viernes, 16 de diciembre de 2011

¿DESMANTELANDO EL ESTADO?

Recortes, supresiones, reducciones, ajustes y demás vocablos están presentes a todas horas desde el inicio de esta crisis. A todas horas se encargan los medios de propaganda oficial de recordarnos cómo el Estado se desmorona debido al enorme agujero que debe tapar en las cuentas públicas. Sin embargo, en ninguno de estos medios aparece un pequeño matiz que cambia totalmente el significado de estas expresiones. Lo que se viene abajo no es el Estado sino las prestaciones que hasta hace poco venía ofreciendo a la ciudadanía, por el contrario, éste está más fuerte que nunca.

Hay varios datos que demuestran la fortaleza estatal en estos tiempos en los que las personas vivimos con la soga al cuello. Estos datos vienen a demostrar cuál es la verdadera naturaleza del Estado y a qué cuestiones jamás renunciará.

Primero tenemos el consabido gasto militar (no debemos olvidar que el ejército es la entidad fundamental del Estado sea cual sea el momento histórico). En este país poco importa la crisis cuando se trata de tener contentos a nuestros militares. Sistemáticamente, el gasto militar va incrementándose año tras año (a pesar de que intentan disimularlo con una mínima bajada del presupuesto de “defensa” que compensan con creces a través de partidas desperdigadas por diversos ministerios como el de Industria). El pasado año, en plena crisis económica y con los recortes sociales y reformas laborales ahogando al pueblo, el Estado gastó más de 18.000 millones de euros en este apartado, 3.000 millones de euros más que en 2004 cuando estábamos en pleno auge económico. Además el mal llamado Ministerio de Defensa acumula una deuda de más de 30.000 millones de euros a causa de sus continuas inversiones en programas militares. Por supuesto, esta deuda será saldada a costa del pueblo.

Segundo, el ejército de ocupación interior. En la actualidad, los diferentes cuerpos de policía suman un total de unos 300.000 efectivos que como hemos visto últimamente, están perfectamente armados y adiestrados para atacar a la ciudadanía. Jamás en la historia del Estado Español ha existido una fuerza policial tan numerosa como en la actualidad y, constantemente, se va engordando esa cifra. Este hecho contrasta mucho con tener uno de los índices de criminalidad más bajos de Europa, sin embargo, tiene mucho que ver con la necesidad de control social que tiene el ente estatal. Si sumamos el número de policías y militares nos encontramos con una cifra que supera el medio millón, es decir, un siervo del Estado perfectamente entrenado y con un arsenal de destrucción a su alcance, por cada 90 personas.
La cifra es suficientemente elocuente para ver bien a las claras dónde tiene el Estado sus prioridades.

Por si esto fuera poco, hay una última cuestión más que destacable. A pesar de la ola privatizadora de las últimas décadas, hay una empresa pública (de las más rentables) sobre la cual jamás ha recaído esta amenaza. La SIEP (Sociedad Estatal de Infraestructuras y Equipamientos Penitenciarios) es la empresa pública que gestiona todas las fases de la construcción de cárceles en este país. Baste decir que en el marco del Plan de Amortización y Creación de Centros Penitenciarios 2005-2012 se han creado o están a punto de hacerlo 46 centros penitenciarios (11 de los cuales son macrocárceles que pueden albergar a unos 2.000 presos cada una). Sólo la construcción de uno de estos macropenales cuesta alrededor de 110 millones (luego llega el gasto que conlleva su funcionamiento) que se conceden a la constructora de turno (¿crisis del ladrillo?).
El presupuesto anual de prisiones asciende a los 1.184 millones de euros. Cada plaza carcelaria cuesta alrededor de treinta y seis mil euros al año que se desglosan de la siguiente forma: 18.000 euros para la constructora, 12.000 euros para funcionarios y personal externo, 6.000 euros para gastos corrientes y servicios, 0 euros para el recluso.
Pero la SIEP lejos de limitarse a esto, es una multinacional que participa en el diseño, construcción, equipamiento y puesta en marcha de prisiones por todo el mundo (Angola, Brasil, Qatar, Chile, Emiratos Árabes Unidos, Noruega,...).
A todo este dispendio/negocio hay que sumarle los entre 300 y 500 euros por día que reciben algunas “ONG’s” (que me expliquen lo de no gubernamental) por cada menor recluido en los centros que regentan.

Todo este es el gasto del que jamás prescindirá el Estado por mucho que nos diga lo imprescindible de los recortes. Esto pone de manifiesto la auténtica cara del ente estatal y su papel en el sistema social de la humanidad. Finalmente, se desvela que dentro del par Estado-Capital, el primero se encarga de velar por la seguridad del segundo y de mantener una guerra (en todos los frentes) contra la sociedad. Porque un capitalismo no asistido, no mantenido y periódicamente reconstituido por el ente estatal es impensable e imposible, por eso, el Estado debe mantener al pueblo bajo un férreo control.

En palabras de Galeano en su Patas arriba: El Estado debe ocuparse de la disciplina de la mano de obra barata, condenada a salarios enanos, y de la represión de las peligrosas legiones de brazos que no encuentran trabajo: un estado juez y gendarme y poco más. En muchos países del mundo, la justicia social ha sido reducida a justicia penal. El Estado vela por la seguridad pública: de los otros servicios, ya se encargará el mercado; y de la pobreza, gente pobre, regiones pobres, ya se ocupará Dios, si la policía no alcanza. Aunque la administración pública quiera disfrazarse de madre piadosa, no tiene más remedio que consagrar sus menguadas energías a las funciones de vigilancia y castigo.
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jueves, 1 de diciembre de 2011

NUEVA LEY: LA JUSTICIA ES PARA LOS RICOS

El pasado 1 de noviembre entró en vigor, sin apenas ruido, la Ley 37/2011 de Medidas de Agilización Procesal. El objetivo teórico de esta nueva ley es aliviar la sobrecarga que sufre de manera crónica la administración de justicia (y eso que jamás se ha juzgado ni se juzgará de verdad a los mayores delincuentes del Estado). Sin embargo, como cualquier avispado lector ya se está imaginando, la verdadera finalidad de la ley es favorecer al Estado y a los grandes capitalistas frente al resto de los mortales.


Ahora iremos viendo el porqué de esta afirmación.

Las reformas aprobadas afectan a los procesos civiles y a los de carácter contencioso-administrativo, es decir, pleitos contra Administraciones públicas.

Por lo que respecta a los procesos civiles:

- La más destacada de las modificaciones es la nueva regulación del desahucio del arrendatario por impago de renta o cantidades asimiladas a la misma (luz, agua, impuesto sobre bienes inmuebles,...) De ahora en adelante, cuando un propietario presente una demanda por impago, el secretario judicial dará 10 días al inquilino para que pague, se largue o presente alegaciones (con lo que supone para alguien que no puede pagar el alquiler tener que recurrir a abogados y procuradores). Al cabo de este plazo si no se ha hecho nada, el mismo secretario judicial señalará fecha de desahucio sin necesidad de ningún juicio.
Es necesario destacar, que hasta ahora no se protegía tanto a los propietarios de vivienda en alquiler ya que solían ser personas sin importancia, es curioso que se haga justo en el momento en que las entidades financieras se convierten en los principales acumuladores de viviendas. Como vemos, otra ley más al servicio del capital.

- No menos importante es la limitación del acceso al sistema de recursos para las personas con un nivel de renta insignificante para el sistema. Esta limitación afecta tanto a lo civil como a lo contencioso-administrativo. La reforma dice que para poder interponer recursos de casación ante el Tribunal Supremo la cuantía que está en juego en dicho proceso deberá ser superior a los 600 mil euros (antes el mínimo era de 150 mil) El Estado asegura que este tipo de recursos queden sólo a disposición de los ciudadanos que manejan “negocios” de estas cantidades, es decir, los ciudadanos de primera clase. Así los señores del Supremo ven reducido su trabajo al eliminar todos los asuntos de poca monta pertenecientes a los ciudadanos de segunda.

Procesos en lo contencioso-administrativo:

- De la misma forma, se limita la posibilidad de interponer recurso de apelación ordinaria (segunda instancia) para los asuntos de menos de 30 mil euros (antes eran 18 mil).

- Se instaura la regla general de imposición de costas al litigante que ve desestimada su causa, es decir, a partir de ahora (como ya sucedía en los procesos civiles) el que pierde paga. Lo que pasa que aquí una de las partes (la Administración pública) tiene innumerables recursos: abogados, procuradores, peritos, expertos... (que pagamos todos) y la otra normalmente no los tiene. Así si pierde la Administración sólo paga al abogado y procurador del contrincante (con el dinero de todos claro está) pero si pierde el ciudadano el dispendio probablemente le arruine de por vida. De esta forma, el Estado afianza su fortaleza ante los ciudadanos pobres y los somete todavía más esgrimiendo una vez más una de sus armas más poderosas: el miedo.

Además de esta ley, en los últimos tiempos se han aprobado otras dos medidas que inciden nuevamente en favorecer al capital frente a los trabajadores:

- Modificación de la Ley Concursal que pretende “ofrecer a las empresas una solución más ágil y económica a sus crisis, a través de acuerdos de refinanciación” en el proceso de cierre concursal. Esto es justo todo lo contrario que le ofrecen a todos aquellos que se ven obligados a abandonar su hogar.
- Ley de Jurisdicción Social que posibilita “un tratamiento uniforme del accidente de trabajo” pero que sobre todo se dirige a fomentar la conciliación extrajudicial, es decir, acuerdo directo trabajador-empresa (como si tuvieran el mismo poder negociador).


Finalmente, pero no menos importante, tenemos el asunto del turno de oficio. Sistemáticamente, todas las Comunidades Autónomas han dejado de pagar a los abogados del turno de oficio. Como sabemos, estos son los abogados a los que se recurre cuando no se tienen ingentes cantidades de dinero. A modo de ejemplo: en la Comunidad de Madrid se adeudan más de 20 millones de euros y en la Comunidad Valenciana más de 10 millones. Es precisamente esta última Comunidad la que ha dado en el clavo sobre el futuro que se quiere para el turno de oficio (ya que, de momento, no se plantea su erradicación total, aunque tiempo al tiempo): ha pedido que se permitan fórmulas alternativas a la gestión de la justicia gratuita. Esta alternativa no es más que subcontratar el servicio con despachos privados.

Con todas estas medidas, leyes e ideas podemos afirmar que la administración de justicia queda prohibida de manera definitiva para la clase trabajadora y se reserva sólo para servir a los intereses del Estado y del Capital. Históricamente esto ha sido siempre así, la diferencia es que a partir de ahora lo es por ley y no sólo por costumbre.

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martes, 15 de noviembre de 2011

EL NUEVO MODELO DEMOCRÁTICO: GRECIA E ITALIA

En los últimos días hemos asistido a una nueva evolución de este sistema democrático que nos han vendido como el único posible. En una nueva vuelta de tuerca, los grandes capitalistas han decidido dejarse de farsas y pasar de las elecciones (la gran fiesta de la democracia, o eso nos dicen a todas horas) para colocar a los jefes de Gobierno de Grecia e Italia.


Tanto Papandreu como Berlusconi (tiene huevos que con todos los motivos que ha dado este energúmeno, para largarlo de su puesto y del planeta ya puestos, haya tenido que ser esa cosa llamada mercado financiero la que le haya hecho dimitir) han salido por la puerta de atrás a la mínima que no han seguido al pie de la letra los deseos de las instituciones financieras. En su lugar se ha colocado a dos personajes que son vendidos como “expertos” que han venido para salvar la papeleta de sus respectivos países. Veamos quiénes son estos salvapatrias.

Lucas Papadimos es un doctor en economía graduado en el MIT. Fue economista jefe del Banco Central Griego desde 1985 hasta 1993. A partir de 1994 y hasta 2002 fue el gobernador de dicho banco, desde ahí dio el salto y se convirtió en la mano derecha de Trichet en el BCE hasta 2008. Es decir, un artífice de la gran mentira económica griega y actor principal de la dictadura del BCE, tiene que salvar a Grecia del fondo del pozo donde ha contribuido sobremanera a meterla.

Mario Monti fue comisario europeo durante muchos años (con varios gobiernos italianos) además de rector de la universidad de Bocconi, en la Comisión europea ha tenido la máxima responsabilidad en áreas como mercado interior y competencia. Este buen hombre ha sido (o lo es) asesor de compañías como Coca Cola y Goldman Sachs (curiosamente durante la época en que este banco ayudó a expoliar a Grecia). Para mayor gloria, ha sido un miembro importante de la Comisión Trilateral cuyo objetivo principal es imponer el capitalismo salvaje por todo el mundo.

Situados los sujetos, no hace falta mucha imaginación para saber cuáles van a ser las políticas aplicadas a partir de ya en estos dos países: más de lo mismo tirando a peor, es decir, adiós a cualquier atisbo de justicia económica y derechos de cualquier tipo para el pueblo.

De todo esto, hay una conclusión inevitable y es que la democracia ha muerto y, por tanto, debemos abandonar toda esperanza de cambiar el sistema desde dentro. El último bastión democrático que le quedaba a todos aquellos que todavía tenían fe en este sistema de representación ha sido eliminado de un plumazo. Finalmente, hemos visto que la soberanía no reside en el pueblo sino en el gran capital. La voluntad del pueblo ha sido violada y aniquilada de un plumazo con la complicidad de políticos y medios de comunicación que no han tenido ningún rubor en legitimar lo que claramente es un Golpe de Estado.
La confirmación de que vivimos bajo el yugo de una dictadura es tan evidente que el circo electoral que estamos viviendo en España en estos momentos toma tintes dramáticos cuando veo a tanta gente con verdadera voluntad de cambio que todavía ve posible que todo se arregle con un resultado electoral favorable a un determinado partido (sea el que sea). Sólo el pueblo es el legítimo dueño de la soberanía y visto lo visto sólo la podrá ejercer cuando todos nos decidamos a tomar las riendas de nuestras vidas sin ningún tipo de intermediario o representante.

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sábado, 5 de noviembre de 2011

REFERÉNDUM GRIEGO: ¡QUÉ BONITO FUE MIENTRAS DURÓ!

El anunciado referéndum griego vino a arrojar una débil luz sobre la oscuridad con la que el sistema capitalista nos ha envuelto a todos desde hace mucho tiempo.
Desde luego, este anuncio debía verse como una victoria del pueblo sobre la clase dirigente pero tampoco era como para volvernos locos de alegría. Simplemente fue un anuncio y, desde el principio, existían muchos factores de los que iba a depender que esta consulta (que en principio iba a realizarse el día 4 de diciembre) fuera el primer paso hacia una verdadera política del pueblo.

Contextualizando un poco la situación y a riesgo de simplificar demasiado, siendo como soy un lego en economía, Grecia lleva tiempo siendo sometida a la voluntad de los grandes bancos y capitalistas a través de los mandatos de sus brazos políticos (FMI, EU, BCE). Esto se ha traducido en una pérdida radical de derechos sociales, laborales y de cualquier índole. Ha condenado al paro a millones de griegos, ha forzado el éxodo de miles y otros tantos se han visto en la más absoluta de las miserias. Desde luego, la clase política griega lleva muchos años abonando el camino a base de engaños y estafas, siendo como han sido alumnos aventajados de la piratería política y del expolio de las riquezas de los ciudadanos.

Finalmente, el país se ha visto a las puertas de lo que la teoría capitalista denomina bancarrota, es decir, que ya no tienen de donde sacar ni un céntimo más. Es en este punto (y no antes) donde al Gobierno griego le entra la locura democrática y decide que sea el pueblo el que decida si hay que apretar el gatillo del arma que les está apuntando directamente al corazón.

Hasta este punto todo ha sido pesimismo, sin embargo, es justo reconocer que la convocatoria del referéndum no se hubiera producido si el pueblo griego se hubiera comportado como el dócil rebaño de ovejas que el sistema necesita. Esta consulta al pueblo sólo podría haber sido posible gracias a todas las luchas llevadas a cabo durante los últimos años por unos ciudadanos que jamás han perdido la fe en el poder del pueblo. Docenas de huelgas y luchas callejeras, protestas masivas, millares de golpes sufridos y tremendas represiones dignas de las más despiadadas dictaduras, no han conseguido acallar la voz de un pueblo que pide justicia y sobre todo que pide que les dejen decidir a ellos sobre su futuro.

Este acercamiento a lo que empezaría a parecerse a la auténtica democracia ha hecho enfurecer a la bestia y a todo su ejército que rápidamente anunciaron las calamitosas repercusiones que todo esto podía a tener: congelación de la próxima ayuda de 8.000 millones de euros, la bancarrota definitiva de Grecia, su probable salida del euro y un sinfín de lo que para el sistema son consecuencias negativas pero que para el pueblo supondría una bocanada de aire fresco ante una situación asfixiante. Hasta los políticos españoles salieron diciendo que el referéndum era una locura y que a quién se le ocurre preguntar al pueblo; en fin a los de aquí les conocemos de sobra. No obstante, lo que el sistema no ha dicho en ningún momento son las posibles repercusiones que tendría el hecho de que el pueblo griego decidiera por sí mismo su futuro y lo que supondría para la banca y los especuladores: un más que probable rechazo del plan de rescate aprobado por la Troika antes mencionada. Además del probable efecto contagioso que pudiera tener en la población de todos aquellos Estados sometidos al fraude de la deuda como es nuestro caso.

Después de todo lo dicho, el rugido de la bestia ha sido suficiente para destapar la estrategia del Gobierno griego que rápidamente se ha echado atrás y ha empezado a pactar una especie de gobierno de concentración nacional con la derecha (de esta forma, Papandreu consigue el verdadero objetivo de todo esto: no comerse el marrón él solito y mantener incólume la imagen del partida para próximas ediciones de la farsa electoral).

Por si alguien tenía dudas de quiénes son los que mandan lo volveremos a repetir: NO VIVIMOS EN UNA DEMOCRACIA, VIVIMOS BAJO UNA DICTADURA.

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martes, 18 de octubre de 2011

LA CRISIS SILENCIADA

Llevamos mucho tiempo hablando machaconamente sobre la crisis financiera que asola al mundo (sobre todo al mundo occidental no nos engañemos) y lo terriblemente mal que lo estamos pasando y lo peor que lo vamos a pasar.

Pero existe una crisis silenciada, mucho más terrible y con consecuencias infinitamente peores de la que apenas se habla sino es para hacer demostraciones de caridad: el hambre que día tras día mata a miles de seres humanos.

Organismos internacionales como la FAO se esfuerzan en hacernos creer que el hambre se debe a las malas cosechas, al incremento de la demanda de alimentos por parte de países emergentes y a la falta de recursos de muchos países. Por ello, constantemente, lanzan campañas de márketing reclamando la “solidaridad” de las gentes de buen vivir para que aporten (aportemos) nuestro granito de arena. Sin que sirva de precedente, he decidido hacer caso a esta organización dependiente de la ONU y voy a hacer mi aportación:

En primer lugar, quiero dejar las cosas claras. Existen seres humanos que mueren de hambre porque otros seres humanos así lo han decido y porque el resto lo permitimos y (queriendo o no) lo favorecemos.

La cuestión del hambre siempre ha sido política. La gente muere a causa de decisiones políticas. ¿Acaso alguien piensa que algún pueblo en la historia de la humanidad se asentó en un territorio que no garantizara su subsistencia? Por favor, no subestimemos a nadie. Las causas del hambre vienen de lejos pero quiero centrarme en la actualidad y ver como está el tema a día de hoy.

El primer factor a tener en cuenta son las políticas alimentarias llevadas a cabo por los llamados países del primer mundo. Estas políticas han convertido el derecho inalienable a alimentarse en un negocio. Los tratados de libre comercio y los acuerdos bilaterales que los países más ricos han impuesto por todo el planeta han destruido la soberanía alimentaria de todos ellos. Por ejemplo, desde la firma del NAFTA, México ha pasado de exportar maíz a tener que importar una gran parte del maíz que consume llegando a producirse, en 2007, la tristemente famosa crisis de las tortas mexicanas debido al encarecimiento del precio de dicho alimento.
Los países ricos subvencionan su agricultura hasta la saciedad mientras impiden que los demás hagan lo mismo (en nombre de la liberalización de los mercados). Una vez hecho esto, les es muy fácil desembarcar en los mercados nacionales de estos países y reventar los precios haciendo que sus productos sean los consumidos y produciendo un efecto devastador: condenar a los millones de campesinos locales a tener que abandonar su modo de subsistencia y por tanto, a la muerte.
Por otro lado, estas políticas también han permitido que unas pocas transnacionales controlen el mercado de las semillas (en este tema no entraremos mucho pero para quien tenga interés, hay multitud de información sobre compañías como Monsanto) y, por tanto, controlen la producción de alimentos en el mundo.
A todo esto, hay que añadir las políticas coloniales e imperialistas que se han impuesto a la mayoría de países para que se especialicen en un sólo cultivo, de tal manera que la diversidad que garantizaba su soberanía alimentaria se ha ido al garete.

Otro apunte. En 1999 Goldman Sachs (¡cómo no!) llegó a un acuerdo con Bill Clinton (entonces presidente de los USA) para desregular el mercado alimentario. A partir de ese momento, el negocio sobre los alimentos no ha hecho más que crecer y la especulación sobre los precios a través de los “futuros” ha provocado más hambruna y muerte que cualquier catástrofe natural a lo largo de la historia. Especialmente, desde la caída del sector inmobiliario, la especulación sobre los precios de los alimentos (con sede, sobre todo, en la bolsa de Chicago) se ha incrementado enormemente. Sólo en el periodo comprendido entre 2003 y 2008 había aumentado la especulación en un 1900%, pasando de un valor de 13 billones de dólares a 260 billones de dólares.

Otro factor muy importante es la acumulación de tierras. Tanto países como fondos de inversión se han dedicado a comprar terrenos fértiles alrededor del mundo bajo el pretexto de garantizar su propia soberanía alimentaria (mostrando un desprecio absoluto por la de los países donde compraban los terrenos, mayoritariamente situados en África, Asia y América Latina). Sin embargo, estas tierras en una gran parte se dedican a monocultivos destinados a la producción de biocombustibles y que, por tanto, no son para consumo humano y es que la lógica de este sistema nos dice que es mejor alimentar a las máquinas que a los seres humanos. Un ejemplo de esta locura lo proporciona un estudio de la Africa Biodiversity Network que dice que un tercio de la selva de Mabira, reserva natural en Uganda (país que sufre la crisis alimentaria como pocos) se convertirá en una plantación de caña de azúcar para la producción de Etanol. Esta producción de biocombustibles tiene otra consecuencia: la subida desaforada de los precios de los alimentos, lo que condena a más personas a la muerte por no poder pagar por la comida que no le dejan producir.

Obviamente, esta crisis silenciada forma parte del gran problema de la humanidad que se llama capitalismo cuyo gran axioma es el beneficio por encima de todo y de todas las personas del mundo.


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jueves, 29 de septiembre de 2011

PONIENDO EN ORDEN MIS IDEAS II: ELECCIONES

Siguiendo en la línea del anterior post, he decidido continuar aclarando posiciones.
Últimamente, hablando con unos y con otras, ha surgido la cuestión de cómo posicionarse ante la próxima cita electoral. El planteamiento de salida viene a ser el siguiente: qué hacer para intentar mejorar la situación.
En mi opinión, esta premisa inicial es errónea porque considero que se pueden hacer muchas cosas pero, desde luego, ninguna de ellas depende ni va a depender de lo que pase el día de las elecciones. Me sorprende que, de repente, vuelva a aparecer ese miedo a que ganen unos u otros. No soy un veterano en la lucha por una manera de vivir basada en otros valores, pero si hay una frase que he oído hasta la saciedad en este periodo de tiempo ha sido: “lo llaman democracia y no lo es”. Entonces la pregunta aparece por sí sola: si no es una democracia ¿por qué estamos discutiendo sobre qué hacer frente a las elecciones? Y si, además, añadimos la coletilla que siempre acompaña al primer slogan “es una dictadura y lo sabéis”, creo que no hay más que decir. ¿Qué valor tienen unas elecciones bajo el puño de una dictadura? Todos nos hemos puesto de acuerdo en que el poder, en la actualidad, reside en el sistema financiero y los grandes inversionistas que actúan a través de sus lacayos políticos con el único objetivo de someter a la población mundial para su propio beneficio. Entonces, qué sentido tiene participar. El único que yo le veo es la aceptación de toda esta maquinaria opresora esperando, tal vez, incorporarnos a ese grupito de peones que viven de las migajas del sistema.

Obviamente, no defiendo la no participación sin más, defiendo la participación política verdadera, la que, día a día, se hace desde abajo, desde la calle en la lucha diaria. Defiendo el papel del pueblo como auténtico poseedor del poder, creo que somos todos y todas los que debemos organizarnos para decidir por nosotros mismos cómo debe ser el modelo político, social y, por ende, económico en el que queremos vivir. Eso no es posible bajo una dictadura partitocrática en la que priman los intereses personales y de partido por encima del bien de las personas. Se habla de democracia representativa porque, supuestamente, los políticos representan la voluntad del pueblo. Sin embargo, esa voluntad jamás es escuchada y mucho menos existe un espacio para que se exprese. Por otro lado, esa voluntad ha sido anulada a base de constantes bombardeos (mediáticos en unos países y literales en otros) y de consumismo (desaforado en los primeros y reducido hasta la inanición en los segundos). Se nos dice que nuestra manera de expresar esa voluntad es a través de las urnas en una especie de fiesta de las libertades (cuántas veces he oído decir “la suerte que tienes de que ahora se puede votar”), sin embargo, la libertad de ese día consiste en meter un sobre dentro de una caja, ahí termina todo.
No necesitamos representantes, necesitamos tomar las riendas de nuestras vidas. No es posible creer que unas estructuras totalmente jerarquizadas y dependientes de las dádivas de los bancos y el Estado vayan a defender los intereses de las personas, máxime cuando, la mayor parte de las veces, estos intereses chocan frontalmente con los perseguidos por estos benefactores de los partidos. Jamás en la historia de este sistema político-económico se ha legislado a favor de las personas frente al capital, jamás. Ninguna decisión política relevante ha sido tomada contra estos grandes capitales. Es más, todavía recuerdo cuando el actual presidente del gobierno sentado junto a un sonriente César Alierta anunciaba el fin del impuesto del patrimonio allá en 2008 (para los que se sientan tentados de replicar usando el anuncio del retorno de este impuesto, sólo una respuesta: por favor evitémonos estas tonterías).

Definitivamente, me he conseguido organizar en lo referente a esta cuestión. Para mí sólo existe una democracia, la que se basa en la participación directa y única de todas las personas, sin partidos.

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martes, 13 de septiembre de 2011

PONIENDO EN ORDEN MIS IDEAS

Esclavizados de mil formas diferentes según el lugar del globo en el que nos ha tocado vivir.

Si tienes suerte y vives en el Norte tu esclavitud puede sobrellevarse a base de enajenación mental y un consumo desaforado de objetos inútiles y de corta vida que jamás te darán la libertad, pero crearán una ilusión de bienestar a tu alrededor suficiente para creer y amar el orden establecido.

Si vives en el Sur, todo se simplifica, tus opciones se reducen a tratar de sobrevivir vendiendo tu alma y tu energía vital a cambio de un salario de miseria en el mejor de los casos o, simplemente, luchando por arrancar a la madre Tierra algún fruto que haya escapado de la codicia de los esclavizadores.
En ambos casos, no fuimos los sometidos los que elegimos vivir así aunque, para la mayoría, fue algo que ya existía antes que nosotros y que nuestros mayores ya consideraban el orden natural establecido.
Sin embargo, nuestros actos afianzan día a día este orden establecido porque, bajo este sistema de miseria y muerte llamado capitalismo, es necesario que unos traspasen cada jornada la delgada línea que separa la pobreza de la muerte para que otros mantengamos nuestra ilusión intacta y nos sintamos afortunados.
Es necesario para el funcionamiento de la maquinaria capitalista que, diariamente, la explotación del ser humano y de los recursos naturales alcancen nuevas cotas, porque sin el eterno crecimiento los cimientos se corroen. Así pues, no hay cabida para lamentos e imprecaciones, la rueda debe seguir girando a la velocidad necesaria triturando a su paso cualquier atisbo de humanidad y solidaridad.
Los ideólogos del control de masas saben muy bien lo imprescindible de hacernos sentir afortunados, por no formar parte de la mitad del planeta que no sabe si va a sobrevivir un día más. Conocen la manera de canalizar nuestra preocupación por los menos afortunados (haciéndonos creer que somos seres superiores por ser capaces de ayudar a los demás, a pesar de que nuestra situación no acaba de ser la ideal) y la manejan de tal manera que hacen que nos olvidemos de que somos nosotros los que colaboramos necesariamente para que toda esa gente jamás abandone su permanente estado de pobreza y miseria. De esta manera nos integran aún más en sistema nocivo para el ser humano y el planeta.

Llegados a este punto, es necesario comprender que la lucha anticapitalista es, ante todo, la lucha por la libertad y la dignidad humana, por la conservación de nuestro planeta y sus recursos, por la necesaria hermandad de todos los seres humanos. Ante esta perspectiva debemos olvidarnos de cuestiones que son simples tonterías al lado de esto. No necesitamos establecer la supremacía de ningún sistema alternativo al capitalismo para derrotar a éste. Lo que necesitamos es crearlo e ir dándole forma, día a día, con el trabajo de todos, olvidarnos de etiquetas que alguna vez se inventaron pero que jamás se correspondieron con nada real y tangible.
El objetivo está claro, no podemos permitirnos a nosotros mismos seguir así. Este mundo es demencial. Se basa en la muerte de millones para que unos pocos vivan una vida irreal y vacía que ha sido encumbrada como el ideal del ser humano.

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