miércoles, 25 de julio de 2012

VIVIMOS TIEMPOS DIFÍCILES

Vivimos tiempos difíciles.

Las últimas medidas tomadas por los farsantes que ejercen el control del Estado nos acercan un poco más a la esclavitud total que el capitalismo tiene reservada para la mayoría de la población mundial, incluida nuestra sociedad occidental que se creía inmune a la depredación del sistema.

En los últimos años el “capitalismo amable” se ha revelado como una trampa mortal en la que la mayoría caímos sin mirar atrás. Ahora no tenemos excusa, vemos a diario cuál es la verdadera cara de todo esto. Nos escandalizamos al ver cómo pretenden que vivamos como trabajadores chinos, sin embargo durante años no nos ha importado vivir mejor a costa de ellos siempre pensando en lo bien que se vivía en nuestro pequeño paraíso de objetos inútiles pero baratos, que en nada enriquecían nuestro espíritu pero que nos llenaban el alma de un gozo estéril. Qué poco nos importaban esos millones de pequeños seres humanos que trabajaban innumerables horas cada día para que nosotros disfrutáramos del último modelo de zapatillas, o de los miles que se jugaban la vida a cada instante para que pudiéramos lucir el móvil más futurista. Ahora nos sorprendemos cuando vemos que uno de cada tres niños en nuestro país se acuesta sin cenar porque en su casa ya no pueden ofrecerle la comida suficiente. Nos parece mentira que un cuarto de la población española viva por debajo del umbral de la pobreza. Sin embargo, esa es la realidad. Parece que empezamos a tomar conciencia de lo que este sistema representa para los seres humanos: esclavitud, dolor y muerte. En el mejor de los casos, viviendo bajo ese “capitalismo amable” una vida carente de esperanzas y proyectos dedicada a vendernos a cambio de nuestro trabajo hasta el final de nuestros días.

Eso que llaman Estado democrático, de derecho y social, por fin, se nos ha revelado como el auténtico Estado dictatorial que es. Una tras otra las cartas se han ido levantando hasta dejar a la vista la cruda realidad que durante años hemos preferido ignorar: somos simple mercancía que consume y es consumida. Para ellos, no tenemos más valor que el que nos atribuyen como fuerza bruta (cuando es necesaria) y como consumidores del producto de la fuerza bruta de los demás. Cuando dejamos de tener ese valor simplemente nos condenan a desaparecer. Estos Estados democráticos nos tuvieron durante décadas engañados con su estado del bienestar que no era otra cosa que su manera de mantener sana a la masa trabajadora y su forma de adoctrinarla en las bondades de la sociedad de consumo. Cuando el objetivo se ha cumplido, cuando todo vestigio de revolución social ha sido extirpado han dado por finalizada esta fase y han iniciado un nuevo camino, el camino sin retorno que tan bien conocen dos terceras partes de la población mundial ya que lo han padecido desde tiempos inmemoriales.

Lo dijimos hace tiempo e insistimos, no es posible volver atrás. La solución no pasa por proyectos políticos, con sus estructuras altamente antidemocráticas, situados dentro del actual juego sistémico (ni proyectos mayoritarios ni minoritarios) que jamás se atreverán a romper las normas ni a atacar las raíces de este sistema tan injusto.

En el Estado Español tenemos infinitos ejemplos de opciones políticas que con diferentes máscaras sirven a los intereses del capital. No hay uno sólo, desde la rancia derecha del PP o UPyD hasta la supuesta izquierda radical como IU o Bildu, que no acaten a pies juntillas los dictados de los grandes jerifaltes del capitalismo. La peor parte, como siempre en estos casos, se la lleva esa supuesta “izquierda de verdad” (la derecha no engaña, va a lo que va y quien no lo quiera ver tiene un problema) que a la mínima que alcanzan un poco de poder pone su mejor cara de resignación y dice que tiene las manos atadas y que las circunstancias obligan. En fin, si la hipocresía fuera comestible podríamos alimentarnos todo el planeta sin problemas con esta pandilla de embaucadores.

Pero vamos a ser un poco honestos. Esto pasa aquí y en todas partes y es bien cierto que nada pueden hacer. Por supuesto, omiten decir que sería imposible seguir chupando del bote y hacer política a favor del pueblo y la libertad. Obviamente, ante la disyuntiva nadie se saca la teta de la boca y siguen jugando el papel que tienen asignado.

Decíamos que esta situación no es exclusiva del Estado Español. El capitalismo controla el juego político a su antojo como vimos en Grecia e Italia cuando decidieron imponer directamente a sus Gobiernos. Incluso se permiten el lujo de, ante la supuesta amenaza que representaba Syriza (“la izquierda radical” según repetían machaconamente todos los medios de desinformación) que no era más que una amalgama de la izquierda socialdemócrata y varios colectivos antiglobalización, de poner en marcha su maquinaria de control social para asegurarse el resultado más conveniente.

Por tanto, no cabe más que pensar que la salida de esta situación no pasa por la política oficialista que como mucho pondrá todas las tiritas que pueda para aminorar la hemorragia sin decidirse jamás a atacar la causa de la enfermedad.

La salida pasa por nuevas formas de organización y participación, en la que todo el mundo pueda (y lo haga) implicarse de manera directa. También pasa por romper esas cadenas mentales que nos unen a un modelo de vida, el capitalista, que no se corresponde con la esencia humana ni con nuestro lugar dentro de ese todo llamado Tierra. Pasa por recuperar la fe en nuestra propia potencia creadora y en aunar esfuerzos con el resto.

En definitiva pasa por creer de verdad que ese otro mundo es posible y por desear que ese otro mundo sea una realidad. A partir de ahí, hay que obrar en consecuencia (a cada cual su historia personal, su conciencia político-social,… le hará seguir su camino en ese obrar en consecuencia) y, sobre todo, no desfallecer jamás.
Imprimir

lunes, 9 de julio de 2012

MENTES PRECARIAS*

* Una de las acepciones de precaria: que sólo es poseída como préstamo y a voluntad del dueño.

El desarrollo voraz del sistema capitalista y de su maquinaria de adiestramiento ha permitido alcanzar un nuevo estadio en la evolución de la mente humana, sobre todo en la llamada sociedad occidental: la mente precaria.

La mente precaria, a diferencia del resto, no se rige por la acumulación de experiencias, ni por el descubrimiento de patrones formales, ni por relaciones causales, ni por ningún otro parámetro habido o por haber. Se rige por las órdenes directas de su amo, quien en su infinita bondad le cede espacios de autonomía para dirigir los aspectos más básicos del día a día del cuerpo que le da cobijo, pero nada más.

Es decir, una “gran mente” (o el conjunto de los dominadores del mundo) rige a millones de mentes precarias (o la inmensa mayoría de los dominados) que vivimos en la más absoluta ignorancia con respecto a este hecho.


Hay que reconocerle cierto mérito a este sistema criminal. Aunque tengas todos los medios a tu alcance no es fácil conseguir este nivel de efectividad. Requiere de mucho tiempo y esfuerzo dedicado a manipular y adoctrinar generaciones enteras de mentes para alcanzar esta generalización de la precariedad mental. Ha sido necesario desplegar todos los tentáculos de una maquinaria infernal llamada capitalismo, al igual que ha sido imprescindible el soporte logístico ofrecido por su necesario aliado el Estado.

Alcanzar tan rotundo éxito sólo ha sido posible al situar en el centro de esta maquinaria al sistema educativo (convertido en obligatorio por el bien de la humanidad) desplazando a un segundo plano a la, hasta hace poco, estrella del amaestramiento de fieras: el sistema represivo (judicial, policial y penitenciario) que, no por ello, ha perdido su vigencia y su importancia sino que, simplemente, ha pasado a ser el plan B por si falla la educación de las mentes.

Sin duda, estos dos sistemas son el eje fundamental en el que se basa la precarización de la mente actual.
 

Si imaginamos la mente precaria como uno de esos adosados exactamente igual a los tropecientos que le rodean formando una urbanización (o sistema), tenemos que los pilares centrales encargados de aguantar la mayor parte del peso los forma el sistema educativo. Durante décadas, millones de personas hemos pasado por este filtro encargado de modelarnos y adecuarnos a las necesidades de cada momento histórico. La misma introducción de este sistema responde a la necesidad de producir en serie combustible humano para alimentar el engranaje de la recién llegada sociedad industrial. Desde ese mismo instante se vislumbró el potencial de la educación estatal y de la imperante necesidad de universalizarla. Esta necesidad se ha visto colmada independientemente del tipo de régimen político instaurado y de la supuesta orientación ideológica del mismo. En todos estos lugares el sistema escolar tiene un objetivo primordial más o menos oculto: transmitir y asegurar la asimilación de una necesidad de ser enseñados.

De esta forma se consigue que las personas nos desentendamos de la responsabilidad de nuestro propio desarrollo, allanando de esta manera el camino a la precarización de las mentes. Junto a esta enseñanza, también nos inicia en una sociedad en la que todo (valores, capacidades, necesidades, realidades…) es susceptible de ser producido y medido. Esto nos lleva irremediablemente a la aceptación de toda clase de clasificaciones jerárquicas, incluso a dar por válida y natural una sociedad estratificada en la que tu posición depende de valores totalmente mesurables. La escuela nos instruye para ocupar el lugar que el poder nos tiene reservado dentro de nuestro sistema social y para saber aceptar que esa posición no depende de cada uno de nosotros sino que está en función de una serie de parámetros (económicos, étnicos, origen social,…) que la “gran mente” se encarga de medir y catalogar.
 

Junto a estos pilares centrales de los que hablábamos tenemos toda una serie de tabiques que compartimentan nuestra mente precaria y que conforman esa sociedad para la que nos prepara la escuela: la sociedad de consumo. Vivimos en un sistema en que la capacidad de consumir/devorar (perfectamente medible) nos hace más o menos valiosos. Es nuestra obligación mantener a toda costa nuestro nivel de consumo si no queremos vernos degradados socialmente. Esto sólo es posible si somos poseedores de una mente precaria que nos impide vislumbrar tan siquiera el sadismo de este tipo de organización social. El consumo desaforado que ayudamos a mantener a cada paso sólo es posible a costa de la vida de millones de seres humanos, a fuerza de reducir a la condición de esclavitud a gran parte de la población mundial y a estar a punto de llegar a la meta en la absurda y desastrosa carrera por la destrucción del planeta.


Para mantenernos dentro de este terrible modelo social tenemos las paredes exteriores del adosado (es preciso señalar lo bien que la palabra adosado describe el concepto de mente precaria como algo no natural). Estos muros de contención están formados por el sistema represivo en que se basa todo Estado-Sistema (policial/militar, judicial y penitenciario). Nuestras vidas se rigen por unas leyes ajenas a nosotros, diseñadas y puestas en marcha por esa “gran mente” que nos domina precisamente para asegurar su control. Todo el sistema represivo está diseñado para impedir cualquier intento de subvertir el orden establecido y para asegurar que la distribución de los recursos en su totalidad se hace en la dirección correcta). Pero la élite dominante no se conforma con eso. Nuevamente, a través de la precarización de las mentes ha logrado que la inmensa mayoría esté totalmente de acuerdo con el sistema y esté dispuesta a apoyarlo hasta las últimas consecuencias. Nadie cuestiona la existencia de un ejército que tiene la potestad de tomar el mando de la situación en cuanto lo estime oportuno. No existe ninguna duda acerca de que los cuerpos policiales deben existir porque, al parecer, todos somos unos desalmados y necesitamos a alguien que se nos controle y nos reprima. Qué decir de las cárceles, vendidas como centros de reinserción (nunca he comprendido el significado de esto) pero cuyo principal objetivo es mantener recluido a cualquiera que sobre en este sistema (por su condición social, su manera de pensar, su origen étnico,…). Lo que es innegable, es que estos muros exteriores se van mejorando a cada minuto que pasa, haciendo de la mente precaria una fortaleza casi indestructible.


Por último y como es sabido, los adosados (mentes precarias) suelen formar parte de urbanizaciones (grupos sociales). Aquí entra en juego el último elemento de la jugada maestra de la “gran mente”, los jardines que embellecen y mantienen unidos a todos los elementos del grupo social. Estos jardines están formados por los medios de desinformación masiva y por la industria del entretenimiento. Estas dos vertientes se conjugan perfectamente creando todo un mundo de apariencias en el que vive la mente precaria. Nos suministran la información precisa para hacernos ver lo afortunados que somos, y lo mal que podríamos llegar a estar si se produjera cualquier alteración del orden establecido. Nos ayudan a crear una identidad colectiva (reforzada por la industria del entretenimiento) mostrándonos a los nuestros y marcándonos a nuestros enemigos. Este doble sistema (desinformación y entretenimiento) hace que las mentes precarias ocupen toda su capacidad en espejismos y cortinas de humo (no sea caso que todo lo descrito anteriormente haya dejado el mínimo resquicio a la capacidad crítica que se nos presupone a los seres humanos) y las mantiene en una falsa actividad durante toda su existencia.


El plan es absolutamente genial pero, como todos los grandes planes, no es infalible. La clave es ir al origen, a los cimientos de la mente precaria y no desperdiciar energías en luchas estériles por podar el jardín o cambiar el color de los muros.

El principio del fin de esta dominación pasa por romper con el sistema educativo (de adiestramiento), con sus enseñanzas sobre todo las ocultas. Pasa por recuperar el control en nuestro proceso de autoconstrucción como seres humanos y en poner en primer plano la libertad en todos sus ámbitos. También pasa por reconocernos como iguales pero no en la precariedad mental sino en la potencialidad de construir nuevos cimientos que todos poseemos.

Imprimir

miércoles, 20 de junio de 2012

¿Y AHORA QUÉ? AHORA MÁS LUCHA

Todavía estoy viendo a un Rajoy pletórico explicando cómo nadie le había presionado para aceptar el rescate, sino que más bien había sido él  quien había presionado para conseguirlo. Poco menos que garantizaba la solución a todos los problemas del país tras la salvadora línea de crédito a la banca y para celebrarlo cogió un avión de esos que le pagamos entre todos y se fue a ver el fútbol como buen patriota que dice ser (inciso: cómo deben estar de quemados los más fachas con Mariano viendo cómo regala la soberanía del país al Imperio Alemán).
Enseguida se vio que esto no iba a funcionar y que hasta el más alienado se había dado cuenta de que todo era un camelo para regalar más dinero a la banca a costa de todos nosotros. A pesar de las primeras negativas del gobierno, pronto han trascendido las nuevas penalidades que vamos a sufrir el pueblo: subida de impuestos indirectos (como siempre la fiscalidad se toca para joder a los trabajadores y no a los capitalistas), bajada de salarios para el funcionariado (un clásico), disminución de las prestaciones por desempleo y endurecimiento de los requisitos para cobrarlas (es decir, menos tiempo de paro y menos dinero) y, por último y sobre todo, aceleración de la puesta en marcha y posible nuevo aumento de la edad de jubilación y una bajada de las pensiones (esta vez a las claras y no enmascarada como la última vez).
Cuando esos datos macroeconómicos con los que todo el mundo se ha familiarizado (deuda, prima de riesgo, solvencia, mercados,…) se mantuvieron igual de altos pese a las profecías de nuestros dirigentes, los medios de intoxicación y la maquinaria del Estado se apresuraron a asegurarnos que era debido a que los mercados (eso que llaman así, pero que tienen nombres y apellidos) estaban intranquilos debido a la incerteza del resultado de las elecciones griegas.
Estas elecciones se nos presentaron como la madre de todas las batallas por la supervivencia del euro (a pesar de que ninguno de los contendientes había asegurado con rotundidad que querían salir del euro sino que sólo querían replantear las condiciones existentes) y ya se encargaron los poderes fácticos del capital de encauzar el resultado que más les convenía para su beneficio (demostrando de paso la futilidad de las elecciones y del sistema de representación en el que se asientan las llamadas democracias modernas). Los más inocentes respiraron aliviados porque los mercados iban soltar las garras clavadas en nuestro cuello; pero nada más lejos de la realidad.
Para acabar de convencer a estos inocentes, llegamos a la reunión del G20 en México y nos abren los ojos al confirmar que nos han rescatado y que estamos muy jodidos (como si no lo supiéramos). Mientras tanto seguimos en lo más profundo de esta estafa a gran escala que es el capitalismo y su supuesta crisis.

Ante esta situación la protesta popular sigue siendo más bien escasa. El mayor foco en la actualidad son las luchas mineras y de los astilleros con larga tradición y de regular periodicidad. Estas luchas merecen el máximo respeto por parte de todos porque la dignidad de las luchas por el pan es uno de los activos más grandes que ha tenido el pueblo a lo largo de la historia. Sin embargo, no hay que olvidar que este tipo de lucha empieza y termina por hechos muy concretos y difícilmente se convierten en la punta de lanza de algo mayor.
Precisamente, la lucha por objetivos mayores es la labor más importante en momentos como este y ahora mismo esta lucha se haya huérfana de cabezas y brazos.
Los diferentes colectivos de la llamada extrema izquierda no han conseguido visibilizar sus luchas en momentos, a priori, propicios para ello como son los actuales, fundamentalmente debido a la eterna incapacidad de renunciar a ciertos aspectos teóricos que sólo importan a los revolucionarios de salón olvidando qué es aquello que realmente importa para sus diferentes causas.
Por otro lado, está el 15-M que empezó con una fuerza inusitada y levantando grandes expectativas entre muchos de nosotros y que en la actualidad se encuentra enmarañado en infinitud de pequeñas batallas pero que mantiene el valor de haber iniciado una corriente de empoderamiento político y social que no va a caer en saco roto. Una vez pasada la mediatización de los primeros tiempos hay muchas asambleas que se han mantenido en infinitud de sitios manteniendo una realidad asamblearia y horizontal que es la verdadera base del cambio.

No tengo la receta mágica para desencadenar la verdadera batalla contra el sistema pero necesitamos la reacción del pueblo. Da igual como suceda pero la necesitamos con urgencia o cuando llegue, será demasiado tarde. Por eso, ahora más lucha.

viernes, 15 de junio de 2012

NOS HAN RESCATADO (sin embargo cada día nos ahogamos más)

Cerca del 30% de la población del Estado viviendo por debajo del umbral de la pobreza. Millones de personas a las que se les niega la oportunidad de ser poco menos que esclavizadas a cambio de un salario que les permita malvivir. Miles de familias despojadas de su vivienda y abandonadas a su suerte. Cientos de miles de seres humanos a los que se les niega la asistencia médica gratuita. Miles de personas, sobre todo gente mayor, estafadas y robadas por la banca. Millones y millones de personas obligadas a dar gracias cada día por tener la inmensa suerte de trabajar y poder malvivir día a día con la incógnita de no saber qué pasará al día siguiente.
Frente a esta situación que es infinitamente más dramática de lo que describen estas líneas, llevamos días oyendo que nos han rescatado (bueno que han rescatado a la banca pero por lo que parece en los últimos años decir banca es decir pueblo). Nos han rescatado, sin embargo cada día nos ahogamos más.
A estas alturas, la mayoría de personas con un mínimo de inteligencia lo tenemos claro, aún así hay que decirlo alto y claro: esto no es un rescate más que para los grandes capitalistas que nuevamente se apropian de las ganancias del pueblo mediante leyes que ellos mismos promueven a través de sus instituciones democráticas. Ni siquiera es el primer rescate a la banca puesto que a estas alturas ya llevamos una cifra mucho mayor inyectada en los bancos. 
De hecho esto es una práctica habitual del sistema. Durante años se ha regalado dinero público a la banca privada a cambio de nada, y no sólo a la banca sino que también se ha hecho con todo tipo de empresas que en su día fueron públicas y se regalaron al mejor postor para posteriormente convertirlas en poderosas multinacionales gracias al dinero, el trabajo y las leyes puestas a su servicio por los diferentes gobiernos de la nación.
El resultado de estas tropelías siempre ha sido y seguirá siendo el mismo: traspaso de recursos públicos a la empresa privada y pérdida de derechos sociales y laborales para el pueblo.

Este mecanismo engrasado siempre ha funcionado gracias al buen hacer de los políticos, cada uno en su papel. En todo el espectro político parlamentario oímos esos falsos discursos en contra o a favor de estas políticas dependiendo del momento. Todos estos discursos siempre tienen un elemento en común, jamás cuestionan la esencia misma del sistema y varían entre la depravante honestidad de un Rajoy presentando como un éxito absoluto el rescate financiero (no hay que dudar de que desde su punto de vista y de lo que él defiende lo es) y la increíble desvergüenza de la izquierda radical que se opone al rescate pero ve imprescindible el no dejar caer a los bancos.
A estos discursos políticos van unidos sus correspondientes discursos periodísticos que amplifican hasta la desfachatez las ideas de este régimen partitocrático y manteniendo a la inmensa mayoría de la población en un estado semicatatónico que se encargan de redondear con las innumerables “gestas” deportivas de unos supuestos compatriotas que se dedican a estafar al fisco y a vivir del cuento.
Tampoco hay que olvidar el silencio absoluto de los llamados agentes sociales que en todo este tema del rescate a la banca prefieren no pronunciarse. No sea caso que les cierren el grifo y se les acabe el chollo.

Pasados varios días del rescate, la verdad se hace evidente. Los datos macroeconómicos que manejan todos estos embusteros que nos gobiernan, indican que la situación empeora día a día y que ya hemos rebasado el borde del abismo. Más bien estamos a punto de estamparnos contra el fondo.
Es hora de exigir explicaciones y responsabilidades a todos aquellos estafadores y criminales que durante largo tiempo han aprovechado sus posiciones de poder para enriquecerse a costa del restos de personas que hemos ido viendo y aceptando esto como si fuera lo más normal del mundo mientras vivíamos dentro de una burbuja de cristal cimentada en el autoengaño inducido por la propaganda oficial de un sistema que a excepción de unos pocos nos deslumbraba a todo el mundo.
Pero sobre todo es hora de autoexigirnos acción y conciencia de cambio. Debemos estar totalmente convencidos y asumir que esos cambios que muchas veces proclamamos de boquilla significan un giro radical en nuestra forma de vivir y relacionarnos, necesitamos ser conscientes de que el camino va a ser muy duro pero, también, de que es imprescindible caminarlo.

domingo, 3 de junio de 2012

ESPAÑA OFICIALIZA SU POSICIÓN COMO TRAFICANTE DE ARMAS

Como es sabido España es uno de los mayores traficantes (perdón, quería decir vendedores) de armas del mundo. En los últimos años ha consolidado esta posición de honor en este asqueroso ranking.

Tan sólo el pasado año vendió armamento por valor de 2400 millones de euros, doblando de esta manera el global de ventas de 2010 y aupando al Estado Español a la séptima posición mundial. Este espectacular incremento en los beneficios del negocio de la muerte se debe a varios factores:

-        Por un lado,  enemos el afinado sentido del negocio de la clase política de este país que no ha dejado pasar la oportunidad de las diferentes revueltas tanto en los países árabes como en Europa para aumentar el negocio pasándose toda legalidad vigente que prohíbe la venta de armas a países en conflicto (en el caso español esto no es ninguna novedad)

-        Por otra parte, está el increíble apoyo económico que recibe la industria de la muerte en España por parte de la banca (ese mismo sistema al que el pueblo tenemos que rescatar y que, entre otras cosas, invierte nuestro dinero en muerte). Nada nos sorprende de esta gentuza que ya hace muchísimo tiempo que descubrieron que el mayor negocio está en el sufrimiento de los seres humanos y vemos como día tras día aplican esta máxima en todo el espectro de la sociedad. Roban y estafan a cientos de miles de personas con ese gran timo llamado participaciones preferentes, echan a la calle a cientos de miles de personas privándoles de sus hogares amparados por las fuerzas represores policiales y judiciales, financian a transnacionales que explotan sin piedad los recursos del planeta y a millones de niños por todo el mundo, sustentan guerras y pobreza inyectando dinero en la compra venta de armamento y lavando el dinero proveniente de este tráfico, así como de cualquier tipo de negocio que supone la degradación y la explotación del ser humano (comercio de personas, drogas,…)

-        Finalmente, tenemos el inestimable apoyo del Gobierno Español que durante la última década ha “prestado” (lo pongo entrecomillado porque ya sabemos todos como son estos créditos: os damos el dinero y no hace falta que nos lo devolváis, ya si eso luego nos dais un cargo en la empresa y listo) más de 14.000 millones de euros para facilitar estas ventas y abrir nuevas oportunidades de negocio. No hace falta decir que da igual el partido que esté en el Gobierno para que este tipo de políticas se hayan llevado adelante. Dentro de esta línea de apoyo a la industria de la muerte el Estado ha dado un paso más con el Real Decreto 19/2012

Este decreto describe las medidas urgentes de liberalización del comercio y de determinados servicios y, entre otras desagradables sorpresas, oficializa un nuevo mecanismo de apoyo a la venta de armamento. Al parecer, la labor llevada a cabo hasta la fecha por el Gobierno español no era suficiente (traspasando información y dinero a las empresas del sector, facilitando consultoría y negociaciones a través de la Isdefe  y  garantizando la total opacidad de las operaciones clasificando como secretos de estado las actas de la JIMDU) y a partir de ahora será el propio Ministerio de la Guerra (de Defensa según la versión oficial) el que podrá firmar los contratos de venta de armas. De esta forma, el Estado español (es decir, todas las personas que vivimos aquí) será el garante de las operaciones de venta de instrumentos de muerte y el que responderá en caso de incumplimiento de esos contratos. No es de extrañar esta nueva medida de apoyo a la industria armamentística teniendo en cuenta el personaje que tenemos como ministro de defensa.

Frente a las políticas de austeridad impuestas a la ciudadanía, vemos como una vez más, los sectores considerados como fundamentales para el Estado se ven beneficiados por las políticas benevolentes y paternalistas del Gobierno. En este caso, blindamos la industria de la muerte a pesar de saber que con ello sólo beneficiamos a unos cuantos inversionistas y, por el contrario, condenamos a miles de personas a la miseria, la humillación y la muerte. Eso sí con armas made in Spain.
Imprimir

miércoles, 23 de mayo de 2012

UN AÑO DE 15M


Ha transcurrido un año ya desde que empezara el denominado Movimiento 15M o de las Indignadas. Sé que se ha escrito muchísimo al respecto pero como ha sido un periodo de tiempo muy intenso en lo personal, no quiero dejar pasar la oportunidad de hacer una valoración desde mi propia experiencia.

Vaya por delante que jamás me había visto involucrado en un acontecimiento tan masivo en el que el ánimo imperante era el de una “revolución ética y social” (lo pongo entre comillas porque con el paso del tiempo he ido descubriendo que eso era el sentir de muchas de las compañeras, pero pronto se vio relegado por la urgencia y el discurso economicista de una parte de las personas que ha acabado por convertirse en el discurso dominante en la mayoría de las Asambleas).

Sin lugar a dudas y a pesar de la gran cantidad de críticas que ha recibido el 15M, tanto desde la derecha como de la izquierda (la que dice ser la verdadera) debo mencionar varios aspectos muy positivos que son con los que personalmente me quedo:

- La recuperación de las plazas como espacio público de verdad. Se ha traslado el debate y la formación política a la calle devolviéndole su condición de ágora popular. La naturaleza del 15M como espacio de encuentro ha permitido iniciar el camino de la superación de la atomización de la sociedad y fortalecer el aspecto más social de las personas. Asimismo, ha atraído al compromiso político a muchas personas que anteriormente vivían totalmente ajenas a esa esfera fundamental de la esencia humana.

- La adopción de la asamblea como forma de organización popular. Soy consciente que la mayoría de las asambleas que se han producido en las diferentes plazas distan mucho del ideal asambleario fundamentado en la reflexión e implicación personal y en la confianza y el apoyo entre sus miembros. Sin embargo, el sólo hecho de hacer propio este mecanismo como el más justo para la expresión política tiene un valor por sí mismo. Hemos reconocido que todas las voces son importantes y que la única representación verdadera es la de uno mismo.

- El contacto personal con muchas personas partidarias de una verdadera revolución ética que ha permitido compartir conocimientos e informaciones que, sin duda, me ayudan en mi autoformación del conocimiento. Estos contactos dan una nueva dimensión al lado social de las personas y han dado lugar a fantásticas conversaciones y acciones que me han ayudado a crecer como persona.

Como en toda valoración, hay una parte menos positiva del asunto. En este caso es más una idea global, poco definida pero que se sustenta en la falta de compromiso ético y personal por parte de muchas personas.

Esto no va de juzgar a nadie, puesto que cada una conoce sus circunstancias mejor que nadie, pero algo que me ha desanimado bastante a lo largo de este año ha sido el constante goteo de gente que abandonaba las plazas, quiero pensar que por motivos múltiples, pero que, al fin y al cabo, decidían dejar ese camino tan ilusionante que se iniciaba hace un año.

No puedo quejarme, era de esperar. Salvo honrosas excepciones que decidieron dejar las plazas para continuar la lucha desde sus anteriores posiciones en multitud de colectivos (la mayoría ante la pérdida de ilusión tras las primeras deserciones. Otros, los menos, tras comprobar que nada podían sacar en beneficio de sus luchas particulares) la mayoría de gente se desinfló al comprobar que nada había cambiado tras un par de meses de intensa actividad. Vivir en la sociedad de la inmediatez tiene estos inconvenientes, estamos tan acostumbrados a tenerlo todo rápidamente y casi sin esfuerzo que el menor inconveniente nos tira para atrás. La ingenuidad de los que pensaban cambiar el mundo en dos días dejó las plazas medio vacías, sin embargo, la gente consciente ha comprendido que esto es una carrera de fondo y ha sabido mantener y agrandar el trabajo realizado desde las Asambleas.

Otra cuestión a destacar ha sido el desmesurado activismo que ha acabado por quemar a mucha gente y ha diluido las fuerzas en un sin fin de proyectos “alternativos”.

Finalmente, quiero acabar dando mi opinión sobre el futuro más inmediato de lo que me gustaría fuera el 15M.

La principal tarea que debe ocuparnos es continuar con la autoformación y expansión del conocimiento crítico y del ser político. Sólo con personas conscientes y críticas con el sistema vigente será posible iniciar el verdadero camino hacia esa ansiada revolución ética. Por supuesto, no hay que dejar de lado el aspecto reivindicativo pero no debe recaer únicamente sobre el 15M el peso de la iniciativa puesto que para ello ya existen sindicatos, y colectivos que llevan años realizando esa labor. Sin embargo, no debe olvidar la denuncia original que salió de las gargantas de millones de personas: vivimos bajo un sistema partitocrático que debe ser combatido en todas sus formas porque es el único camino para derribar el sistema capitalista que nos ha llevado hasta aquí.

Imprimir

miércoles, 9 de mayo de 2012

LA REPRESIÓN DE LA PROTESTA

A pasos agigantados se desvanece el sueño prometido del Estado del Bienestar y con él, el espejismo que hizo soñar a mucha gente con una vida de comodidades y pequeños lujos. Eso sí, a costa del sufrimiento de millones de seres humanos y de la madre Tierra y, a cambio de endeudar su alma y relegar a su intelecto a un estado de vegetación perpetua.

Como siempre pasa con los sueños que vivimos plácidamente, el despertar está siendo lento y dificultoso. Nos cuesta abrir los ojos porque nos negamos a aceptar que la realidad que nos aguarda es terriblemente dolorosa y va a sacudir hasta el último pedazo de esa falsa felicidad que hemos experimentado durante largo tiempo. Sin embargo, es mucha la gente que se ha desperezado en los últimos meses y que junto a los que siempre se han mantenido alerta han iniciado ese lento despertar. Pero el retomar la conciencia nunca ha sido fácil y menos cuando para ello hay que renunciar a un sistema de valores firmemente inculcado por años de lavado de cerebro, perpetrado a través de un aparato propagandístico, en manos del Estado y el Capital, fuertemente asentado en el sistema educativo y en una producción cultural de masas totalmente desposeída de criticismo.

A pesar de todo, las personas despertamos y empezamos a darnos cuenta de qué entiende el poder por Bienestar y para quién lo tiene reservado.

Toda esta oleada de gente despierta ha traído nuevas estrategias de lucha y ha retomado formas de organización que habían quedado relegadas por los “movimientos contestatarios oficiales”. Es precisamente una de estas estrategias la que ha provocado el desconcierto en el poder: el uso de la no violencia como arma de protesta.

El Estado, siempre atento a cualquier tipo de contestación, desde tiempo inmemoriales ha preferido la oposición violenta que justificaba por sí sola la dura represión a ojos de un pueblo adormecido y temeroso que aplaudía, sin dudar, las acciones represivas contra aquellos que eran expuestos como enemigos del Estado (por tanto, en la lógica y lenguaje del poder, enemigos de la paz).

La resistencia pacífica ha significado un tremendo problema para el poder, quien ha tardado largos meses en responder a este desafío lanzado por el pueblo consciente de que ésta es la vía más legítima de lucha y teniendo claro que la violencia es el verdadero monopolio del Estado.

El miedo a la verdad, el miedo al resurgir de la conciencia que tiene el poder es directamente proporcional a la respuesta dada frente a la toma de la calle.

La dictadura capitalista ha decidido quitarse las pocas vendas que todavía le tapaban la cara y ha dado un paso al frente para dejar bien claro cuáles son las prioridades por las que trabaja. Frente a un pueblo que reclama de forma no violenta recuperar las riendas de su destino esta es su repuesta:

- Afirmar que los gastos esenciales para el Estado son el militar, el represivo-policial y el penitenciario. No hay recortes para estas partidas. Qué diferencia con aquello que la inmensa mayoría de las personas estimamos como fundamental: sanidad, educación, vivienda, servicios sociales... Por poner sólo un ejemplo, han iniciado el desmantelamiento del sistema de salud público porque consideran insostenible la supuesta deuda de 15 mil millones de euros que mantiene. Sin embargo, el Ministerio de la Guerra (de defensa) tiene una deuda superior a los 32 mil millones de euros y aquí no se desmantela nada. Es más, se sigue invirtiendo en máquinas de guerra como la fragata F-105 (con un coste que ronda ya los mil millones de euros y subiendo) que será entregada este verano al ejército español. También se sigue invirtiendo en armamento anti-personas para la policía y en el descomunal negocio de las macro cárceles como ya veníamos diciendo con anterioridad.

- Criminalizar a toda persona que decida dar la cara y ponerse al frente de cualquier movilización. La excusa oficial dice que convocar actos violentos (incluso vía internet) se tipifica como un delito y puede acarrear penas de dos años de cárcel, el conocimiento real de la situación dice que cualquier acto convocado puede convertirse en violento por obra y gracia de los cuerpos represivos del Estado (sólo hay que recordar la cantidad de veces que hemos visto policías infiltrados provocando la violencia por doquier, o policías de uniforme haciendo lo mismo).

- Equipar resistencia pacífica con terrorismo. Dejando, de esta manera, a la gente sin capacidad de maniobra para reclamar todo aquello que les ha sido expoliado por parte del poder. Tiran el señuelo para que todos aquellos que quieran protestar opten por la violencia ya que sale igual de cara (penalmente al menos) que la resistencia pacífica y la desobediencia civil y así tienen la excusa perfecta para instalar definitivamente al ejército y la policía en la calle.

- Facilitar la información policial a empresas privadas. A partir de ahora cualquier empresa privada de seguridad (todas, hasta las dirigidas por declarados fascistas) tendrán acceso a nuestros datos personales facilitados por la policía (según ellos por nuestra seguridad, según nosotros para nuestro control y sometimiento). Esto implica, como mínimo, un par de cosas bastante graves. Uno, cualquier empresa privada de seguridad dispondrá de datos hasta ahora personales e intransferibles pudiendo de esta forma someter a vigilancia y control extenuantes a cualquier persona que consideren su enemigo. Imaginaos que puede hacer, por ejemplo, Levantina de seguridad (dirigida por José Luís Roberto presidente del partido fascista España 2000) con datos personales a su disposición de cualquier persona. Dos, grupos empresariales como Eulen tienen empresas en diversos sectores (incluido la seguridad privada) con toda esa información disponible las selecciones para puestos de trabajo pueden convertirse en auténticas cazas de brujas.

- Infundir el miedo a través de la delación. El poder tiene claro que la unión de las personas es su peor enemigo y, por eso, emplea estrategias como ésta para evitar esa unión. Recurren a la delación como fórmula del éxito para desatar el odio entre iguales aprovechando la mezquina educación que el sistema nos inculca. El próximo paso, quién sabe, será ofrecer recompensas económicas.


La escalada hacia una sociedad totalmente controlada bajo un régimen policial continúa su camino ascendente a toda velocidad, sin embargo, es el deber de todas las personas concienciadas no dejarse amilanar frente a estas agresiones y seguir en pie la lucha por aquello que consideramos justo.

Nada de esto detendrá el proceso inexorable de cambio que se ha iniciado. A cada nueva medida tomada por el poder, la gente responderá con mayor lucha, puesto que todas estas medidas sólo sirven para reafirmar la idea que hace mucho tiempo que fluye por las calles de todo el mundo: lo llaman democracia y no lo es.

Imprimir