lunes, 14 de junio de 2010

BHOPAL: La impunidad del poder

El pasado lunes 7 de junio se dictó sentencia en el juicio por la tragedia de Bhopal, tras más de 25 años de lucha y desesperación. A estas alturas imaginamos que ya sabéis de qué trata este asunto pero por si alguien vive un tanto desconectado de la realidad os dejamos un breve resumen.
En la madrugada del 3 de diciembre de 1984 en la ciudad de Bhopal, capital del estado indio de Madhya Pradesh se produjo un escape de unas 42 toneladas de isocianato de metilo (MIC) que la compañía norteamericana Union Carbide Corporation (UCC) almacenaba en su fábrica para producir uno de sus productos estrella: Sevin (potente pesticida que se empezó a fabricar tras la prohibición del DDT).
La compañía se había establecido en la India a finales de los sesenta con el único objetivo de monopolizar todo el mercado ante el creciente empuje de la agricultura india. Aquella era un pastel demasiado grande para ignorarlo y decidieron ser los primeros en llegar. En teoría, construyeron una planta idéntica a la que poseían en Estados Unidos o al menos eso afirma el máximo responsable de UCC, Warren Anderson. Sin embargo en la planta original el gas se almacenaba en barriles de 200 litros para su uso inmediato porque se sabe de su peligrosidad y alta volatilidad, en Bhopal se construyeron tres grandes tanques en los que se podían almacenar toneladas de este producto. Obviamente, no valoraron por igual la seguridad de las personas y para seguir ampliando el margen de beneficios un tiempo antes del terrible suceso decidieron que la fábrica sólo funcionara a demanda con lo que la mayoría del tiempo se encontraba parada como el fatídico día (se han encontrado documentos que demuestran que la compañía pensaba amortizar la construcción de la planta en tan sólo tres años, imaginaos que clase de materiales y profesionales utilizaron). Durante estos periodos de paro se ahorraban costes desactivando los sistemas de seguridad y dejando el mantenimiento en manos de personal no cualificado. Si a esto le añadimos la corrosión de los materiales y las deficiencias de los equipos de trabajo, el resultado no podía ser otro: la mayor catástrofe industrial de todos los tiempos superando incluso al desastre de la central nuclear de Chernobyl.

En un primer momento, cuentan los supervivientes de la tragedia, se produjo una inmensa nube roja que salía de la fabrica y se desplazaba rápidamente sobre la población (no creáis que la planta estaba alejada de la ciudad, todavía vive gente pegada literalmente al muro de la planta). Las consecuencias de la inhalación de MIC son un ataque rapidísimo a los sistemas respiratorio y circulatorio, provocando la muerte por quemadura química de los pulmones a los pocos minutos. Durante las primeras horas se registraron más de 3.000 muertes, a día de hoy es imposible precisar la cantidad total de afectados pero oscila entre 20.000 y 30.000 muertos y más de 500.000 afectados, un 20% de los cuales está totalmente incapacitado. A día de hoy siguen naciendo bebés con malformaciones, la tasa de tumores es una de las más elevadas del planeta y siguen sin poder hacer nada a nivel médico ante la flagrante falta de recursos. Por si fuera poco ni Union Carbide, ni Dow Chemical (que compró la compañía hace unos años) se han molestado en desmantelar la fábrica de Bhopal, dejando allí más de 300 toneladas de residuos tóxicos que siguen filtrando a la tierra y envenenando el agua que diariamente beben mas de 30.000 personas.

¿Qué ha pasado con la justicia?
En un primer momento se detuvo a Warren Anderson bajo arresto domiciliario cuando se trasladó a la planta de Bhopal, pero ante las presiones norteamericanas lo dejaron en libertad previo pago de una fianza de 1.672 euros (cuentan que al señor Anderson aún le duelen las mandíbulas de las risas que se echó aquel día mientras rebuscaba en sus bolsillos algo de chatarra para pagar la fianza). Inmediatamente UCC le pasó el marrón a su filial india UCIL (Union Carbide Indian Limited) alegando que ellos eran los auténticos responsables de todo lo que sucedía en la planta. Este hecho produjo un ir y venir del caso entre los tribunales estadounidenses e indios, lo cual permitió a Anderson y sus secuaces vivir tranquilamente al margen de todo aquello y permitirse el lujo de decir públicamente que jamás iba a ser juzgado en ningún tribunal penal, ni él ni su empresa. A día de hoy sigue siendo un prófugo de la justicia india pese a lo cual vive tranquilamente retirado sin ningún temor a la obligatoria extradición a la que debería ser sometido por parte del gobierno americano.
Para zanjar el tema UCC llegó a un acuerdo extrajudicial con el gobierno indio por valor de 393 millones de euros (más o menos un 15% del total reclamado), la mayoría de este dinero no fue entregado a las víctimas, por lo que éstas siguieron adelante con sus reivindicaciones.

Finalmente, esta semana se ha dictado sentencia por el caso Bhopal: ningún directivo de UCC ha sido castigado, el marrón se lo han comido ocho directivos de la filial india (en realidad sólo siete porque uno de los declarados culpables ya ha fallecido). Lo de marrón es un decir porque la sentencia de dos años de prisión y una multa de 1.774 euros por cabeza más que un marrón es una bendición para ellos. Además la UCIL deberá pagar una multa de 8.870 euros, lo que nos deja unos cuantos céntimos de euro por víctima y nada para los afectados.

Consecuencias

La única consecuencia que se puede extraer de todo esto es la siguiente:

“Queridos dirigentes de transnacionales, vengan cuando quieran a instalarse en nuestros pobres países. No se preocupen por nada, aquí la impunidad está garantizada pueden explotarnos a nosotros y a nuestra tierra sin problema alguno. Estaremos encantados de dar nuestra vida y la de nuestras familias por ustedes.”

Las gentes de Bhopal no pierden la esperanza de ver a Warren Anderson sentado en el banquillo de los acusados y siguen en la lucha. Cada año coincidiendo con el aniversario de la tragedia celebran una manifestación en la que queman muñecos gigantes que representan a los verdaderos culpables de que toda su vida se haya convertido en un infierno interminable.