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jueves, 29 de julio de 2010

UNA VERDADERA BANCA PÚBLICA

Seguimos viendo día tras día el incesante goteo de noticias sobre el sistema bancario y la crisis financiera. Lo último ha sido la publicación de los resultados de los “test de esfuerzo” realizados a las entidades bancarias europeas para ver la realidad del estado de sus cuentas y su capacidad de aguante ante la persistencia de la crisis. Lo cierto es que parece más una exposición pública de méritos para buscar posibles compradores que otra cosa ...en fin.
La verdad es que continuamos empeñados en demostrar que el sistema bancario es de fiar. Si es que parecemos imbéciles, nos roban, nos estafan, nos manipulan aprovechándose de nuestra ingenuidad y encima les lamemos el culo dándoles miles de millones para que sigan beneficiándose a nuestra costa.

Ahora más que nunca, ha llegado el momento de optar por otras vías. Debemos deshacernos de las cadenas que la banca privada nos pone a diario alrededor del cuello y optar por un sistema más racional y coherente: la banca pública.

Cuando hablamos de banca pública no nos referimos al modelo de Cajas de Ahorro español, va mucho más allá (no queremos este sistema de “banca pública” que sólo sirve para financiar partidos y pelotazos urbanísticos). Nos referimos a una banca creada por la administración pública con, por ejemplo, los miles de millones que han dedicado al rescate de los bancos con el objetivo de facilitar que el crédito fluyera hacia las empresas y los ciudadanos, consiguiendo únicamente engrosar las cuentas de resultados y los bolsillos de los accionistas.
A este capital debería añadirse la gestión de los impuestos y tasas estatales que aseguren el flujo continuo de dinero.
A este monto se le añadiría todo el dinero que fluye del Estado a través de subvenciones, nóminas, pensiones diversas...
Todo esto supone un capital más que considerable para iniciar el proyecto de una banca al servicio de la ciudadanía y no al revés, como viene sucediendo hasta la fecha.

Por supuesto, este tipo de banca tendrá prohibido trabajar como los bancos privados. Obviamente, quedan excluidas las prácticas de usura que practican todos los bancos privados de manera habitual. Por un lado, quedarían totalmente prohibidas las inversiones especulativas de cualquier tipo que nos han conducido a la actual crisis económica. Por otro lado, debería realizar la mayoría de sus inversiones en actividades desarrolladas dentro del propio Estado.
Desparecerían esas “extorsiones bancarias legales” que nos hacen pagar cinco veces más el dinero que nos han prestado. Durante muchos años los tipos de interés de préstamos e hipotecas han estrangulado a millones de familias que se han visto abocados a trabajar para sobrevivir. Necesitamos un sistema bancario que sirva para facilitar el progreso en el bienestar de los ciudadanos y no que sea una especie de carcelero en un centro de reclusión abierto llamado sociedad. De esta manera la banca pública se convertiría en el verdadero motor de la política económica, no teniendo que estar siempre supeditada a las órdenes de los mercados financieros.

En definitiva, la creación de una Banca Pública ayudaría notablemente a superar la crisis económica actual de forma justa y eficiente. También serviría para canalizar el dinero hacia la inversión productiva (en lugar de la inversión especulativa) y, sobre todo, podría facilitar la recuperación del poder económico y democrático de los ciudadanos.
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miércoles, 21 de julio de 2010

ESTE SISTEMA NO FUNCIONA

Cada día asistimos al teatro político que nos ofrecen sin descanso los medios de comunicación. Guerras de acusaciones cruzadas acerca de la honestidad de unos y otros que nos harían partirnos de risa si no fuera por el asco que produce verlos mentir tan impunemente cuando todos afirman que ellos son los buenos y los otros no.
Se producen interminables debates sin contenido alguno en los que parece que les va la vida cuando defienden heroicamente sus posiciones como si éstas no fueran las mismas para todos ellos. La única posición que defiende la clase política dominante es la que tienen ellos en su despacho o sentados en su escaño. Por esa posición es por la única que se pelea, su único objetivo es ganar elecciones o, por lo menos, no perderlas y poder seguir aferrados al espejismo de poder que les sustenta. A partir de ahí, saben bien que su único trabajo es defender este sistema basado en el capital en el que cualquier otra consideración está de más. Piensan que mientras actúen así, tienen su vida y la de los suyos cómodamente resuelta, tienen asegurado un buen retiro político con sueldos de por vida y un despacho en alguna multinacional como vemos que sucede tan a menudo.

Nuestra sociedad, al igual que muchas otras en el mundo, padece gravísimos problemas que requieren de una intervención estatal rápida y eficaz. Sin embargo, las acciones del gobierno y sus secuaces de la oposición siempre se dirigen hacia el mismo lugar: los señores del capital.

Vivimos en unos momentos en que, debido a la inmersión total en el salvaje sistema capitalista que nos ha llevado a consumir hasta la muerte alentados por las élites y sus esbirros de los medios de desinformación masiva, estamos pagando con creces nuestra insolencia y necedad. La gente pierde sus viviendas y sus empleos a una velocidad vertiginosa por no poder pagar las deudas contraídas en los años en lo que todo parecía llovido del cielo. Los políticos dicen que van a trabajar para mejorar esta situación porque es inadmisible (como si esto no fuera su obligación ahora y siempre). Después de un largo tiempo trabajando en el tema, según ellos, han encontrado la solución: han entregado miles de millones al sistema bancario (ese mismo sistema que con sus prácticas usureras y explotadoras nos ha llevado hasta aquí) amén de realizar una reforma laboral y de poner en marcha un plan de recorte del gasto público para que nos vayamos enterando de quién manda aquí y de cómo se las gasta.

Recapitulando, la gente pierde sus hogares por no poder pagar a los bancos y nuestros políticos les dan nuestro dinero por si acaso, sin exigencias de ningún tipo, vamos lo que llamamos por la cara. Si lo que querían era inyectar dinero al sistema financiero, que nos lo hubieran dado a nosotros y, gustosamente, hubiéramos liquidado nuestras hipotecas y préstamos abusivos dándoles así todo ese dinero. Obviamente, nuestros políticos hubieran desaparecido del mapa si le hacen esa putada a los banqueros y claro así ya no se puede chupar del bote tranquilamente. Por contra, para los ciudadanos nos reservan los bancos de las calles y plazas para que podamos instalarnos con nuestras familias. Ahora entendemos tanta obra de remodelación callejera en los últimos tiempos, lo han hecho por nosotros, para que nos sintamos más cómodos.

Sigamos recapitulando. El nivel de desempleo se dispara gracias a la avaricia empresarial (no voy ni a molestarme en recordaros la clase de delincuente que está al frente de la patronal española) y la solución de los políticos es abaratar el despido y ahorrarles dinero a los empresarios (como si les hiciera falta eso teniendo la aprobación de antemano de cualquier ERE que presenten). Por si esto fuera poco, recortan los salarios del funcionariado y congelan las pensiones. Ya sólo queda esperar el día en que se nos exija el sacrificio de algún pariente para poder vivir de manera digna.
Estas son las magníficas ideas que el Gobierno y la oposición han aprobado por el bien del país.
No sé de qué país me hablan. El que yo veo día a día despilfarra dinero en eventos deportivos, en reuniones internacionales, en coches oficiales, en duplicidad de sueldos para los cargos electos, en subvenciones a la banca, al sector del automóvil, al inmobiliario, al armamentístico, al religioso,... Mientras tanto, aumenta el número de familias que pierden todo por lo que han luchado a lo largo de sus vidas. Para la mayoría de los que se mantienen a flote no hay reservadas alegrías: subida de precios generalizadas (electricidad, gas, agua, gasolina, IVA,...), bajada igual de generalizada en la calidad de los alimentos y la ropa que les permite consumir sus precarios ingresos, un sistema de salud que hace aguas por todas partes ante la masiva privatización de los recursos disponibles tanto humanos como materiales, un sistema educativo en absoluta decadencia en el que se da por asumido el bajo nivel obtenido y el lamentable estado de las infraestructuras, sobre todo en la escuela pública.

La cuenta podría seguir hasta el infinito pero tengo bastante con esto. Sólo quiero dejar claro que esto no es una cuestión de partidos políticos sino de sistemas políticos, y en cuanto a eso, salta a la vista que la “democracia capitalista” y el bipartidismo en el que vivimos hace aguas por todas partes.

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lunes, 12 de julio de 2010

LORCA: Réquiem por las Cajas de Ahorros

El Gobierno español ha conseguido finalmente la cuadratura del círculo con un nuevo paso en la implementación de las teorías económicas neoliberales en España. El camino ha sido difícil pero ya podemos considerarnos como los mejores vasallos del poder financiero que domina los designios del mundo.

Tras las multimillonarias ayudas al sector bancario (curioso este tema: por un lado necesitan miles de millones de dinero público y, por otro lado, resulta que son los bancos más sólidos de Europa), la reforma laboral que socava los derechos de los trabajadores, el recorte de salarios en las administraciones públicos, la congelación de las pensiones y el fondo de 13.500 millones para las cajas de ahorros; ahora lanza el ataque final y aprueba la reforma de la LORCA (Ley de Órganos Rectores de Cajas de Ahorros).
El presidente “socialista” (con lo de socialista se referirán a sociedades anónimas por que si no, no se entiende) ha manifestado que es la reforma más importante del sistema bancario español de la historia (es curioso que dicha reforma sólo se centre en las cajas de ahorro que apenas conforman la mitad de ese sistema) y que cuenta con el apoyo de la oposición. Hay que ver, lo mal que se llevan socialistas y populares y lo poco que les cuesta ponerse de acuerdo sobre temas económicos. No hay nada como tener a las instituciones internacionales dictando las políticas a seguir para conseguir el consenso entre “enemigos políticos”.

Bueno, vayamos al grano de por qué la reforma de la LORCA nos lleva hacia la desaparición del sistema de cajas de ahorro.
Las cajas de ahorro son, en teoría, entidades sin ánimo de lucro. Por ley deben dedicar un mínimo del 50% de sus beneficios a un fondo para asegurar su solvencia y el resto a Obra Social. Normalmente, se destina entre el 60% y el 70% a dicho fondo. Huelga decir que al no tener dividendos que repartir no hay accionistas privados ni cotizan en bolsa.

Tras la reforma se establecen una serie de cuestiones encaminadas, se mire por donde se mire, a privatizar a las cajas y convertirlas en bancos comerciales al uso:

Permite emitir cuotas participativas, es decir, acciones como en las sociedades anónimas, por un valor no superior al 50% del patrimonio de la entidad.
Establece la incompatibilidad de los cargos públicos electos para ser miembros de los órganos de dirección y se impide la participación de representantes de la administración ejecutiva en los órganos de gobierno de las entidades.
Las entidades podrán ejercer su actividad indirectamente a través de un banco y podrán optar por traspasarle el patrimonio sujeto a la actividad financiera, así como transformarse en una fundación renunciando a su condición de caja.

Esta reforma nos lleva hacia el siguiente panorama, gracias a la política económica neoliberal del gobierno:
Con los miles de millones de dinero público inyectados en sus cuentas, bancos como el Santander o el BBVA podrán apoderarse de las cajas de ahorro y, de paso, de los miles de millones de dinero público que obtuvieron a través del FROB (Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria). O sea, un negocio redondo que no les va a costar un céntimo. Lógicamente, al convertirse en accionistas no les queda otra que apartar a los políticos de los órganos de decisión de las cajas para que se puedan sentar los banqueros (toma premio gordo para los culpables de las crisis financieras, en lugar de castigarles les encumbramos). También es obvio que si emiten acciones la mayor parte saldrán del capital que hasta ahora se dedica a Obra Social, puesto que deben seguir invirtiendo un mínimo del 50% de beneficios en el fondo de solvencia.
Una vez todo esto suceda, el siguiente paso es que las cajas cedan su capital a los bancos y acaben convirtiéndose en fundaciones que gestionen la escasa Obra Social que quede, con lo que en pocos años el sistema de cajas de ahorro habrá desaparecido y su Obra Social también. Como no esperamos que ni los bancos ni el gobierno asuman ese gasto social podemos concluir que una gran mayoría de proyectos sociales serán cancelados para siempre, dando otro paso de gigante hacia el fin del estado del bienestar y la privatización de todo servicio público.

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