíritu pero que nos llenaban el alma de un gozo estéril. Qué poco nos importaban esos millones de pequeños seres humanos que trabajaban innumerables horas cada día para que nosotros disfrutáramos del último modelo de zapatillas, o de los miles que se jugaban la vida a cada instante para que pudiéramos lucir el móvil más futurista. Ahora nos sorprendemos cuando vemos que uno de cada tres niños en nuestro país se acuesta sin cenar porque en su casa ya no pueden ofrecerle la comida suficiente. Nos parece mentira que un cuarto de la población española viva por debajo del umbral de la pobreza. Sin embargo, esa es la realidad. Parece que empezamos a tomar conciencia de lo que este sistema representa para los seres humanos: esclavitud, dolor y muerte. En el mejor de los casos, viviendo bajo ese “capitalismo amable” una vida carente de esperanzas y proyectos dedicada a vendernos a cambio de nuestro trabajo hasta el final de nuestros días.

Eso que llaman Estado democrático, de derecho y social, por fin, se nos ha revelado como el auténtico Estado dictatorial que es. Una tras otra las cartas se han ido levantando hasta dejar a la vista la cruda realidad que durante años hemos preferido ignorar: somos simple mercancía que consume y es consumida. Para ellos, no tenemos más valor que el que nos atribuyen como fuerza bruta (cuando es necesaria) y como consumidores del producto de la fuerza bruta de los demás. Cuando dejamos de tener ese valor simplemente nos condenan a desaparecer. Estos Estados democráticos nos tuvieron durante décadas engañados con su estado del bienestar que no era otra cosa que su manera de mantener sana a la masa trabajadora y su forma de adoctrinarla en las bondades de la sociedad de consumo. Cuando el objetivo se ha cumplido, cuando todo vestigio de revolución social ha sido extirpado han dado por finalizada esta fase y han iniciado un nuevo camino, el camino sin retorno que tan bien conocen dos terceras partes de la población mundial ya que lo han padecido desde tiempos inmemoriales.

Lo dijimos hace tiempo e insistimos, no es posible volver atrás. La solución no pasa por proyectos políticos, con sus estructuras altamente antidemocráticas, situados dentro del actual juego sistémico (ni proyectos mayoritarios ni minoritarios) que jamás se atreverán a romper las normas ni a atacar las raíces de este sistema tan injusto.

En el Estado Español tenemos infinitos ejemplos de opciones políticas que con diferentes máscaras sirven a los intereses del capital. No hay uno sólo, desde la rancia derecha del PP o UPyD hasta la supuesta izquierda radical como IU o Bildu, que no acaten a pies juntillas los dictados de los grandes jerifaltes del capitalismo. La peor parte, como siempre en estos casos, se la lleva esa supuesta “izquierda de verdad” (la derecha no engaña, va a lo que va y quien no lo quiera ver tiene un problema) que a la mínima que alcanzan un poco de poder pone su mejor cara de resignación y dice que tiene las manos atadas y que las circunstancias obligan. En fin, si la hipocresía fuera comestible podríamos alimentarnos todo el planeta sin problemas con esta pandilla de embaucadores.

Pero vamos a ser un poco honestos. Esto pasa aquí y en todas partes y es bien cierto que nada pueden hacer. Por supuesto, omiten decir que sería imposible seguir chupando del bote y hacer política a favor del pueblo y la libertad. Obviamente, ante la disyuntiva nadie se saca la teta de la boca y siguen jugando el papel que tienen asignado.

Decíamos que esta situación no es exclusiva del Estado Español. El capitalismo controla el juego político a su antojo como vimos en Grecia e Italia cuando decidieron imponer directamente a sus Gobiernos. Incluso se permiten el lujo de, ante la supuesta amenaza que representaba Syriza (“la izquierda radical” según repetían machaconamente todos los medios de desinformación) que no era más que una amalgama de la izquierda socialdemócrata y varios colectivos antiglobalización, de poner en marcha su maquinaria de control social para asegurarse el resultado más conveniente.

Por tanto, no cabe más que pensar que la salida de esta situación no pasa por la política oficialista que como mucho pondrá todas las tiritas que pueda para aminorar la hemorragia sin decidirse jamás a atacar la causa de la enfermedad.

La salida pasa por nuevas formas de organización y participación, en la que todo el mundo pueda (y lo haga) implicarse de manera directa. También pasa por romper esas cadenas mentales que nos unen a un modelo de vida, el capitalista, que no se corresponde con la esencia humana ni con nuestro lugar dentro de ese todo llamado Tierra. Pasa por recuperar la fe en nuestra propia potencia creadora y en aunar esfuerzos con el resto.

En definitiva pasa por creer de verdad que ese otro mundo es posible y por desear que ese otro mundo sea una realidad. A partir de ahí, hay que obrar en consecuencia (a cada cual su historia personal, su conciencia político-social,… le hará seguir su camino en ese obrar en consecuencia) y, sobre todo, no desfallecer jamás.
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viernes, 4 de marzo de 2011

EL MODELO DE FELICIDAD

En muchos de los Estados modernos, los tratados constitucionales explicitan que el Gobierno y toda su maquinaría tienen como deber último trabajar por la felicidad de sus ciudadanos (o por su bienestar como se indica en las Constituciones más recientes). Para ello, el Estado cuenta con la inestimable ayuda de su compañero de viaje: el capitalismo en cualquiera de sus versiones contemporáneas. Juntos han puesto en pie una maquinaria gigantesca destinada a satisfacer ese gran objetivo.
El primer paso es definir el concepto de felicidad porque como acostumbra a pasar en nuestras democracias eso es una tarea que no recae en el pueblo si no en las elites dominantes. Para realizar esta tarea la dualidad gobernante pone diversos mecanismos en marcha.

El primero de ellos es el sistema educativo, donde desde las edades más tempranas se encargan, de manera muy efectiva, de ir aniquilando cualquier esperanza de formar un espíritu crítico y reflexivo capaz de sacar sus propias conclusiones acerca de la realidad que les rodea, de esta manera se prepara el terreno para el posterior adoctrinamiento que tiene como base la creencia de que todo lo que el Estado dispone ha de ser por fuerza lo que más nos conviene. A esto se le suma una educación basada en la competitividad y los méritos individuales cuya única finalidad es conseguir un puesto de trabajo que nos permita ganar el dinero necesario para llevar una vida feliz según los cánones oficiales.

Otro de los mecanismos de los que dispone el poder son los medios de comunicación, teniendo un papel fundamental la televisión. Son estos medios los que proporcionan de manera inmediata y repetitiva las imágenes de lo que debe ser la aspiración de todo ciudadano. Constantemente, nos muestran a personas que son el modelo a seguir por todos porque una de las claves de la felicidad tal y como la entienden los poderosos es el éxito, sobre todo el profesional, ya que este éxito garantiza el poder adquisitivo necesario para alcanzar el ideal de felicidad. Por supuesto, los modelos que presentan se corresponden con personas que no han necesitado desarrollar su intelecto ni sus capacidades emocionales para llegar a lo más alto, sólo hay que ver que hoy en día los deportistas de élite, los personajes televisivos y demás gentes relacionadas con el mundo del ocio son el ideal que debemos aspirar a alcanzar el común de los mortales, es decir, ocupaciones que no aportan nada al desarrollo del ser humano ni de la sociedad. Obviamente, no hay lugar dentro de ese modelo para personas que dedican su vida a trabajar por un mundo mejor porque eso puede estar bien como mera anécdota en el currículum vital de una persona pero no como ocupación principal.

Para remarcar todos estos aspectos, el Poder dispone de una tercera vía de adiestramiento que sirve al mismo tiempo como referente de una vida feliz y como escaparate de todo aquello que como buenos ciudadanos debemos aspirar a poseer. Esta vía es la industria del ocio.
Día tras día, esta enorme maquinaria nos enseña a través de sus pantallas, sus altavoces, sus viajes organizados y el resto de sus innumerables posibilidades cómo debería ser la vida de una persona feliz. Aquí es donde se pone la guinda al pastel para acabar de convencernos (si es que no lo estamos ya) de que somos seres afortunados que tenemos a nuestro alcance un sinfín de productos y servicios de los que podemos disfrutar para alcanzar una vida perfectamente feliz.

Así con todos estos mecanismos funcionando a pleno rendimiento, las personas acabamos cayendo en su juego y dejando de lado cualquier aspiración personal para sucumbir a las ideas dominantes. Con ello, aceptamos plenamente la idea de que nuestra finalidad debe ser procurarnos la felicidad, por supuesto la felicidad que las Instituciones dominantes han diseñado para nosotros y que no es más que la acumulación de pertenencias que poco o nada aportan a nuestro desarrollo integral como seres humanos.
De esta manera, encontramos que alguien se define como feliz cuando posee todo aquello que su rango ocupacional (es decir, según el trabajo que desarrolle y el sueldo que percibe por ello) le permite e incluso un poco más gracias a la generosidad de los bancos que le conceden créditos por encima de sus posibilidades para poder mejorar esos bienes tan preciados que le hacen tan feliz. Al final todo queda reducido a una mera cuestión de consumo: para ser feliz hay que tener el mejor coche (o coches porque con uno sólo no es suficiente) la mejor casa, los mejores electrodomésticos, cuantas más televisiones mejor, por lo menos unas vacaciones al año (cuanto más lejos sean del hogar mejor para el nivel de felicidad), el mejor colegio para la descendencia (lo de mejor colegio suele medirse en función del dinero que cuesta la escolarización) y muchísimas más cosas que todos y todas seguro tenemos en mente ahora mismo.
Este es el tipo de carrera desenfrenada en la que nos vemos embarcados si queremos ser felices tal y como debe ser. Por supuesto, estamos tan absortos por el pensamiento dominante que nos deslizamos por la vida en pos de esta felicidad carente de contenido y de esfuerzo que sólo requiere de nosotros que trabajemos religiosamente durante toda nuestra vida.
Este concepto de felicidad se ha visto enormemente reforzado desde que se instauró el llamado “Estado del Bienestar” puesto que a partir de ahí, al tener “cubiertas” las necesidades sanitarias, educativas y sociales, las personas sólo tuvieron que preocuparse por alcanzar el ideal expuesto.
Estas ideas inculcadas por el Poder tienen unos beneficios monstruosos para aquellos que lo ostentan. Por un lado, garantizan el constante consumo que está en la base del funcionamiento del sistema capitalista y que reporta los beneficios económicos de los que se alimentan las grandes corporaciones. Por otro lado, asegura una constante masa de personas dispuestas a trabajar bajo las condiciones que sean con tal de poder tener acceso a los productos que garantizan la felicidad. También se consigue mantener a la mayoría de la población en un estado de empobrecimiento intelectual y espiritual que sirve para que este mismo Poder no pueda verse amenazado. En definitiva, es un negocio redondo para los que están en posiciones privilegiadas que se lucran y se afianzan a cada día que pasa bajo este modelo de felicidad indolora que nos han impuesto.

Frente a todo esto, y en nuestra opinión, debe ponerse sobre la mesa que este concepto de felicidad está vacío y de nada sirve, puesto que no es posible la felicidad basada en lo material. No es posible porque esta felicidad necesita, para poder sustentarse, que dos tercios de la población mundial estén al borde de la muerte, no es posible porque mientras los seres humanos no entendamos que todos formamos parte de la misma historia jamás seremos plenamente felices, no es posible porque no se puede vivir bajo la amenaza constante del exterminio, no es posible porque vamos de cabeza a la destrucción del planeta que nos sustenta, no es posible porque no es un modelo válido para las próximas generaciones, no es posible porque excluye cualquier referencia a todo lo que no sea individualista y, por tanto, contrario al bien común.¿Somos felices sabiendo que a nuestro alrededor mil millones de personas mueren de hambre a causa de nuestra insaciable hambre de “felicidad”? ¿Somos felices sabiendo que no habrá un planeta en el que puedan vivir las próximas generaciones? ¿Somos felices sabiendo que millones de inocentes mueren a causa de las guerras organizadas exclusivamente para asegurar los recursos que permiten esta “felicidad”? Sinceramente, creo que no. Me niego a pensar que tener el último modelo de teléfono, cambiar de coche con regularidad o hacer un crucero por el Mediterráneo compensen estas realidades de muerte y destrucción de las que se sirven.

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miércoles, 29 de diciembre de 2010

LAS GRANDES CONSULTORAS Y LOS ENTRESIJOS DEL NEOLIBERALISMO

En una entrada anterior hablábamos de los bancos de inversión y su papel predominante en la economía global. Hoy queremos dirigir nuestra atención hacia otros actores de la economía que también ocupan altos escalafones. Nos referimos a las consultoras de carácter internacional que se dedican a asesorar a las altas direcciones de las principales empresas e instituciones de todo el mundo para lograr mejoras sustanciales y sostenidas.
Este tipo de empresas se centran en proyectos estratégicos y de organización, de expansión, de creación de nuevos negocios, así como proyectos funcionales en áreas de producción y logística, finanzas o tecnologías de la información tal y como se puede leer en la web de Mckinsey & Company que se autodefinen como la firma líder en su sector en el ámbito mundial.

Toda esta definición está muy bien, pero para que todos nos entendamos aquí va otra: este tipo de empresas multinacionales se dedican a las fusiones, privatizaciones de empresas públicas, salidas a bolsa, liquidaciones de plantillas y todo aquello que les pueda aportar a ellos y a sus clientes grandes beneficios económicos. Todas estas actuaciones les permite poner en marcha los planes diseñados junto a sus colaboradores necesarios: los bancos de inversión. Obviamente, en todas estas actuaciones es imprescindible la aportación de capital a las empresas y es ahí donde entran en escena los tiburones de las finanzas.

Vamos a seguir hablando de Mckinsey (aunque podríamos hablar de otras firmas como The Boston Consulting Group) como ejemplo paradigmático de este tipo de empresas.
Esta consultora trabaja globalmente con la práctica totalidad de las cien corporaciones industriales más grandes del mundo, imaginaos el tanto por cien de responsabilidad que tienen en las acciones de estas transnacionales. En España colabora con más de la mitad de las empresas del IBEX 35 (por supuesto las más grandes e importantes). Sólo por tratar de entender ese porcentaje de responsabilidad del que hablamos vamos a nombrar algunas actuaciones de esta empresa.


Empezaremos hablando del ámbito internacional.
- En Gran Bretaña existen investigaciones oficiales que dan cuenta de que el desplome de la empresa ferroviaria Railtrack, después de diversos accidentes, fue resultado de las recomendaciones de la consultora, que tras conseguir la privatización de la empresa sugirió reducir el gasto en mantenimiento de infraestructuras y el pago de dividendos a los inversionistas. Aquí ya observamos una táctica habitual de esta gente: reducir costes a cualquier precio (si son vidas humanas tampoco pasa nada) para poder repartir más beneficios entre los que ponen el dinero (recordemos lo dicho anteriormente sobre su alianza con los bancos de inversión).
- Hablemos de otro ámbito, en Estados Unidos han trabajado para las escuelas públicas (sí también trabajan para entidades públicas que les pagan con dinero de todos los contribuyentes) de Minneápolis. El resultado de su trabajo fue el recorte de gastos en la atención de la salud docente y la privatización de gran parte del sistema educativo. Así ofertan oportunidades a ávidos inversionistas que se lo agradecen generosamente y de paso se aseguran que la calidad de la educación quede relegada tras los beneficios, cosa que también les agrada tanto a políticos como empresarios. Contra menos educación reciba la gente más fácilmente se les puede manipular y utilizar.
Mención especial merece su aportación a la creación de una de las mayores estafas de la historia: Enron. Por supuesto, la consultora salió de rositas y con una importante suma de dinero por los servicios prestados.
- Otro tipo de actuación. En México se les considera los autores intelectuales del desmantelamiento de Pemex pasando de ser una empresa operadora a ser una administradora de contratos para las grandes petroleras amigas de Mckinsey. Además la consultora ha sido la encargada de realizar el Plan Estratégico Nacional del sector energético que regirá la política mexicana. El resultado es más que previsible: expolio de los recursos naturales por parte de multinacionales que se llevarán consigo los beneficios económicos.


Pasemos ahora a comentar algunas actuaciones en España donde la empresa lleva alrededor de 30 años operando.
- Ha participado en las privatizaciones de las grandes empresas como Telefónica (donde creó Terra), Repsol, Endesa... con un papel destacado contribuyendo a las deslocalizaciones.
- Trabaja activamente con los grandes bancos españoles desde que ayudara a privatizar los bancos de crédito público, sobre todo Argentaria que en ese momento era el tercer grupo financiero del país. Especialmente es reconocida su labor con el Santander.
- Que sepamos hasta 2008 (si no lo siguen haciendo todavía) trabajaba con las tres grandes operadoras de telefonía móvil de este país (Movistar, Vodafone, Orange) con lo que podemos hacernos una idea de la falsa libertad de precios que existe en este sector al igual que en tantos otros.
- En 2006 la entonces ministra de fomenta Magdalena Álvarez contrató a la consultora por valor de 600.000 euros anuales. Desde entonces han ido preparando el terreno para privatizar Renfe y Aena y, de paso, reduciendo las plantillas sin descanso.
- A parte de estar detrás de la privatización de Aena, últimamente se dedican a modelar la opinión pública para conseguir el copago en la sanidad como paso previo a su privatización. Además han intervenido decisivamente en la ley de Economía Sostenible propuesta por el Gobierno. Así que ya sabemos de dónde sacan esas ideas tan “geniales” (por lo menos parte de ellas) nuestro Gobierno.


En definitiva, con tan sólo este breve repaso de alguna obras de esta consultora podemos hacernos claramente una idea de lo que su trabajo significa: son una especie de ideólogos del libre mercado que trabajan siempre en beneficio de sus inversores y para ello no dudan en desmantelar cualquier Estado que se les ponga a tiro y en dejar en la estacada a millones de personas por todo el mundo quienes se ven privadas de su trabajo y su fuente de ingresos a la vez que tienen que empezar a pagar por todos los servicios que antes garantizaba el Estado. Esto es lo que está pasando alrededor del mundo y es gracias, entre otros, a empresas como Mckinsey & Co.


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miércoles, 15 de diciembre de 2010

ANTE NUESTRA APATÍA


Siguen pasando los días y se siguen sucediendo las decisiones políticas que nos acercan inexorablemente al fin del Estado del Bienestar tal y como ya dijimos anteriormente.
Aprovechando el acaparamiento mediático por parte de controladores aéreos y atletas, prácticamente han pasado desapercibidas una nueva batería de decisiones cuyo único propósito es el de favorecer a las elites económicas.
De nuevo, nuestro gobierno de falsos socialistas, se arrodilla ante el poder del dinero y acata sus deseos apretando un poco más la soga que rodea nuestros cuellos y que estos criminales que presiden las grandes corporaciones nos pusieron hace largo tiempo.

Vuelven a la carga en su proceso de privatización de entidades públicas. Esta vez, lo han hecho con una gran parte de AENA (posiblemente éste sea el origen de los decretazos del gobierno y la respuesta de los controladores) y de las Loterías y Apuestas del Estado a cambio de poco más de 15.000 millones de euros que, por supuesto, irán destinados a pagar esa famosa deuda que las propias elites financieras propiciaron y de la que ahora se siguen beneficiando. Esta privatización significa la renuncia al ingreso anual que daban estas entidades y que pasarán directamente a las arcas de la empresa privada. Esta falta de futuros ingresos llevará a un mayor recorte del gasto social y ambiental que es lo que al parecer es más prescindible en opinión de los "políticos democráticos". Este recorte se observa claramente en la decisión de eliminar la ayuda de 426 euros a los parados sin ninguna otra prestación y que inevitablemente condenará a miles de personas a la indigencia y a la beneficencia (muchas de las organizaciones que se dedican a ello se han convertido en el verdadero sistema de sustento para muchísimas familias españolas).
Uno podría pensar que el aumento de beneficios que el Gobierno facilita a las grandes corporaciones se podría ver compensado con la subida de impuestos a estas mega empresas y a los inmensos salarios que cobran sus directivos. Nada más lejos de la realidad, el único impuesto que sube es el del tabaco (recurso fácil para los políticos que se amparan en el beneficio para la sanidad pública, a pesar de que esta sanidad está cada día más abandonada y abocada a la privatización). Por contra, disminuyen los impuestos de las grandes empresas. Así, se amplía el régimen de libertad de amortización para inversiones nuevas, se las declara exentas del Impuesto sobre Operaciones Societarias, se elimina el pago a las Cámaras de comercio y se suprime la obligación de publicar sus actos en los medios de comunicación (¡esto sí que es transparencia!). Si a estas ventajas fiscales concedidas les añadimos las anteriores decisiones tomadas en torno a los impuestos sobre patrimonio, sociedades y las SICAV (sociedad de inversión de capital variable, que no son más que un método oficial y legal para evadir impuestos y divisas que tienen las elites económicas), no se puede pensar otra cosa que no sea que los verdaderos gobernantes no son los políticos si no los banqueros y grandes magnates. Para ponerle la guinda al pastel añadamos el nulo interés de los gobiernos por terminar de una vez por todas los paraísos fiscales y por grabar las grandes operaciones especulativas.

En España hemos pasado en pocos años de estar en la cresta de la ola a estar totalmente sometidos al yugo neoliberal. Con esta secuencia de acontecimientos es inevitable pensar, sólo hay que ver el paralelismo con otros países, si todo esto no forma parte de una estrategia de largo recorrido bien meditada y destinada a exprimir a una sociedad sin que ésta tenga conciencia de ello.

domingo, 5 de diciembre de 2010

TENEMOS LO QUE NOS MERECEMOS

A partir de ahora, todos esos grandes expertos en democracia que, día tras día, analizan la actualidad española desde los medios oficiales de comunicación ya pueden sentirse satisfechos, lo han conseguido: ya somos una democracia asentada y los ciudadanos nos comportamos como se espera en estos casos, es decir, como borregos.

Siempre se ha dicho que España era una democracia joven e inexperta que necesitaba que sus ciudadanos olvidaran tiempos pasados y trabajaran juntos para afianzar los logros democráticos.
Ahora, tras más de 30 años de un enorme trabajo por parte de la elite económica y sus gregarios políticos, han conseguido lo que todos los portavoces (periodistas de grandes medios) de estas elites reclamaban, una democracia madura y asentada. Pero, ¿qué significa eso de democracia madura?

Cualquiera podría pensar que un sistema democrático maduro es el estado ideal de una sociedad en el que la ciudadanía participa activamente en la toma de decisiones y en que, por supuesto, esas decisiones van todas encaminadas a garantizar todos los servicios que necesitan dichos ciudadanos para llevar una vida digna y encaminada a conseguir la felicidad personal y colectiva.
En la vida real, el significado de la expresión “democracia madura” es muy distinto.

En España, parece ser que hemos alcanzado esta madurez justo en el momento en que nuestro Gobierno se ha declarado abiertamente seguidor de los dictados del FMI y, por ende, de los postulados neoliberales (¡ojo! la máxima expresión de este sometimiento ha llegado con un supuesto gobierno socialista). A partir de ese instante, hemos demostrado nuestra madurez acatando una tras otra todas las decisiones políticas, que en el fondo y casi en la forma eran meramente decisiones económicas encaminadas a engrosar los beneficios de las grandes corporaciones, sin rechistar. A pesar de que estas decisiones son claramente contrarias a los intereses de los ciudadanos. Porque no nos engañemos, madurez democrática significa no inmiscuirse en las decisiones políticas (todo lo contrario de lo que parecía a priori).
En nuestro país, las entidades financieras se han repartido miles de millones de euros mientras aumenta el número de familias que viven al día, incluso por debajo del umbral de la pobreza y aquí no pasa nada porque nuestra democracia es muy sólida.
Los políticos recortan año tras año los presupuestos destinados a los servicios más básicos e importantes como la salud y la educación pero a nosotros no parece preocuparnos, ni siquiera cuando esos recortes lo que realmente significan es que poco a poco se están privatizando estos sectores y cada vez es más habitual el tener que pagar por servicios que no sólo deberían ser gratuitos si no que deberían ser intocables e impermeables a las especulaciones financieras y a los intereses empresariales.
En los últimos tiempos, se han caído las máscaras y el Gobierno ha puesto sobre la mesa una serie de medidas encaminadas a destruir cualquier atisbo de bienestar social amparándose en la vigente necesidad de reducir un déficit producido exclusivamente por el trasvase de dinero público a manos de las corporaciones privadas. Se nos ha dicho que si queremos tener una vejez mínimamente decente, debemos alargar nuestra vida laboral hasta los 67 años porque, de lo contrario, no nos garantizan una pensión (aunque hayas estado contribuyendo a las arcas del Estado los 50 años precedentes). Se nos quiere hacer creer que no hay dinero para seguir ayudando a todos aquellos que no tienen un empleo y que dependen de ese dinero para poder subsistir y, sin embargo, siguen manteniendo ayudas multimillonarias a entidades y personajes que nada tienen que ver con la democracia (las ayudas a los bancos mencionadas con anterioridad; los sueldos vitalicios de cualquiera que en un momento dado haya sido integrante de alguna de las cámaras del Estado independientemente de lo que hayan trabajado en ellas; el mantenimiento de tropas en el extranjero contribuyendo al mantenimiento de conflictos y guerras como en Afganistán, Líbano y demás; los continuos regalos de dinero a la iglesia católica y a otras iglesias más minoritarias en nuestro país; financiando deudas multimillonarias de entidades deportivas y radiotelevisiones públicas;...).

Y aquí estamos los ciudadanos demostrando nuestra “madurez democrática” tragando con esto y mucho más sin decir ni pío. A decir verdad, nuestros “maduros” sindicatos (podemos sustituir lo de maduros por serviles) convocaron una huelga general tardía con la intención de salvar su imagen ante su descontenta masa de afiliados. La huelga pasó y nada ha cambiado, más bien ha empeorado.
Pero lo que realmente ha sido una muestra de “madurez democrática” de la ciudadanía, ha sido la respuesta a la enésima huelga de los controladores aéreos. Nada de todo lo anteriormente dicho ha enfadado tanto a los ciudadanos como el hecho de perder un día o dos de vacaciones, esto si que ha jodido al personal hasta tal punto que el Gobierno ha decidido recompensar la “madurez democrática” de los ciudadanos con una medida digna de la “democracia” más grande del mundo: ha puesto al ejército al mando del control aéreo.
Resultado: todo el mundo contento porque nos han dado una solución rápida (o se trabaja o se va a la cárcel) y así ya podemos disfrutar de nuestras vacaciones.

Pues bien, al final de todo resulta que tener una “democracia madura” significa que el dinero debe ser para las grandes empresas y que si en algún momento surge cualquier impedimento para ello, pues se soluciona dando el mando a los militares y anulando los derechos y las libertades de las personas.

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domingo, 31 de octubre de 2010

EL NUEVO RUMBO MARCADO PARA EUROPA

Siempre hemos oído que Europa es el gran estandarte del humanismo y de los ideales sociales, el garante de los derechos humanos y de la igualdad entre las personas.
Sin embargo, el último siglo de la historia europea no deja lugar a dudas: la vieja Europa ha muerto. En concreto en los últimos cincuenta años (así dejamos de largo las atrocidades de las guerras mundiales). Observando el desarrollo de la construcción de la actual Unión Europea podemos ver de manera nítida cómo los ciudadanos han dejado de ser la prioridad fundamental quedando relegados a un segundo plano ante la incipiente pujanza del nuevo símbolo europeo: el capitalismo.

Tras la firma del Tratado de Roma en 1957 se creó la CEE (Comunidad Económica Europea) iniciándose una etapa de crecimiento económico a base de una intensa urbanización y el desmantelamiento del mundo rural tradicional. Este primer intento de creación de un ente supranacional lo formaron Francia, Alemania, Italia, Bélgica, Holanda y Luxemburgo.

Desde finales de los 70 los Estados Unidos, seguidos de Gran Bretaña, impulsaron un nuevo modelo de capitalismo mucho más salvaje y depredador que se ha venido a llamar neoliberalismo. Este nuevo modelo se basa en el predominio de sus mercados financieros, en el recorte del estado del bienestar hasta reducirlo a la mínima expresión, la supresión de todo lo que tiene que ver con derechos de los trabajadores y en la gestión de la deuda externa de los países del Sur a través de las instituciones internacionales.
Mientras tanto, la CEE sufre una fuerte recesión debida en gran medida a las crisis energéticas. Es entonces cuando las transnacionales europeas y las elites económicas exigen un giro neoliberal en la política del viejo continente.
Rápidamente la maquinaria política se pone a trabajar al dictado de la economía y en 1985 el Consejo Europeo aprueba el Acta Única, creando así un mercado único para mercancías, servicios, capitales y personas para 1993 (aunque esto último a día de hoy sigue siendo una absoluta patraña y si no que se lo pregunten a los gitanos del este que viven en Francia). Además, a partir de ese momento la denominación oficial pasa a ser Comunidad Europea (CE).

Todo esto supone un primer paso en el avance europeo hacia el neoliberalismo. Este camino sufrió un radical acelerón con la construcción del Tratado de Maastrich. Con la puesta en marcha del Tratado en 1993 se inicia la creación del euro, la moneda común europea. Se ponen los cimientos de la unión económica y monetaria.
Esto crea una nueva situación puesto que las principales divisas mundiales se sustentan en la confianza (sobre todo desde la desaparición del patrón de referencia: el oro) y ésta se basa en la fuerza del poder político y militar, por eso se crean tanto la política exterior y de seguridad, como la política interior y de justicia común.
Ese mismo año se decide ampliar la Unión Europea (así se pasó a denominar después de la firma de Maastrich) hacia el Este. Esta ampliación responde a los mismos criterios que utilizó Estados Unidos en la firma del NAFTA con México, a saber, incrementar el mercado, beneficiarse de una mano de obra cualificada y muy barata, apropiarse de todas aquellas empresas dignas de ser expoliadas y, por supuesto, de todos sus recursos. De paso se aseguraron de desactivar la posible amenaza que pudiera suponer a nivel militar y social. Obviamente, esta ampliación tiene su lado negativo debido a las diferencias económicas y culturales pero, sobre todo, a los fuertes vínculos que los países del Este habían establecido con EEUU tras el desmantelamiento soviético.

A estas alturas todavía quedaban visionarios que creían que la Unión Europea debía jugar un papel fundamental en la historia política y económica del futuro. Sin embargo, la mayoría de políticos tenían claro que el futuro (y el presente) de Europa pasaba por rendir pleitesía al gobierno de los Estados Unidos que poseían tanto el poder político (controlaban la ONU y hacían y deshacían a su antojo) como el poder militar (utilizando la OTAN como una extensión de sus fuerzas armadas) Esta visión práctica del papel a desempeñar por el viejo continente se impuso y en 2001 se elaboró la Constitución Europea.
Esta Constitución no es más que un acuerdo de mínimos para ahondar en la Europa del capital y poder, de esta manera, se responden satisfactoriamente las demandas de las corporaciones europeas en esta etapa histórica en que la aparición de nuevas potencias emergentes puede relegarles al furgón de cola de los beneficios económicos. Para asegurarse de que esto sea así dejan clara la ausencia de una estructura política de poder clara con lo que los grandes capitalistas ven el camino despejado para sus operaciones. No obstante, esta Constitución nace herida de muerte por dos razones fundamentales.
Por un lado, tenemos el creciente descontento popular por el rumbo netamente neoliberal que está tomando Europa. Esto se ve reflejado en el rechazo de franceses y holandeses expresado en las urnas en sus respectivos referendos (no como en España donde fue aprobada por la mayoría, la mayoría de los que fueron a votar se entiende).
Por otro lado, tenemos las continuas injerencias de la administración Bush (apoyados por sus lacayos ingleses) quien en defensa de las corporaciones norteamericanas realiza todo tipo de tretas para desequilibrar la creación de una Europa económicamente potente y por tanto competidora. Entre otros planes de desestabilización, Bush llevó a cabo el escudo de mísiles en Polonia y la República Checa, apoyó insistentemente la independencia de Kosovo y la creación de una gran Albania. Con todo esto pretendía enfrentar a Europa y Rusia (principal suministrador de recursos energéticos de la UE)

Con este panorama, en el año 2007 y en medio de un secretismo absoluto se acuerda en una conferencia intergubernamental el Tratado de Lisboa, además se establece que su aprobación se haga por vía parlamentaria evitando así a la ciudadanía. La nueva Europa será una unión de Estados en la que los ciudadanos no cuentan para nada.
La firma de este acuerdo supone la confirmación de que Europa pertenece al bloque occidental capitaneado por Estados Unidos y renuncia formalmente a ser un actor principal en la historia mundial dedicándose a acatar las órdenes del jefe norteamericano. Es por ello que en el Tratado se señala que la OTAN es el marco donde se organiza la defensa europea (por fin EEUU consigue aunar en solo grupo a los países de Europa del Este bajo su dominio político, económico y militar). Para reafirmar esta postura se designa a Catherine Ashton (declarada entusiasta de los Estados Unidos que no dudó en mostrar su apoyo a la invasión de Irak)como alta representante del Consejo de Europa para Relaciones Exteriores y vicepresidenta de la Comisión Europea.
Con este Tratado se establecen las bases para la total privatización de la sanidad, la educación, el agua y el sistema público de pensiones dejando las riendas a la lógica de los mercados (que ya hemos visto a donde nos ha llevado)
También se establece que las políticas sociales y fiscales queden al libre albedrío de cada Estado para poder satisfacer las demandas internas de cada país con lo que una vez más la política comunitaria es de todo menos común. Con esto se beneficia a los verdaderamente dueños de la UE: Francia y Alemania. Estos países pretenden repartirse el pastel europeo. Para Francia queda todo el flanco sur europeo con la creación de la Unión Mediterránea (que controla la inmigración y el acceso a los recursos naturales de nuestros vecinos del Sur), y para Alemania todo el Este de Europa y sus riquezas.
Otro punto importante del Tratado de Lisboa es que por primera vez la energía se comunitariza (curiosamente casi nada lo hace pero como los países europeos van justos de recursos y en el Este van más sobrados pues... esto sí que pasa a ser legislado por “Europa”).

La verdadera razón del Tratado es mantener en funcionamiento el modelo económico basado en el crecimiento sin límites alimentado por el consumo de energía y por la expansión descomunal del crédito, por eso en el Tratado se refuerza sobre manera la posición del Banco Central Europeo que es totalmente autónomo y no responde ante ningún gobierno.

En definitiva, el Tratado de Lisboa es la culminación de 50 años en los que Europa ha pasado de ser la tierra de los ciudadanos para convertirse en la tierra de las grandes corporaciones y los paraísos fiscales.
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lunes, 27 de septiembre de 2010

MIS MOTIVOS PARA LA HUELGA

Hay gente que sigue meditando acerca de la necesidad de una huelga general, no acaban de ver ningún problema sustancial en nuestra situación actual por el que valga la pena movilizarse y protestar. Muchas personas estiman que las medidas tomadas por el Gobierno son necesarias (la única duda que se plantean es si no habrán llegado demasiado tarde) tal vez por la incapacidad de ver más allá de las acciones de los políticos.
Solamente, tal y como dicen los sindicatos mayoritarios de este país, el recorte en los salarios de los empleados públicos, en las pensiones y en los derechos de los trabajadores con el abaratamiento del despido (porque eso es lo que es, digan lo que digan) sería suficiente motivo para una protesta masiva por parte de todos.

Sin embargo, y a pesar de que esos mismos sindicatos no digan nada al respecto, todo esto no es más que la punta del iceberg que se nos viene encima y que acabará por sumirnos en un estado demencial en el que la vida de los seres humanos no tendrá ningún valor. Para todos aquellos que crean que esto es exagerado, sólo tienen que reflexionar un momento sobre el valor que este sistema que nos imponen le da a la vida humana en la gran mayoría del planeta.
Esta huelga es algo más que disconformidad con unas decisiones gubernamentales, debe ser la expresión de un rechazo unánime contra un sistema capitalista que exprime hasta el último aliento a las personas para luego condenarlas a una vida de miseria y a una muerte lenta y dolorosa.
Esta huelga es contra todos aquellos tiranos que, al frente de sus grandes empresas, sólo sienten la preocupación de haber ganado un 5% menos de lo esperado sin tener ningún reparo en matar de hambre a millones de personas. Es contra todos aquellos banqueros sin escrúpulos que arruinan a millones de trabajadores del llamado primer mundo y luego dedican sus beneficios a la fabricación de armas para poder aniquilar al resto del planeta. Es contra aquellos políticos que nunca han sabido lo que significa ejercer esa profesión y sólo se han dedicado a arrimarse al árbol que mas sombra les ha hecho y, por supuesto, más dinero les ha ofrecido. Es contra todos aquellos periodistas que desconocen el valor del verbo informar y han optado por servir al poder repitiendo una y otra vez su mensaje hasta conseguir convertirlo en dogma de fe. Es contra todas aquellas instituciones que nacieron con el propósito de servir a la humanidad y acabaron confundiendo los términos y se dedican a servir al capital haciéndonos creer que eso es precisamente lo que la humanidad necesita. Es contra todos aquellos que creen que la verdadera razón reside en la fuerza y se dedican a imponer su verdad con las armas alrededor del mundo, sembrando muerte y desesperanza allá por donde pasan.
Pero, sobre todo, es contra nosotros mismos. Contra nuestra apatía y nuestra pasividad ante todo lo que sucede a nuestro alrededor. Contra nuestra manera cobarde de no afrontar la verdad y refugiarnos en un mundo de fantasía que nos han fabricado para ese propósito. Es contra todos los que pensamos que tenemos suerte de vivir tan bien como vivimos, contra todos los que no hemos aprendido nada de la historia, contra todos los que nos sentimos satisfechos pagando cuotas a cambio de caridad, en definitiva, contra todos los que sabemos que el mundo no camina en la dirección correcta y seguimos día a día viendo el televisor idiotizándonos un poco más a cada momento.

Esta huelga debería ser el principio de una nueva manera de pensar y actuar, debería servir para dejar de lado el miedo a perder la vida que llevamos porque esta vida no nos pertenece a nosotros sino que pertenece a ese sistema que tan bien nos la ha diseñado.
Porque este momento es el de la rebelión, el de decir que hasta aquí hemos llegado y que con nosotros no cuenten. Así que desde aquí les digo a los señores financieros, políticos, directivos, militares, medios de desinformación y demás piezas del sistema que hasta aquí hemos llegado, yo me apeo y, desde ya, no pienso permanecer callado y sumiso, no voy a seguir su juego y no voy a dejar de protestar hasta que su criminal sistema capitalista desaparezca.
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martes, 7 de septiembre de 2010

A VUELTAS CON LA EDUCACIÓN

Ante la inminencia del inicio del nuevo curso escolar, los medios de comunicación han iniciado su bombardeo anual sobre la vuelta al cole. Docenas de reportajes sobre el coste que les supone a los esforzados padres el retorno escolar y lo especialmente doloroso que va a ser este año con la crisis económica que todo lo envuelve. Después llegarán las consabidas noticias con imágenes de niños llorando ante su primer día escolar o, por el contrario, las inocentes sonrisas de aquellos que están encantados de reencontrarse con sus amigos.
Sin embargo, comienza el curso y no parece que nadie hable de la importancia de la educación y de lo poco valorado que está este ámbito en España. Periódicamente, nos alertamos ante la publicación de los resultados de estudios a nivel europeo que dejan a la educación española a la altura del betún y en los que se evidencia que el único liderazgo que ostentamos en materia educativa es el del abandono y fracaso escolar.

Vaya por delante que, obviamente, lo referido en este post es una generalización y ya se sabe que generalizar no es bueno, pero en este caso creo que se acerca bastante a la realidad del asunto.
En la sociedad de consumo, la educación ha pasado a ser un concepto referido al paso de los niños por la escuela, como si sólo en esa época y en ese lugar fuera donde una persona debe educarse. Cuando se habla de educación parece que nos olvidamos de la familia, los amigos, los vecinos, los medios de comunicación,... Todo se centra en el bajo rendimiento académico de los niños en la escuela. Sigamos la corriente y centrémonos en eso.
Todavía nos sorprende lo que consideramos una mala calidad del sistema educativo e incluso, nos llega a irritar que nos consideren de los más “burros” de Europa. Sin embargo, en la dinámica capitalista en la que nos encontramos los resultados obtenidos son los esperados. En la sociedad actual no se necesitan pensadores críticos ni pensadores socialmente concienciados, sino que lo que interesa son los cerebros sumisos y las personalidades egocéntricas que encajan perfectamente en el engranaje social en el que vivimos. El resultado óptimo para una sociedad de consumo es una inmensa mayoría de jóvenes apenas formados que pasarán a ser la fuerza de producción cuando sea necesario pudiendo contribuir así al desarrollo del capitalismo (y cuando no lo sea como ahora, pasarán a ser un número más en las listas de desempleo y formaran parte de los excluidos por el sistema); otro gran grupo aunque menos numerosos que el anterior deberán integrarlo jóvenes con una formación técnica que les permita alcanzar un nivel óptimo de remuneración para poder integrarse de pleno derecho en la sociedad (acceder a préstamos e hipotecas para seguir engrasando la maquinaria capitalista) y, finalmente, un pequeño grupo de elegidos que formaran parte de la élite social. Esto es lo que el sistema actual requiere y, por tanto, es lo que obtiene.

Nuestra clase política se encarga año tras año de apuntalar este sistema mediante diferentes tácticas. Por un lado, los recursos económicos y humanos destinados a la educación pública disminuyen sin ningún rubor a cada curso que pasa fomentando el empobrecimiento de instalaciones y la desmoralización de los educadores. Por otro lado, el constante ir y venir de las leyes educativas (aunque sin lugar a dudas, todas ellas se encaminan a la consecución de los objetivos arriba comentados) en función de quien domine el arco parlamentario colabora a un total estancamiento del sistema educativo, ¿cómo emprender iniciativas a largo plazo si cada pocos años cambia el marco legislativo? Otro factor importante es la dedicación exclusiva que el capitalismo exige a los padres hacia su trabajo, así es muy difícil tener tiempo y fuerzas para dedicarse a sus hijos. En cambio, es mucho más fácil pasar la responsabilidad a otros manteniéndolos ocupados con actividades extraescolares (si el bolsillo lo permite) o dejarles vía libre para que hagan lo que quieran con su tiempo.

A este cóctel debemos añadir el toque que aportan los medios de comunicación con los modelos de éxito que presentan a la juventud (por supuesto, ninguno de ellos basado en una buena educación y unos valores solidarios). Con todo esto tenemos servido el resultado final.

Por desgracia, todo este sistema de educación no es más que otro peldaño en la ascensión hacia la destrucción de una sociedad del bienestar. Se deteriora la educación tanto como el resto de servicios públicos (sanidad, justicia,...) para poder llegar a la panacea capitalista: el que quiera algo que lo pague y si no puede que se joda.
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