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miércoles, 15 de diciembre de 2010

ANTE NUESTRA APATÍA


Siguen pasando los días y se siguen sucediendo las decisiones políticas que nos acercan inexorablemente al fin del Estado del Bienestar tal y como ya dijimos anteriormente.
Aprovechando el acaparamiento mediático por parte de controladores aéreos y atletas, prácticamente han pasado desapercibidas una nueva batería de decisiones cuyo único propósito es el de favorecer a las elites económicas.
De nuevo, nuestro gobierno de falsos socialistas, se arrodilla ante el poder del dinero y acata sus deseos apretando un poco más la soga que rodea nuestros cuellos y que estos criminales que presiden las grandes corporaciones nos pusieron hace largo tiempo.

Vuelven a la carga en su proceso de privatización de entidades públicas. Esta vez, lo han hecho con una gran parte de AENA (posiblemente éste sea el origen de los decretazos del gobierno y la respuesta de los controladores) y de las Loterías y Apuestas del Estado a cambio de poco más de 15.000 millones de euros que, por supuesto, irán destinados a pagar esa famosa deuda que las propias elites financieras propiciaron y de la que ahora se siguen beneficiando. Esta privatización significa la renuncia al ingreso anual que daban estas entidades y que pasarán directamente a las arcas de la empresa privada. Esta falta de futuros ingresos llevará a un mayor recorte del gasto social y ambiental que es lo que al parecer es más prescindible en opinión de los "políticos democráticos". Este recorte se observa claramente en la decisión de eliminar la ayuda de 426 euros a los parados sin ninguna otra prestación y que inevitablemente condenará a miles de personas a la indigencia y a la beneficencia (muchas de las organizaciones que se dedican a ello se han convertido en el verdadero sistema de sustento para muchísimas familias españolas).
Uno podría pensar que el aumento de beneficios que el Gobierno facilita a las grandes corporaciones se podría ver compensado con la subida de impuestos a estas mega empresas y a los inmensos salarios que cobran sus directivos. Nada más lejos de la realidad, el único impuesto que sube es el del tabaco (recurso fácil para los políticos que se amparan en el beneficio para la sanidad pública, a pesar de que esta sanidad está cada día más abandonada y abocada a la privatización). Por contra, disminuyen los impuestos de las grandes empresas. Así, se amplía el régimen de libertad de amortización para inversiones nuevas, se las declara exentas del Impuesto sobre Operaciones Societarias, se elimina el pago a las Cámaras de comercio y se suprime la obligación de publicar sus actos en los medios de comunicación (¡esto sí que es transparencia!). Si a estas ventajas fiscales concedidas les añadimos las anteriores decisiones tomadas en torno a los impuestos sobre patrimonio, sociedades y las SICAV (sociedad de inversión de capital variable, que no son más que un método oficial y legal para evadir impuestos y divisas que tienen las elites económicas), no se puede pensar otra cosa que no sea que los verdaderos gobernantes no son los políticos si no los banqueros y grandes magnates. Para ponerle la guinda al pastel añadamos el nulo interés de los gobiernos por terminar de una vez por todas los paraísos fiscales y por grabar las grandes operaciones especulativas.

En España hemos pasado en pocos años de estar en la cresta de la ola a estar totalmente sometidos al yugo neoliberal. Con esta secuencia de acontecimientos es inevitable pensar, sólo hay que ver el paralelismo con otros países, si todo esto no forma parte de una estrategia de largo recorrido bien meditada y destinada a exprimir a una sociedad sin que ésta tenga conciencia de ello.

miércoles, 30 de junio de 2010

FMI: El fin del estado del bienestar


Ahora que han decidido dar las riendas del mundo económico al FMI. Tal vez sea el momento de recordar qué es y a qué se dedica esta institución.


El Fondo Monetario Internacional nació de los acuerdos de Breton Woods tras la II Guerra Mundial con el objetivo de crear un fondo de ayuda a los países participantes. Para ello propusieron facilitar la expansión y el crecimiento equilibrado del comercio internacional, impulsando la cooperación entre países y fomentando la estabilidad cambiaria. Qué bonito sonaba entonces cuando todos se las prometían muy felices. Sin embargo, el resultado hasta la fecha ha sido absolutamente devastador. Sólo con mirar el resultado de las actuaciones del FMI en países africanos (millones de personas muriendo literalmente de hambre), latinoamericanos (que se lo pregunten a Argentina o Bolivia por ejemplo) y asiáticos, sin olvidarnos de algunas naciones de Europa oriental (Lituania aún no ha levantado cabeza) para darse cuenta de que esto no es lo que prometieron.


Rápidamente el FMI se convirtió en lo que es hoy en día: un potente instrumento de la dominación mundial de los Estados Unidos y, en consecuencia, de sus multinacionales y entidades financieras. La razón es muy sencilla, las decisiones en este organismo se realizan a través de votaciones de sus estados miembros (182 en total) y la cantidad de votos que cada país tiene va en función de su capacidad económica y sus aportaciones al fondo. ¿Parece lógico verdad? Siguiendo estos criterios EEUU tiene el 16.4% de los votos, países como Francia e Inglaterra poseen el 4.85% y España el 1.38% (esto representa nuestro poder real en la toma de decisiones en el organismo que regula el mundo económicamente hablando). Pero, ¿dónde está la trampa? Bien, cualquier decisión necesita un mínimo del 85% de los votos para ser aceptada esto implica que es imposible tomar una decisión sin los Estados Unidos. De ahí que lo que ellos dicen es lo que se hace.


La manera de actuar del FMI es a través de sus programas de ajuste, diseñados para lograr los objetivos arriba mencionados, no obstante, en los últimos cuarenta años la única cosa que han logrado (realmente es la única que querían lograr) es que los países del Sur sean solventes para seguir pagando su deuda externa y se vayan creando las condiciones adecuadas para que las grandes corporaciones los colonicen y expriman a sus anchas.

¿Cómo lo hacen?
Acuden al rescate de los países pobres con grandes sumas de dinero que ponen a su disposición a cambio de seguir unas normas que ellos estiman adecuadas para convertirlos en países prósperos. Podemos resumir esas normas de la siguiente manera:

- Saneamiento del gasto público. Esto es muy fácil de conseguir, basta con reducir a la mínima expresión el gasto social total gracias al FMI no lo van a necesitar porque les va a hacer ricos.
- Eliminación de subsidios productivos y reducción de aranceles. Esto es: no se puede subvencionar la producción autóctona (igualito que los EEUU o la UE) y no se debe gravar la importación. La consecuencia directa es la eliminación total de la economía local porque no puede competir con la extranjera.
- Aumentar la presión fiscal. Tan sencillo como crear nuevos impuestos. La lógica es simple: como van a ser ricos tendrán que contribuir más.
- Eliminación de barreras cambiarias. Así podemos sacar todas las divisas del país sin mayores problemas.
- Estructura de libre mercado. Del libre mercado mejor ni hablamos, ya sabemos como acaba: monopolio total por parte de las multinacionales.
- Desregulación del mercado de trabajo. Adiós a los derechos laborales, adiós al sindicalismo, adiós al empleo estable y de calidad.

Con todo esto se consigue que los países intervenidos por el Fondo Monetario Internacional se conviertan proveedores de mano de obra y materias primas a precio de ganga. Pero ahora que parece que ya han exprimido a los más pobres su insaciable sed de beneficios les lleva a la vieja Europa. Así que ya podemos estar preparados para lo que se nos viene encima si no empezamos a movernos. Podemos ir despidiéndonos del estado del bienestar y todo lo que ello significa.