domingo, 21 de febrero de 2021

ARRAIGAR PARA CRECER



“Si no nos cuidamos nosotros, ellos no lo van a hacer”

Esta frase con algunas ligeras modificaciones llevo ya un tiempo oyéndola (bastante largo, demasiado) en los pocos espacios que todavía se pueden compartir.

Yo, demasiado ingenuamente me temo, me vuelvo a ilusionar pensando en que esta vez sí, esta vez ha llegado la hora de la autoorganización, del reconocimiento entre iguales frente a jerarcas de todo tipo. En definitiva, de la solidaridad y el apoyo mutuo.

Sin embargo, de manera casi inmediata, algo se dispara y saltan las alarmas. Los viejos temores, las experiencias vividas y sus posteriores reflexiones y aprendizajes vuelven a primera línea.

¿Quiénes son ellos? Y más importante todavía ¿Nosotros?

Me es fácil imaginar que el ellos se refiere a los políticos. No sé si a todos o cada uno anda pensando en los que no son de su cuerda. Quisiera equivocarme.  Aun así tengo claro quiénes son ellos para mí y va más allá de cuatro títeres políticos. Pero lo que me preocupa, sobre todo, es el nosotros. Porque tengo la sensación que ese nosotros deja fuera a muchísima gente. De hecho, dudo que ese nosotros vaya más allá de un pequeño círculo al que consideramos como nuestros iguales. Ya no queda un nosotros colectivo, ese tiempo pasó. En la actualidad vivimos dispersos, en todos los sentidos. Pasamos por la vida con un programa de mínimos, simplemente vivir sin que nos molesten ni ser molestados. Lo han conseguido, creemos que esta máxima es posible cuando la realidad es que este objetivo aspiracional no es nada más que convertirse en una perfecta pieza del engranaje que te atrapa mientras crees vivir una vida plena. Andamos desorientados y desarraigados, literalmente hablando. Vivimos simplificando, mostrando indiferencia y surfeando un eterno presente con una manera de hacer que oscila entre el egoísmo capitalista que nos empuja a pasar por encima de todos y la inmersión en el primer fenómeno de masas que se nos cruza por delante.

¿Es posible un nosotros en estas condiciones? ¿Es acaso deseable?

No lo sé, no tengo repuesta. Pero lo que sí sé es la necesidad de arraigar. Arraigar en el sentido de vincularse a otros, de establecer relaciones fuera de paradigmas mercantiles y de interés. Construir un nosotros por el mero hecho de reconocernos como iguales y saber que eso es un buen punto de partida. No es fácil en este mundo de apariencias en el que hemos crecido pero dejar las máscaras sociales atrás también es necesario. Sólo así es posible dejar de ver todo lo que se mueve en los márgenes como algo socialmente reprochable o directamente, criminal. En los márgenes es donde existe la posibilidad de arraigar, a partir de ahí tenemos la posibilidad de crecer.

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