viernes, 15 de junio de 2012

NOS HAN RESCATADO (sin embargo cada día nos ahogamos más)

Cerca del 30% de la población del Estado viviendo por debajo del umbral de la pobreza. Millones de personas a las que se les niega la oportunidad de ser poco menos que esclavizadas a cambio de un salario que les permita malvivir. Miles de familias despojadas de su vivienda y abandonadas a su suerte. Cientos de miles de seres humanos a los que se les niega la asistencia médica gratuita. Miles de personas, sobre todo gente mayor, estafadas y robadas por la banca. Millones y millones de personas obligadas a dar gracias cada día por tener la inmensa suerte de trabajar y poder malvivir día a día con la incógnita de no saber qué pasará al día siguiente.
Frente a esta situación que es infinitamente más dramática de lo que describen estas líneas, llevamos días oyendo que nos han rescatado (bueno que han rescatado a la banca pero por lo que parece en los últimos años decir banca es decir pueblo). Nos han rescatado, sin embargo cada día nos ahogamos más.
A estas alturas, la mayoría de personas con un mínimo de inteligencia lo tenemos claro, aún así hay que decirlo alto y claro: esto no es un rescate más que para los grandes capitalistas que nuevamente se apropian de las ganancias del pueblo mediante leyes que ellos mismos promueven a través de sus instituciones democráticas. Ni siquiera es el primer rescate a la banca puesto que a estas alturas ya llevamos una cifra mucho mayor inyectada en los bancos. 
De hecho esto es una práctica habitual del sistema. Durante años se ha regalado dinero público a la banca privada a cambio de nada, y no sólo a la banca sino que también se ha hecho con todo tipo de empresas que en su día fueron públicas y se regalaron al mejor postor para posteriormente convertirlas en poderosas multinacionales gracias al dinero, el trabajo y las leyes puestas a su servicio por los diferentes gobiernos de la nación.
El resultado de estas tropelías siempre ha sido y seguirá siendo el mismo: traspaso de recursos públicos a la empresa privada y pérdida de derechos sociales y laborales para el pueblo.

Este mecanismo engrasado siempre ha funcionado gracias al buen hacer de los políticos, cada uno en su papel. En todo el espectro político parlamentario oímos esos falsos discursos en contra o a favor de estas políticas dependiendo del momento. Todos estos discursos siempre tienen un elemento en común, jamás cuestionan la esencia misma del sistema y varían entre la depravante honestidad de un Rajoy presentando como un éxito absoluto el rescate financiero (no hay que dudar de que desde su punto de vista y de lo que él defiende lo es) y la increíble desvergüenza de la izquierda radical que se opone al rescate pero ve imprescindible el no dejar caer a los bancos.
A estos discursos políticos van unidos sus correspondientes discursos periodísticos que amplifican hasta la desfachatez las ideas de este régimen partitocrático y manteniendo a la inmensa mayoría de la población en un estado semicatatónico que se encargan de redondear con las innumerables “gestas” deportivas de unos supuestos compatriotas que se dedican a estafar al fisco y a vivir del cuento.
Tampoco hay que olvidar el silencio absoluto de los llamados agentes sociales que en todo este tema del rescate a la banca prefieren no pronunciarse. No sea caso que les cierren el grifo y se les acabe el chollo.

Pasados varios días del rescate, la verdad se hace evidente. Los datos macroeconómicos que manejan todos estos embusteros que nos gobiernan, indican que la situación empeora día a día y que ya hemos rebasado el borde del abismo. Más bien estamos a punto de estamparnos contra el fondo.
Es hora de exigir explicaciones y responsabilidades a todos aquellos estafadores y criminales que durante largo tiempo han aprovechado sus posiciones de poder para enriquecerse a costa del restos de personas que hemos ido viendo y aceptando esto como si fuera lo más normal del mundo mientras vivíamos dentro de una burbuja de cristal cimentada en el autoengaño inducido por la propaganda oficial de un sistema que a excepción de unos pocos nos deslumbraba a todo el mundo.
Pero sobre todo es hora de autoexigirnos acción y conciencia de cambio. Debemos estar totalmente convencidos y asumir que esos cambios que muchas veces proclamamos de boquilla significan un giro radical en nuestra forma de vivir y relacionarnos, necesitamos ser conscientes de que el camino va a ser muy duro pero, también, de que es imprescindible caminarlo.

domingo, 3 de junio de 2012

ESPAÑA OFICIALIZA SU POSICIÓN COMO TRAFICANTE DE ARMAS

Como es sabido España es uno de los mayores traficantes (perdón, quería decir vendedores) de armas del mundo. En los últimos años ha consolidado esta posición de honor en este asqueroso ranking.

Tan sólo el pasado año vendió armamento por valor de 2400 millones de euros, doblando de esta manera el global de ventas de 2010 y aupando al Estado Español a la séptima posición mundial. Este espectacular incremento en los beneficios del negocio de la muerte se debe a varios factores:

-        Por un lado,  enemos el afinado sentido del negocio de la clase política de este país que no ha dejado pasar la oportunidad de las diferentes revueltas tanto en los países árabes como en Europa para aumentar el negocio pasándose toda legalidad vigente que prohíbe la venta de armas a países en conflicto (en el caso español esto no es ninguna novedad)

-        Por otra parte, está el increíble apoyo económico que recibe la industria de la muerte en España por parte de la banca (ese mismo sistema al que el pueblo tenemos que rescatar y que, entre otras cosas, invierte nuestro dinero en muerte). Nada nos sorprende de esta gentuza que ya hace muchísimo tiempo que descubrieron que el mayor negocio está en el sufrimiento de los seres humanos y vemos como día tras día aplican esta máxima en todo el espectro de la sociedad. Roban y estafan a cientos de miles de personas con ese gran timo llamado participaciones preferentes, echan a la calle a cientos de miles de personas privándoles de sus hogares amparados por las fuerzas represores policiales y judiciales, financian a transnacionales que explotan sin piedad los recursos del planeta y a millones de niños por todo el mundo, sustentan guerras y pobreza inyectando dinero en la compra venta de armamento y lavando el dinero proveniente de este tráfico, así como de cualquier tipo de negocio que supone la degradación y la explotación del ser humano (comercio de personas, drogas,…)

-        Finalmente, tenemos el inestimable apoyo del Gobierno Español que durante la última década ha “prestado” (lo pongo entrecomillado porque ya sabemos todos como son estos créditos: os damos el dinero y no hace falta que nos lo devolváis, ya si eso luego nos dais un cargo en la empresa y listo) más de 14.000 millones de euros para facilitar estas ventas y abrir nuevas oportunidades de negocio. No hace falta decir que da igual el partido que esté en el Gobierno para que este tipo de políticas se hayan llevado adelante. Dentro de esta línea de apoyo a la industria de la muerte el Estado ha dado un paso más con el Real Decreto 19/2012

Este decreto describe las medidas urgentes de liberalización del comercio y de determinados servicios y, entre otras desagradables sorpresas, oficializa un nuevo mecanismo de apoyo a la venta de armamento. Al parecer, la labor llevada a cabo hasta la fecha por el Gobierno español no era suficiente (traspasando información y dinero a las empresas del sector, facilitando consultoría y negociaciones a través de la Isdefe  y  garantizando la total opacidad de las operaciones clasificando como secretos de estado las actas de la JIMDU) y a partir de ahora será el propio Ministerio de la Guerra (de Defensa según la versión oficial) el que podrá firmar los contratos de venta de armas. De esta forma, el Estado español (es decir, todas las personas que vivimos aquí) será el garante de las operaciones de venta de instrumentos de muerte y el que responderá en caso de incumplimiento de esos contratos. No es de extrañar esta nueva medida de apoyo a la industria armamentística teniendo en cuenta el personaje que tenemos como ministro de defensa.

Frente a las políticas de austeridad impuestas a la ciudadanía, vemos como una vez más, los sectores considerados como fundamentales para el Estado se ven beneficiados por las políticas benevolentes y paternalistas del Gobierno. En este caso, blindamos la industria de la muerte a pesar de saber que con ello sólo beneficiamos a unos cuantos inversionistas y, por el contrario, condenamos a miles de personas a la miseria, la humillación y la muerte. Eso sí con armas made in Spain.
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miércoles, 23 de mayo de 2012

UN AÑO DE 15M


Ha transcurrido un año ya desde que empezara el denominado Movimiento 15M o de las Indignadas. Sé que se ha escrito muchísimo al respecto pero como ha sido un periodo de tiempo muy intenso en lo personal, no quiero dejar pasar la oportunidad de hacer una valoración desde mi propia experiencia.

Vaya por delante que jamás me había visto involucrado en un acontecimiento tan masivo en el que el ánimo imperante era el de una “revolución ética y social” (lo pongo entre comillas porque con el paso del tiempo he ido descubriendo que eso era el sentir de muchas de las compañeras, pero pronto se vio relegado por la urgencia y el discurso economicista de una parte de las personas que ha acabado por convertirse en el discurso dominante en la mayoría de las Asambleas).

Sin lugar a dudas y a pesar de la gran cantidad de críticas que ha recibido el 15M, tanto desde la derecha como de la izquierda (la que dice ser la verdadera) debo mencionar varios aspectos muy positivos que son con los que personalmente me quedo:

- La recuperación de las plazas como espacio público de verdad. Se ha traslado el debate y la formación política a la calle devolviéndole su condición de ágora popular. La naturaleza del 15M como espacio de encuentro ha permitido iniciar el camino de la superación de la atomización de la sociedad y fortalecer el aspecto más social de las personas. Asimismo, ha atraído al compromiso político a muchas personas que anteriormente vivían totalmente ajenas a esa esfera fundamental de la esencia humana.

- La adopción de la asamblea como forma de organización popular. Soy consciente que la mayoría de las asambleas que se han producido en las diferentes plazas distan mucho del ideal asambleario fundamentado en la reflexión e implicación personal y en la confianza y el apoyo entre sus miembros. Sin embargo, el sólo hecho de hacer propio este mecanismo como el más justo para la expresión política tiene un valor por sí mismo. Hemos reconocido que todas las voces son importantes y que la única representación verdadera es la de uno mismo.

- El contacto personal con muchas personas partidarias de una verdadera revolución ética que ha permitido compartir conocimientos e informaciones que, sin duda, me ayudan en mi autoformación del conocimiento. Estos contactos dan una nueva dimensión al lado social de las personas y han dado lugar a fantásticas conversaciones y acciones que me han ayudado a crecer como persona.

Como en toda valoración, hay una parte menos positiva del asunto. En este caso es más una idea global, poco definida pero que se sustenta en la falta de compromiso ético y personal por parte de muchas personas.

Esto no va de juzgar a nadie, puesto que cada una conoce sus circunstancias mejor que nadie, pero algo que me ha desanimado bastante a lo largo de este año ha sido el constante goteo de gente que abandonaba las plazas, quiero pensar que por motivos múltiples, pero que, al fin y al cabo, decidían dejar ese camino tan ilusionante que se iniciaba hace un año.

No puedo quejarme, era de esperar. Salvo honrosas excepciones que decidieron dejar las plazas para continuar la lucha desde sus anteriores posiciones en multitud de colectivos (la mayoría ante la pérdida de ilusión tras las primeras deserciones. Otros, los menos, tras comprobar que nada podían sacar en beneficio de sus luchas particulares) la mayoría de gente se desinfló al comprobar que nada había cambiado tras un par de meses de intensa actividad. Vivir en la sociedad de la inmediatez tiene estos inconvenientes, estamos tan acostumbrados a tenerlo todo rápidamente y casi sin esfuerzo que el menor inconveniente nos tira para atrás. La ingenuidad de los que pensaban cambiar el mundo en dos días dejó las plazas medio vacías, sin embargo, la gente consciente ha comprendido que esto es una carrera de fondo y ha sabido mantener y agrandar el trabajo realizado desde las Asambleas.

Otra cuestión a destacar ha sido el desmesurado activismo que ha acabado por quemar a mucha gente y ha diluido las fuerzas en un sin fin de proyectos “alternativos”.

Finalmente, quiero acabar dando mi opinión sobre el futuro más inmediato de lo que me gustaría fuera el 15M.

La principal tarea que debe ocuparnos es continuar con la autoformación y expansión del conocimiento crítico y del ser político. Sólo con personas conscientes y críticas con el sistema vigente será posible iniciar el verdadero camino hacia esa ansiada revolución ética. Por supuesto, no hay que dejar de lado el aspecto reivindicativo pero no debe recaer únicamente sobre el 15M el peso de la iniciativa puesto que para ello ya existen sindicatos, y colectivos que llevan años realizando esa labor. Sin embargo, no debe olvidar la denuncia original que salió de las gargantas de millones de personas: vivimos bajo un sistema partitocrático que debe ser combatido en todas sus formas porque es el único camino para derribar el sistema capitalista que nos ha llevado hasta aquí.

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miércoles, 9 de mayo de 2012

LA REPRESIÓN DE LA PROTESTA

A pasos agigantados se desvanece el sueño prometido del Estado del Bienestar y con él, el espejismo que hizo soñar a mucha gente con una vida de comodidades y pequeños lujos. Eso sí, a costa del sufrimiento de millones de seres humanos y de la madre Tierra y, a cambio de endeudar su alma y relegar a su intelecto a un estado de vegetación perpetua.

Como siempre pasa con los sueños que vivimos plácidamente, el despertar está siendo lento y dificultoso. Nos cuesta abrir los ojos porque nos negamos a aceptar que la realidad que nos aguarda es terriblemente dolorosa y va a sacudir hasta el último pedazo de esa falsa felicidad que hemos experimentado durante largo tiempo. Sin embargo, es mucha la gente que se ha desperezado en los últimos meses y que junto a los que siempre se han mantenido alerta han iniciado ese lento despertar. Pero el retomar la conciencia nunca ha sido fácil y menos cuando para ello hay que renunciar a un sistema de valores firmemente inculcado por años de lavado de cerebro, perpetrado a través de un aparato propagandístico, en manos del Estado y el Capital, fuertemente asentado en el sistema educativo y en una producción cultural de masas totalmente desposeída de criticismo.

A pesar de todo, las personas despertamos y empezamos a darnos cuenta de qué entiende el poder por Bienestar y para quién lo tiene reservado.

Toda esta oleada de gente despierta ha traído nuevas estrategias de lucha y ha retomado formas de organización que habían quedado relegadas por los “movimientos contestatarios oficiales”. Es precisamente una de estas estrategias la que ha provocado el desconcierto en el poder: el uso de la no violencia como arma de protesta.

El Estado, siempre atento a cualquier tipo de contestación, desde tiempo inmemoriales ha preferido la oposición violenta que justificaba por sí sola la dura represión a ojos de un pueblo adormecido y temeroso que aplaudía, sin dudar, las acciones represivas contra aquellos que eran expuestos como enemigos del Estado (por tanto, en la lógica y lenguaje del poder, enemigos de la paz).

La resistencia pacífica ha significado un tremendo problema para el poder, quien ha tardado largos meses en responder a este desafío lanzado por el pueblo consciente de que ésta es la vía más legítima de lucha y teniendo claro que la violencia es el verdadero monopolio del Estado.

El miedo a la verdad, el miedo al resurgir de la conciencia que tiene el poder es directamente proporcional a la respuesta dada frente a la toma de la calle.

La dictadura capitalista ha decidido quitarse las pocas vendas que todavía le tapaban la cara y ha dado un paso al frente para dejar bien claro cuáles son las prioridades por las que trabaja. Frente a un pueblo que reclama de forma no violenta recuperar las riendas de su destino esta es su repuesta:

- Afirmar que los gastos esenciales para el Estado son el militar, el represivo-policial y el penitenciario. No hay recortes para estas partidas. Qué diferencia con aquello que la inmensa mayoría de las personas estimamos como fundamental: sanidad, educación, vivienda, servicios sociales... Por poner sólo un ejemplo, han iniciado el desmantelamiento del sistema de salud público porque consideran insostenible la supuesta deuda de 15 mil millones de euros que mantiene. Sin embargo, el Ministerio de la Guerra (de defensa) tiene una deuda superior a los 32 mil millones de euros y aquí no se desmantela nada. Es más, se sigue invirtiendo en máquinas de guerra como la fragata F-105 (con un coste que ronda ya los mil millones de euros y subiendo) que será entregada este verano al ejército español. También se sigue invirtiendo en armamento anti-personas para la policía y en el descomunal negocio de las macro cárceles como ya veníamos diciendo con anterioridad.

- Criminalizar a toda persona que decida dar la cara y ponerse al frente de cualquier movilización. La excusa oficial dice que convocar actos violentos (incluso vía internet) se tipifica como un delito y puede acarrear penas de dos años de cárcel, el conocimiento real de la situación dice que cualquier acto convocado puede convertirse en violento por obra y gracia de los cuerpos represivos del Estado (sólo hay que recordar la cantidad de veces que hemos visto policías infiltrados provocando la violencia por doquier, o policías de uniforme haciendo lo mismo).

- Equipar resistencia pacífica con terrorismo. Dejando, de esta manera, a la gente sin capacidad de maniobra para reclamar todo aquello que les ha sido expoliado por parte del poder. Tiran el señuelo para que todos aquellos que quieran protestar opten por la violencia ya que sale igual de cara (penalmente al menos) que la resistencia pacífica y la desobediencia civil y así tienen la excusa perfecta para instalar definitivamente al ejército y la policía en la calle.

- Facilitar la información policial a empresas privadas. A partir de ahora cualquier empresa privada de seguridad (todas, hasta las dirigidas por declarados fascistas) tendrán acceso a nuestros datos personales facilitados por la policía (según ellos por nuestra seguridad, según nosotros para nuestro control y sometimiento). Esto implica, como mínimo, un par de cosas bastante graves. Uno, cualquier empresa privada de seguridad dispondrá de datos hasta ahora personales e intransferibles pudiendo de esta forma someter a vigilancia y control extenuantes a cualquier persona que consideren su enemigo. Imaginaos que puede hacer, por ejemplo, Levantina de seguridad (dirigida por José Luís Roberto presidente del partido fascista España 2000) con datos personales a su disposición de cualquier persona. Dos, grupos empresariales como Eulen tienen empresas en diversos sectores (incluido la seguridad privada) con toda esa información disponible las selecciones para puestos de trabajo pueden convertirse en auténticas cazas de brujas.

- Infundir el miedo a través de la delación. El poder tiene claro que la unión de las personas es su peor enemigo y, por eso, emplea estrategias como ésta para evitar esa unión. Recurren a la delación como fórmula del éxito para desatar el odio entre iguales aprovechando la mezquina educación que el sistema nos inculca. El próximo paso, quién sabe, será ofrecer recompensas económicas.


La escalada hacia una sociedad totalmente controlada bajo un régimen policial continúa su camino ascendente a toda velocidad, sin embargo, es el deber de todas las personas concienciadas no dejarse amilanar frente a estas agresiones y seguir en pie la lucha por aquello que consideramos justo.

Nada de esto detendrá el proceso inexorable de cambio que se ha iniciado. A cada nueva medida tomada por el poder, la gente responderá con mayor lucha, puesto que todas estas medidas sólo sirven para reafirmar la idea que hace mucho tiempo que fluye por las calles de todo el mundo: lo llaman democracia y no lo es.

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martes, 10 de abril de 2012

CONCIENCIA CRÍTICA

Vivimos en tiempos en los que todo el mundo cree poseer la verdad absoluta y todas las respuestas; cuando lo cierto es que apenas somos capaces de vislumbrar el nivel de manipulación a la que somos sometidos por parte de todos los medios al alcance del sistema.
En momentos como el actual, la construcción de una conciencia crítica es la labor fundamental y un paso imprescindible para poder auto edificarnos como personas capaces de emprender un verdadero proceso revolucionario.
Ese desarrollo de la conciencia crítica personal y de su evolución y organización en lo colectivo es el objetivo fundamental que debemos alcanzar en las presentes circunstancias.

Éste debe ser el camino que nos lleve a hacer realidad uno de los lemas más repetidos alrededor de todo el planeta: “el pueblo unido jamás será vencido”.

Debemos empezar a construir los cimientos de esa unión desde el trabajo personal y convivencial, necesitamos relaciones humanas fundamentadas en el amor y el mutuo servicio, que maximicen las actividades de cooperación y las relaciones directas entre los seres humanos sin dinero (o con uso mínimo de él). Es a partir de estas premisas, desde donde podemos iniciar esa unión que nos hará invencibles.
Estamos inmersos en un mundo que nos ha diseñado para la desconfianza y el egoísmo y si no somos capaces de empezar esa carrera de fondo que supone el auto construirnos fuera de la lógica que impera en el modelo capitalista, difícilmente podemos esperar ningún cambio verdaderamente revolucionario, a lo sumo conseguiremos “pequeñas victorias” en luchas aisladas que, en el mejor de los casos, nos dejaran la conciencia tranquila durante una temporada.

La verdadera meta de cualquier proceso revolucionario es, o por lo menos debería ser, la libertad en su sentido más amplio (de conciencia, política y civil). Por tanto, es imprescindible que la unión del pueblo se haga con absoluta libertad, es decir, al margen de relaciones de poder y jerarquías.
Para ello, todo el mundo debe dar un paso al frente y reconocer que no existe la verdad absoluta en ninguna ideología y que la solución no va a venir de la mano de ningún pensamiento político preestablecido, hay que ser conscientes de que es imprescindible la superación de los dogmas ideológicos.
Ni las “ideologías clásicas” (anarquismo, comunismo, socialismo,…) con todas sus variantes, ni las luchas más o menos recientes como el antidesarrollismo, por el decrecimiento,… tienen la solución a los terribles problemas que afrontamos los seres humanos.

El camino sería (desde luego en mi opinión) que todas las personas que aborrecen la falta de libertad y la dictadura (tenga ésta la forma que tenga) y aboguen por una verdadera democracia se unieran y cooperaran en base a esa conciencia crítica y transformadora de la que hablábamos teniendo claro que no es necesario adscribirse a ninguna corriente ideológica para luchar por la libertad. Las formas de cooperación surgirían de manera natural al partir de una base tan fundamental como difícil de asumir en los tiempos que corren: no hay justificación para la desigualdad y, por tanto, todas debemos ser partícipes de manera activa en la toma de decisiones y en su ejecución.

Esto supone algunas cuestiones que debemos tener presentes:

-        Los movimientos anarquistas deben flexibilizar sus posiciones de manera que sea posible el trabajo común y desinteresado con el mayor número de personas. No se trata de renunciar a nada, simplemente de ir a la esencia de las cosas y reflexionar acerca de la posibilidad de universalizar la lucha por la libertad. En muchísimas ocasiones, el apego a los dogmas hacen imposible ver que diferentes movimientos luchan por los mismos objetivos.

-        La Vieja Izquierda debería de una vez por todas renunciar a la idea de la toma del poder para conseguir los cambios. Seamos sinceros, jamás la toma del poder trajo consigo una sociedad libre. En el mejor de los casos, contuvo al capital y propició una mejora en las condiciones de vida de muchos de sus ciudadanos. En una gran parte de los casos, instauró dictaduras capitalistas en nombre de los Estados. La lucha por la libertad es incompatible con las estructuras jerárquicas y los aparatos de partido y esto es algo a lo que las personas debemos estar dispuestas a renunciar para emprender el camino de la conciencia crítica.

-        Los movimientos sociales de nuevo cuño no pueden desdeñar la experiencia sin duda atesorada por aquellas personas que llevan décadas luchando por la justicia social (desde la óptica que sea) y deben aprovechar toda esa información para integrarla en sus postulados. Tampoco deben creer que son la panacea (posición habitual a la vista de los resultados obtenidos por los anteriores) puesto que, como hemos dicho, sólo tras la superación de personalismos y dogmas ideológicos empezaremos a construirnos como personas conscientes.

Es por todo esto que en la actualidad, la auto-organización horizontal para hacer avanzar el nivel y grado de conciencia es, en las actuales condiciones, la labor fundamental. Sólo con el trabajo desinteresado de todas las personas se puede iniciar el camino de una verdadera revolución social.
Porque no nos engañemos, todavía no estamos viviendo tiempos revolucionarios por mucho que los medios de desinformación y adoctrinamiento nos lo quieran vender así, y es en este tipo de situaciones no revolucionarias cuando la construcción del futuro sujeto histórico, por medio del desarrollo del factor consciente, es la principal y más importante de las tareas.

Una vez conseguido esto estaremos (o lo estarán futuras generaciones) en condiciones de iniciar un verdadero proceso revolucionario cuya meta no puede ni debe ser instaurar ningún otro orden político, social y económico; sino simplemente hacer real la libertad de conciencia, política y civil, por dos procedimientos: a) derribando lo que hay de liberticida en el sistema vigente y b) constituyendo garantías de toda índole para que la libertad pueda mantenerse en contra de sus enemigos.

lunes, 26 de marzo de 2012

29M HUELGA GENERAL

A pocos días de la jornada de huelga general vemos que, una vez más, todo parece indicar que el planteamiento simplista de los sindicatos mayoritarios no convence a muchas personas. Digo simplista por multitud de razones que requieren de diferentes líneas de análisis y comentarios y que yo no me veo con ganas de hacer, pero sí quiero decir algunas cosas al respecto:

- Como siempre la convocatoria llega tarde y responde a dos factores principales: por un lado, necesitan justificarse ante la mayoría de sus afiliados que llevan reclamando la huelga desde hace tiempo. Por otro lado, no podían permitir que les volviera a pasar como en la última huelga general donde los sindicatos vascos y gallegos ya se les adelantaron y les dejaron en ridículo (cosa que no es nada difícil).

- Antes de que el Gobierno firmara la ley que oficializa el terrorismo empresarial, más conocida como reforma laboral, estos sindicatos firmaron junto a la Patronal el “pacto por el empleo” que es un hermano pequeño de esta reforma y que ellos dieron por buena. También los servicios mínimos pactados y que han sido considerados como estupendos son un claro obstáculo para ejercer el derecho a la huelga y más bien parecen una nueva bajada de pantalones.

- No han querido escuchar las múltiples voces que se han levantado en las calles y plazas de todo el Estado que llevan mucho tiempo reclamando una huelga general (mucho más combativa que la convocada, pero bueno), arrogándose la voz de los trabajadores sin tener en cuenta a la mayoría de ellos.

- Tienen un funcionamiento interno tan poco democrático y tan parecido al de las grandes empresas, con las que tantas veces coinciden. Al igual que cualquier empresa es la junta directiva la que decide lo que se hace siempre buscando el máximo beneficio para ellos mismos sin contar con los trabajadores (en este caso los afiliados, aunque también hay mucho trabajador asalariado en los sindicatos). Estas decisiones implican despidos masivos cuando los beneficios económicos se resienten.

Todas estas cuestiones y muchas otras junto a un historial de pactos entreguistas con la patronal empresarial y los sucesivos gobiernos han dejado la credibilidad de estos sindicatos bajo mínimos, hasta el punto que ni siquiera se pueden aferrar a la afiliciación puesto que ésta baja cada día que pasa y ya no representa un número significativo de trabajadores.

Baste decir para cerrar el tema que muchos de los delegados sindicales y miembros de comités de empresa de estos dos sindicatos no van a secundar la huelga (en conversaciones personales me han asegurado que no sirve para nada y que no quieren que les descuenten el día de trabajo).

Hasta aquí mi rechazo a los sindicatos mayoritarios y su forma de entender y hacer sindicalismo (simple negocio de subvenciones y beneficios)


A partir de aquí, los motivos que me llevan a secundar la huelga general y a animar a todo aquel que me quiera escuchar a hacer lo mismo.

Coincido con aquellos que opinan que una huelga de un día no sirve de mucho y menos si no cuenta con el apoyo masivo de la ciudadanía pero este argumento no es suficiente para rechazar la oportunidad de salir a la calle a reclamar y luchar por lo que es justo. Es cierto que la lucha por la justicia social no se circunscribe a un solo día pero no hay que desaprovechar la ocasión en la que mucha gente saldrá a la calle, aunque no secunden la huelga irán a las manifestaciones convocadas y ahí debemos estar para protestar y para concienciar. Concienciar a todas aquellas personas que todavía siguen a remolque de las convocatorias sindicales y de las informaciones de unos medios de desinformación que nos indican en qué momento hay que protestar y por qué motivos.

Solamente, tal y como dicen los sindicatos mayoritarios, una reforma laboral que nos condena a la precariedad más absoluta y nos encamina a la esclavitud laboral al suprimir todo vestigio de derechos laborales que pudieran quedar junto a unas políticas de recortes en todos los servicios públicos son razones más que sobradas.

Ha pasado año y medio desde la última vez y sigo pensando lo mismo:
Esta huelga es algo más que disconformidad con unas decisiones gubernamentales. Debe ser la expresión de un rechazo unánime contra un sistema capitalista que exprime hasta el último aliento a las personas para luego condenarlas a una vida de miseria y a una muerte lenta y dolorosa.

Esta huelga es contra todos aquellos tiranos que, al frente de sus grandes empresas, sólo sienten la preocupación de haber ganado un 5% menos de lo esperado sin tener ningún reparo en matar de hambre a millones de personas. Es contra todos aquellos banqueros sin escrúpulos que arruinan a millones de trabajadores del llamado primer mundo y luego dedican sus beneficios a la fabricación de armas para poder aniquilar al resto del planeta. Es contra aquellos políticos que nunca han sabido lo que significa ejercer esa profesión y sólo se han dedicado a arrimarse al árbol que más sombra les ha hecho y, por supuesto, más dinero les ha ofrecido. Es contra todos aquellos periodistas que desconocen el valor del verbo informar y han optado por servir al poder repitiendo una y otra vez su mensaje hasta conseguir convertirlo en dogma de fe. Es contra todas aquellas instituciones que nacieron con el propósito de servir a la humanidad y acabaron confundiendo los términos y se dedican a servir al capital haciéndonos creer que eso es precisamente lo que la humanidad necesita. Es contra todos aquellos que creen que la verdadera razón reside en la fuerza y se dedican a imponer su verdad con las armas alrededor del mundo, sembrando muerte y desesperanza allá por donde pasan.

Pero, sobre todo, es contra nosotros mismos. Contra nuestra apatía y nuestra pasividad ante todo lo que sucede a nuestro alrededor. Contra nuestra manera cobarde de no afrontar la verdad y refugiarnos en un mundo de fantasía que nos han fabricado para ese propósito. Es contra todos los que pensamos que tenemos suerte de vivir tan bien como vivimos, contra todos los que no hemos aprendido nada de la historia, contra todos los que nos sentimos satisfechos pagando cuotas a cambio de caridad, en definitiva, contra todos los que sabemos que el mundo no camina en la dirección correcta y seguimos día a día viendo el televisor idiotizándonos un poco más a cada momento.

Esta huelga debería ser el principio de una nueva manera de pensar y actuar, debería servir para dejar de lado el miedo a perder la vida que llevamos porque esta vida no nos pertenece a nosotros sino que pertenece a ese sistema que tan bien nos la ha diseñado.

Porque este momento es el de la rebelión, el de decir que hasta aquí hemos llegado y que con nosotros no cuenten. Así que desde aquí les digo a los señores financieros, políticos, directivos, militares, medios de desinformación y demás piezas del sistema que hasta aquí hemos llegado, yo me apeo y, desde ya, no pienso permanecer callado y sumiso, no voy a seguir su juego y no voy a dejar de protestar hasta que su criminal sistema capitalista desaparezca.

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sábado, 3 de marzo de 2012

REFLEXIÓN SOBRE EL SENTIDO DE LA LUCHA

Un simple vistazo al panorama político-social que nos rodea en esta decadente sociedad nos ofrece una perspectiva desoladora.

El actual sistema encauza al ser humano hacia la eterna esclavitud y sometimiento a la esfera económica y, por tanto, a la dependencia del trabajo asalariado (al precio que sea) como único modo de vida. Ante esta perspectiva nos lanzamos a las calles cientos de miles de personas protestando y mostrando nuestro absoluto desacuerdo con unas políticas que cada vez más nos encaminan a la negación de todo aquello que significa ser humanos, es decir, al embrutecimiento de las personas hasta ponernos al borde de la incultura y perfectamente preparados para acabar los unos con los otros con tal de sobrevivir.

Sin embargo, siendo sinceros, la mayoría de las protestas van dirigidas contra cuestiones específicas que, en el fondo, podríamos resumir en la vuelta a un estado anterior de la situación. La verdad es que nos han condenado a la eterna esclavitud y contra esto nos conformamos con exigir la simple promesa de que todo vuelva a ser como antes, cuando todos éramos felices.

A pesar de que este tipo de protestas son menudencias para los actuales Estados y sus socios capitalistas, no han desaprovechado la oportunidad para enseñar los dientes y morder sin mayores reparos. Eso sí, sólo muerden en aquellas protestas organizadas fuera de los cauces que ellos controlan, seguramente en un intento de amedrentar cualquier intento de organización espontánea que pudiera cuajar al margen de sindicatos oficialistas y partidos habituales de la oposición (peones todos ellos igual de importantes en este juego).

Las últimas actuaciones policiales han desencadenado, por fin, la respuesta de un pueblo que parecía dormido ante las constantes agresiones y represiones policiales. El hecho que ha marcado la diferencia ha sido el objetivo de la violencia policial: jóvenes estudiantes protestando por las pésimas condiciones del sistema educativo.

Hasta hace bien poco, la represión se reservaba para organizaciones en lucha de marcado carácter político (antifascistas, anarquistas, independentistas, antidesarrollistas,...) y pasaba totalmente inadvertida para la gran mayoría gracias al eficaz trabajo de los medios de desinformación que simplemente ocultaban los hechos o los enmarañaban de tal forma que se convertían en legítima defensa policial frente a los desmedidos ataques de terroristas. Recuerdo una de las primeras informaciones que me impactaron, tiempo después de que sucediera. Fue la brutal represión policial acontecida en Sevilla contra una manifestación en protesta contra el quinto centenario. Aquello fue una verdadera orgía de violencia en la que se utilizó munición de verdad por parte de la policía acabando con tres heridos graves, uno de los cuales acabó muerto. Y qué decir de las innumerables denuncias realizadas en y desde la ONU (con todo lo que tiene que callar esta organización) contra las reiteradas torturas perpetradas por la policía y avaladas por un sistema judicial que en un alarde de sinceridad, jamás ha intentado enmascarar su marcado carácter continuista con la dictadura fascista.

Todo esto viene a revelar el marcado carácter dictatorial de este sistema de control social llamado democracia. Es por ello, que se plantea una profunda reflexión sobre lo que significa una verdadera contestación de carácter revolucionario.
En primer lugar, parece bastante claro que la acción amparada en organizaciones políticas o sindicales con un papel activo en este sistema democrático parece destinada al fracaso (si su objetivo es cambiar el status quo en el que sobrevivimos) o, siendo optimistas, a conseguir un relativo éxito en forma de pequeños paños calientes sobre las sangrantes heridas que nos inflige este sistema criminal. Pero no nos dejemos engañar por esas pequeñas mejoras momentáneas. Ahora y siempre no han sido más que refinados mecanismos de mejora para el propio sistema. Una de sus mayores habilidades siempre ha sido el adelantarse a cualquier movimiento de oposición para captarlo y tornarlo favorable.

Frente a esta cuestión no podemos caer en esa posición tan cómoda y, desgraciadamente, tan extendida de ser uno de esos revolucionarios de salón y ordenador que predican sus verdades absolutas acerca del fin del sistema capitalista debido a su propia incongruencia (ese precioso eslogan que dice algo así: el capitalismo requiere de una acumulación y depredación infinita dentro de un mundo con recursos finitos).

Comparto la frase y su significado, sin embargo, esta posición sólo es posible si se asume que nada ni nadie va a hacer nada al respecto.

Para todos aquellos que mantienen esta postura tengo un par de cuestiones. Una: sin plantear una verdadera batalla al sistema, la agonía puede eternizarse de tal manera que ninguna generación futura que podamos cabalmente imaginar, verá el final del capitalismo y de la opresión. Dos: esperar el derrumbe del sistema y pretender que ninguno de los actuales dueños del mundo haga algo al respecto (un vistazo histórico basta para darse cuenta de que ante cualquier situación mínimamente angustiosa para el poder se ha resuelto a través de la muerte y la destrucción) es, simple y llanamente, ridículo.

Este panorama reduce las opciones a nuestro alcance prácticamente al mínimo pero no las elimina. La única salida a este dilema es la creación de una conciencia colectiva que nos haga ver con claridad que cualquier intento de crear una nueva sociedad basada en valores de igualdad, justicia y solidaridad pasa forzosamente por un cambio en las relaciones de poder y sus estructuras jerárquicas. Mientras sigamos admitiendo que no podemos ser los protagonistas de este cambio y que deben ser otros los que lo hagan por nosotros estaremos avocados al fracaso y, por tanto, al eterno sometimiento. Sólo cuando empecemos a creer que de verdad somos ese 99% que vive bajo las garras de la tiranía y que por una simple cuestión de número podemos tomar las riendas de nuestro destino, estaremos iniciando el verdadero camino del cambio y de la revolución.