miércoles, 30 de julio de 2014

DEJÁNDONOS LLEVAR


La condición humana sigue deslizándose por el desagüe, sin prisa pero con un constante flujo que se va amontonando en una profunda cloaca que parece no tener fin.

Es difícil resistirse a este descenso. Es tan suave y tan confortable que hace dudar de su verdadero destino. Es un viaje edulcorado y tan bien programado que a veces me pregunto cómo es posible que muchas personas se intenten aferrar a las paredes del sumidero tratando de escapar, tratando de llevar otra dinámica de vida mucho más difícil, mucho más consciente.


Nos gusta deslizarnos, las recompensas son tan inmediatas que es complicado resistirse. Tenemos pastillas de la felicidad de todos los colores (literales y metafóricas) y con las más diversas formas y envoltorios que nos facilitan un descenso sin apenas rozaduras ni contratiempos.

A simple vista, parece un viaje barato, el descenso apenas cuesta lo que nos pueda quedar de dignidad, lo que todavía conservemos de condición humana.

A cambio de desconectarnos del resto del mundo y de nosotros mismos podemos disfrutar de la experiencia. A nuestro alcance, miles de productos innecesarios pero tremendamente atractivos, cientos de relaciones insustanciales y carentes de emotividad pero con un gran potencial para conseguir pasar el rato sin necesidad de poner en riesgo ni una pizca de nuestra energía sentimental ni nuestra intimidad emocional. Cantidad de oportunidades para vivir docenas de vidas sin movernos de nuestra silla convirtiendo la experiencia virtual en la verdadera realidad, relegando así al mundo de la ensoñación lo que cada día acontece a nuestro alrededor, como si tan sólo fuera un espectáculo del que somos meros espectadores.

Nos gusta deslizarnos, es comprensible, es tan sencillo que lo preferimos. Lo preferimos porque lo contrario cuesta, cansa, duele, te convierte en un extraño para el resto, te hace dudar en ocasiones de ti mismo y de la necesidad de aferrarse para no caer. Esas dudas nos hacen cometer errores, dar traspiés, sentir la tentación de abandonar y ser uno más dentro de una masa que se desliza.

 
No quiero perder el hilo, antes hablaba del bajo precio a pagar. Estaba convencido de que estaba usando la ironía puesto que el precio mencionado es altísimo, inasumible diría yo. Sin embargo, cada vez me sorprende más y más la facilidad que tenemos para permanecer ajenos. Me sorprende porque permanecer ajenos significa convertirnos en cómplices de las mayores atrocidades que jamás pudiéramos imaginar, significa consentir y con ello dar alas a nuestra propia autodestrucción.

Cada vez que nos deslizamos desagüe abajo damos la razón a quienes justifican el orden establecido que somete, degrada y mata a millones de seres humanos, a quienes consideran que cualquier cosa está justificada en nombre de lo que llaman progreso y que no es otra cosa que una huida hacia delante de los que acaparan la riqueza material a sabiendas de que eso nos encamina a la destrucción de la vida (al menos de la humana).

 
Aferrarse a las paredes del sumidero es un acto de valentía, debemos ser valientes. A partir de ahí, es cuando podemos y necesitamos plantearnos cómo empezar a ascender por esas paredes para salir del hoyo y empezar a vislumbrar ese otro mundo que tanto anhelamos. Iniciar ese ascenso contracorriente es el verdadero acto revolucionario que está en nuestras manos. Si de verdad creemos en la posibilidad de ver ese (otro) mundo y de participar en su creación, es obligatorio iniciar ese terrible ascenso por las paredes del desagüe, por mucho que nos salpique (que lo hará) la masa que seguirá deslizándose sin remedio.

Imprimir

martes, 15 de julio de 2014

MENTIRAS ENTRELAZADAS


Mentiras entrelazadas que se alimentan las unas a las otras, que se hacen más y más fuertes con el tiempo. Mentiras que sustentan nuestro modo de vida, en definitiva, mentiras que se convierten en nuestra vida.
Contra todo pronóstico creencias absurdas basadas en nada se transmiten de generación en generación y forman parte ya del ADN de nuestra sociedad, facilitando así el sinsentido por el que transitamos y que nos acerca cada día un poquito más a la extinción como seres humanos racionales.

Es demasiado complejo para mí hablar de todas ellas y de cómo se entrelazan y se hacen más fuertes; pero sí quiero hablar de unas pocas que me parecen importantes.

 
1-      La vida hay que ganársela

Esta sentencia aparentemente inocua es tan cruel como una sentencia de muerte. Al dar por asumido este hecho nos negamos nuestra propia libertad y nos atribuimos el papel de esclavos a perpetuidad.

Esta mentira es tan antigua como los sistemas de dominación humana y, por supuesto, es uno de los puntales de dichos sistemas. Curiosamente (esto es irónico claro) esta afirmación ha sido fomentada y alzada a la posición de dogma incuestionable por aquellos que jamás han tenido la necesidad de ganarse nada, aquellos a los que todo les ha venido dado. Mención especial merece la jerarquía religiosa que tanto ha hecho por difundir esta mentira con su “ganarás el pan con el sudor de tu frente”.

Esta “obligatoriedad” de ganarse la vida tiene unas consecuencias terribles. Legitima la aberración de que para la inmensa mayoría de la humanidad la única forma de acceso a la riqueza es mediante el trabajo, mayoritariamente asalariado, es decir, para vivir hay que venderse y/o prostituirse. Nosotros mismos mutilamos nuestra vida al NO reconocer que por el mero hecho de existir somos acreedores de una vida digna donde la subsistencia y las necesidades básicas no sean motivo de preocupación.

Una vez instalada esta creencia y su mecanismo de esclavitud, la espiral se hace cada vez mayor puesto que a través del trabajo (y el miedo a no tenerlo y por tanto a no poder ganarnos la vida) nos vemos atados de pies y manos a la hora de poder articular cualquier proyecto de vida fuera de los cauces establecidos para nosotros.

 
2-      Vive como si no hubiera mañana

Esta afirmación en apariencia bienintencionada lleva intrínsecamente ligado un mensaje que se está revelando como letal para el futuro inmediato.

En la etapa actual de la humanidad se ha impuesto una visión de la vida que podríamos llamar presentismo que ha sido parte fundamental de la llamada sociedad de consumo y que ha contado con el respaldo y el impulso de toda la maquinaría capitalista a través de los medios de comunicación, de la publicidad, mediante cantidad de pseudo ciencias centradas en la obtención de la felicidad inmediata, etc…

Esta forma de vivir centrada en el presente ha posibilitado que nos encontremos al borde de un colapso generalizado tanto en muchas de la materias naturales sobre las que basamos nuestro modo de vida como en la racionalidad que se supone caracteriza a la especie humana.

Así constantemente nos parece increíble cómo los grandes depredadores del capitalismo actúan sin pensar en las próximas generaciones y no somos capaces de ver que en la mayoría de las ocasiones nosotros hemos hecho lo mismo, a nuestro nivel y con la pequeña incidencia que eso tiene en el conjunto resultante; aunque lo importante del caso es que repetimos exactamente los mismos patrones. Esta falta de conciencia sobre los efectos que los actos en el presente tienen en el futuro nos ha traído hasta donde estamos situados en la actualidad: al borde del precipicio sin posibilidades claras de dar marcha atrás.
 

3-      La tecnología nos hará libres

Cuando la máquina se incorporó al universo laboral se vendió la idea de que ésta nos liberaría de la carga que suponía el trabajo y nos abriría un mundo nuevo donde desarrollarnos a nivel personal y social debido al tiempo libre que íbamos a disfrutar a partir de entonces.

Muchos años después, no sólo no hemos sido liberados por la máquina, si no que ésta se ha introducido en todos los ámbitos de nuestra vida hasta hacernos absolutamente dependientes de ella. Nos esclaviza en el trabajo convirtiéndonos en piezas sobrantes de un sistema humillante de trabajo, nos impone un ritmo de vida enloquecedor que nos desconecta de cualquier realidad... Para suplir esto, nos ofrece una realidad virtual en la que creamos universos paralelos con supuestos amigos y amantes donde todo es falsa apariencia.

Hemos pasado de la anunciada libertad a la esclavitud aberrante que nos lleva a vivir a través de ella. Existen ya generaciones de seres humanos que no conciben la posibilidad de vivir sin una cantidad alucinante de artilugios absolutamente innecesarios para la vida pero que se han convertido en imprescindibles y que marcan la línea de la exclusión social en muchos casos. La máquina ha ascendido al panteón de los dioses modernos ocupando un lugar destacado a la derecha del dios Dinero.
 

Estas son sólo algunas de las mentiras que sustentan un modo de vida artificial, deshumanizador y totalmente embrutecedor. Soy consciente de que hay muchas más y de que las implicaciones entre ellas son mucho más complejas.

Sin embargo no puedo dejar de pensar en que la lucha por la verdad en estas cuestiones sí sería una batalla que valdría la pena librar.

Lamentablemente, estas mismas mentiras son las que nos llevan a luchas parciales y devastadoras para los que se implican en ellas que, en el mejor de los casos, nos dejan con el sabor agridulce del que sabe que ha conseguido una pequeña victoria a costa de hundirse un poco más en el lodo.

Imprimir

martes, 24 de junio de 2014

LO GLOBALIZARON TODO (O CASI)


Globalizaron a su Dios y el culto al dinero se impuso en todos los rincones del planeta. Se dio por finalizado el combate religioso por imponer al verdadero Dios, todo el mundo quedó convencido y así nos propusimos adorarle hasta las últimas consecuencias, unificando los diferentes cultos en uno sólo y con un sólo precepto: “harás cualquier cosa por poseerme”

Globalizaron la guerra y enfrentaron a los que jamás tuvieron ganas de hacerlo, consiguiendo convertir el planeta en un enorme campo de batalla donde el asesinato es la cara habitual de la vida y donde uno puede alegrarse de que en su tierra se fabriquen las armas que matan a cualquiera en cualquier parte del mundo.

Globalizaron el hambre hasta convertirla en tan normal que pasó desapercibida ante nuestros ojos y empezamos a verla como algo tan natural que pensamos que pasar hambre era bueno para la salud.

Globalizaron el afán de tener, de poseer. Y nos encontramos con un mundo en que todo tiene propietario y por tanto todo es susceptible de ser vendido: los seres vivos, los inertes, el agua, la luz, la tierra, el cielo, hasta la luna es objeto de compra-venta.

Globalizaron la producción de todo tipo de inutilidades y consiguieron que la miseria se extendiera imparablemente por todo el planeta mientras unos pocos llenaban sus bolsillos con esa miseria.

Globalizaron la democracia y la ausencia de libertad se hizo más patente que nunca.

Globalizaron la cultura y la comida basura apareció hasta debajo de las piedras mientras la poesía era desterrada a un universo paralelo.

 
Lo globalizaron todo, o casi todo. Se olvidaron de nosotros, del ser humano. Para nosotros tenían un plan diferente, totalmente contrario.

Nos atomizaron, nos individualizaron, nos convirtieron en seres inconexos para hacernos creer que éramos únicos mientras nos transformaban en una masa amorfa y homogénea incapaz de reconocernos como iguales. Anularon nuestra capacidad de globalizar los sentimientos, de empatizar, de amar, de sentirnos como uno sólo frente a su mundo salvaje y miserable. Consiguieron arrastrarnos y situarnos en la posición justa que debíamos ocupar para que toda la maquinaria de miseria y muerte que supone su globalización funcionara a las mil maravillas. Nos impusieron y nos dejamos hacer un moldeamiento a medida de la injusticia y el dolor que ha supuesto su modelo.

Así nos convertimos en seres capaces de devorar cualquier producto, a cualquier precio, de cualquier parte del planeta pero que no conseguimos ver el dolor a nuestro lado, ni siquiera en nosotros mismos.

Somos incapaces de reconocer que nos golpeaba a diario un látigo que nos hace un poco más serviles cada día, un poco más inútiles como personas.

LO GLOBALIZARON TODO Y NOS CONVERTIMOS EN NADIE, EN NADA.


Imprimir

jueves, 5 de junio de 2014

¿Y SI DESCENDIÉRAMOS DE LAS POLILLAS?

Corremos, corremos siguiendo cada luz, cada señal que creemos ver. Seguimos un instinto que nos dice que esta vez es la buena, que por ésta sí vale la pena el esfuerzo, que será la definitiva, la que nos acercará a nuestro objetivo final de un mundo donde  nadie tenga la oportunidad de situarse por encima de nadie para dirigir su vida.

Parecemos como esos insectos voladores, esas polillas que cuando llega el verano ven cómo aparecen de repente cantidad de puntos de luz que les atraen irremediablemente para acabar cruelmente achicharradas para regocijo del personal congregado. Exactamente esa es la sensación que tengo muchas veces.

Así me sucede cada vez que nos encienden las luces en forma de trozo de tela, agitando un sentimiento nacionalista (me da igual de qué nacionalismo hablemos) que nos va a llevar a una sociedad mejor porque, al parecer, la solución a todos nuestros males radica en situar unas fronteras aquí o allá y en reafirmarnos como ciudadanos de tal o cual país. También me sucede cada vez que se acerca una convocatoria electoral y a la gran mayoría le entra el recurrente anhelo de tomar el poder a través de las urnas y montar no sé qué revolución desde el gobierno, para a renglón seguido empezar a quejarse de toda esa gente que no ha votado (o no ha votado su opción) y ha imposibilitado el verdadero cambio. Ahora me vuelve a suceder, el poder nos ha encendido la luz de la monarquía y hemos alzado el vuelo como desesperados en pos de la república salvadora.

Al igual que con los otros temas, comprendo que haya gente que haya hecho de esto la lucha de su vida y, de una forma sincera, crea que esto es algo por lo que vale la pena luchar. Pero creo que deberíamos hacer un esfuerzo por reflexionar acerca de lo que hay de verdadero cambio a día de hoy en el hecho de sustituir el modelo de Estado. En mi opinión, a parte de dejar de alimentar a una extensa familia de parásitos y dejar de ser de manera formal (que no verdadera porque lo seguiremos siendo) súbditos, nada más nos traería la tan ansiada república. Estoy seguro que con esto nos volveremos freír al calor de la luz que el poder nos enciende.

Estos son sólo algunos ejemplos, se podría hablar de muchos más. Todas estas luces que nos encienden son muy potentes, tienen una capacidad de atracción muy elevada pero sobre todo tienen una característica esencial: todas están encauzadas y dirigidas dentro del ámbito institucional, todas forman parte de esa afirmación sistémica: que la democracia está en las urnas y en las instituciones que éstas se encargan de legitimar y mantener. Son luces escogidas y alentadas con la inestimable participación de los medios de desinformación para darles la apariencia de revolucionarias y antisistémicas; cuando lo cierto es que lo único que pretenden y consiguen es encauzar la atención y la energía de mucha gente que siente que esta vida no es la que quieren vivir.

A pesar de todo esto, no podemos dejarnos cegar por tanto destello, existen verdaderos focos que merece la pena mirar y acercarse a ellos, así como defenderlos frente a las constantes agresiones que sufren. Una muestra de iniciativas que realmente son consideradas peligrosas por el sistema y, sólo hay que fijarse un poco en la respuesta por parte del Estado, son los centros sociales autogestionados. En los últimos tiempos se ha desatado una campaña de persecución y desalojo* de este tipo de iniciativas (en realidad siempre ha existido esta represión contra los centros sociales pero últimamente se ha incrementado de manera ostensible) que ya me gustaría que tuviera la misma respuesta por parte de la gente que cuando nos encienden una luz de las que hablaba anteriormente. Este tipo de planteamientos sí que preocupan y mucho al poder. Personas que deciden optar por la autoorganización en lugar del seguimiento al líder, optar por la justicia en lugar de la legalidad, optar por el bien común en lugar del lucro individual… El poder trata de enmascarar todo esto con sus campañas difamatorias aludiendo a los tópicos de que todos son una banda de drogadictos, delincuentes, etc. sin embargo, la respuesta a cada desalojo por parte del entorno más próximo a los centros (es decir, por parte de las personas que están vinculadas y los consideran como parte de su vida social) nos hace ver lo lejos que se sitúa la realidad de los relatos de ficción con que nos bombardean los medios.

Es necesario que las gentes que realmente sienten la necesidad de construir un mundo nuevo justo y sin explotación de ninguna clase empiecen a discernir entre tantas luces que alumbran porque son muy pocas las que no acabarán por quemarnos.

 

* Algunos de los CSO desalojados o a punto de hacerlo durante el 2014: La Carbonería, Eskuela Taller, La Madreña, Palavea, La hormigonera, Can Vies, La Matriz, La Casika, La Traba.

Imprimir

jueves, 15 de mayo de 2014

LA FARSA*



Hoy me han llegado las primeras invitaciones para la gran fiesta de su democracia. Exacto, unas papeletas para las próximas elecciones europeas (y de los que se hacen llamar socialistas ni más ni menos). Este hecho ha roto mi endeble intención de mantenerme al margen de este espectáculo, así que ya que parece ser que me tienen en cuenta voy a hacerles llegar mi opinión al respecto. Por si acaso se les ocurriera leerse este artículo.

De nuevo se ha alzado el telón y como no podía ser de otra forma aparece ante nuestros ojos la misma función de siempre aunque con ligeros retoques por parte de la dirección de la obra para asegurar el lleno el día del estreno. Son conscientes de que en las últimas representaciones ha ido bajando el número de votantes de manera escandalosa aunque hayan hecho lo imposible por ocultarlo y, sobre todo, han tratado de culpabilizar y de señalar a los que no participan del espectáculo.

Para el estreno de esta temporada han incluido alguna novedad con el fin de hacerla más atractiva, así al habitual acaparamiento de los papeles protagonistas por parte del partido único bipolar que protagoniza y se adjudica el papel de garante de la democracia, tenemos un mayor y más selecto número de secundarios. Y también han optado por añadir tramas secundarias para cubrir el mayor espectro de público posible.

Así vemos cómo han repetido la trama del juez estrella que se pasa a la política pero con unos tintes más populistas que la anterior ocasión con Garzón. Le han diseñado un partido a medida para que pueda acaparar al público que sostiene la teoría de que el problema de todo es la falta de transparencia de los políticos. En mi opinión el pastel se está deshinchando por momentos y difícilmente cumplirá con su cometido con algo más que un aprobado raspado. En esta misma línea tenemos el partido del hombre que susurraba los secretos fiscales suizos y que todavía queda en un plano de menor importancia.

Desde luego la apuesta estrella de la temporada es la propuesta personalizada en una figura de la televisión alternativa que de la noche a la mañana pasó a tener cuota de pantalla en todos los medios de desinformación controlados por la dirección de esta trama. Con esta línea argumental han acertado de lleno, al menos de momento, para captar la atención de una gran parte de los descontentos con la situación que hasta la fecha no estaban muy identificados con ninguno de los principales protagonistas. También han conseguido crear la polémica entre aquellos que en principio no querían saber nada de la función y que al final de una manera u otra acaban participando y, por tanto, asumiendo la farsa electoral.

Todas estas vías nuevas han restado protagonismo a los habituales secundarios que en anteriores representaciones habían ido aumentando su cuota de pantalla, sin embargo, siguen siendo fundamentales para dar esa apariencia de pluralidad que tanto gusta a los directores del cotarro.

Ahora en serio, el poder no es para nada estúpido y sabe que necesita que sigamos participando del juego electoral y que así se siga justificando esta patraña de sistema democrático. En las últimas convocatorias electorales se ha ido agrandando la cantidad de gente que se abstiene por una u otra razón. Eso siempre ha sido así, la diferencia es que cada vez parece que es mayor el número de esas abstenciones que se hacen de manera consciente y con la intención de no seguir apoyando la falsa electoral y el asqueroso axioma que pone en el centro de la democracia al voto.

Esto es lo que les preocupa realmente y se nota. El único mensaje coincidente en su totalidad por todos los aspirantes a ocupar poltrona de poder es el de votar. Hasta la saciedad se oye el argumento de que votar es la única opción de cambiar las cosas. Esta frase en boca de los habituales no me produce otra cosa que vergüenza ajena y asco a partes iguales, pero dicha por todo ese elenco de secundarios de los que hablábamos (y sobre todo, oída y aceptada ciegamente por gran parte del personal que se posiciona por la construcción de ese otro mundo posible) que se envuelven en la bandera de la verdadera democracia, la transparencia, la construcción desde abajo y cosas por el estilo me da a entender qué lejos estamos todavía de forjar una forma de organización social donde no haya nadie por encima de nadie y donde no exista la posibilidad de abusar del poder que da el tener en las manos las vidas de otras personas.

Cada cual que actúe como crea conveniente, yo por mi parte no quiero participar de la farsa y esta será mi única aportación a la función y, por favor, que nadie me venga con la tontería de si no votas luego no te puedes quejar.

*Según el diccionario de la RAE farsa.
(Del fr. farce).
1. f. Pieza cómica, breve por lo común, y sin más objeto que hacer reír.
2. f. Compañía de farsantes.
3. f. despect. Obra dramática desarreglada, chabacana y grotesca.
4. f. Enredo, trama o tramoya para aparentar o engañar.

Imprimir

jueves, 24 de abril de 2014

EL ENEMIGO A ABATIR



Bajo este título caben multitud de propuestas, seguro que la mayoría podríamos hacer una lista más o menos larga en función de creencias o teorías que hemos ido desarrollando con el tiempo. Sin embargo, este texto quiere centrarse en unos enemigos menos aparentes y, por tanto, mucho más difíciles de identificar y combatir. Se trata de atacar aspectos que están muy relacionados con la incapacidad de cambio del sujeto actual.

Concretamente quiero referirme a dos conceptos muy relacionados entre sí y que forman parte del eje troncal de la construcción del ser humano actual, sobre todo el amamantado por la llamada cultura occidental: la inmediatez y la nula tolerancia a la frustración.

Durante las últimas décadas la inmediatez (el aquí y el ahora) se ha ido adueñando de nuestras vidas sin que apenas nos hayamos dado cuenta. Por supuesto, esto no ha ocurrido de forma casual si no que forma parte de una concepción mucho más amplia diseñada para convertir a las personas en meros autómatas que se dedican a pasar por la vida sin más aspiración que la de sufrir lo menos posible. Poco a poco todos los ámbitos de la vida se han ido transformando y donde antes había solidez y los tiempos eran de larga duración, ahora todo debe ser instantáneo, inmediato. De lo contrario, pierde rápidamente su “valor” y no es deseable ya; convirtiéndolo en desechable (así, de este modo, aceptamos de pleno el pensamiento dominante que convierte todo en “productos de usar y tirar”, hasta la vida).

Desde bien pequeños lo inmediato se ha convertido en la medida del tiempo en que se basa nuestra vida. Esto ha sido imprescindible para consolidar el modelo social instaurado que nos ha transformado en mano de obra semiesclava y/o consumidores. La llamada sociedad de consumo precisa de la inmediatez en la producción para poder vender más y más independientemente de las necesidades reales que tengamos. Para ello no sólo requiere de la creación de necesidades ficticias (en las que pone todo su empeño a través de la publicidad y la industria del ocio) también necesita que no podamos esperar a la hora de satisfacer esas necesidades creadas para poder mantener ese ritmo infernal que tanto beneficio económico da a unos pocos a cambio de la destrucción absoluta de todo lo que nos rodea. Pero el poder sabe que esto no es suficiente, la sociedad de consumo es tan sólo un argumento más dentro de la dinámica de dominación. Ese modelo terminará tarde o temprano por eso necesita más y para variar lo está consiguiendo.
Nos han introducido la inmediatez en el centro de nuestra forma de vida, todo, absolutamente todo debe ser realizado sin demora y también todo resultado debe ser obtenido de forma automática al completar la misión encomendada. Esto es más importante de lo que pueda parecer a primera vista, han conseguido mecanizar absolutamente nuestras vidas de tal forma que apenas quedan rastros perceptibles de la esencia humana. Donde deberían existir capacidades y esfuerzo para gozar y construir la vida sólo hay ansiedad y desesperación por conseguir y poseer supuestos bienes que tan sólo sirven para enmascarar una falta absoluta de interés por el desarrollo de un proyecto vital coherente y realmente ilusionante.

Vivimos bajo el prisma de una lógica que considera como argumentaciones válidas e imprescindibles la priorización de lo material sobre lo intangible, poniendo en primer plano la satisfacción del cuerpo frente a la del espíritu (sin necesidad de que este término tenga ninguna connotación religiosa). De esta cuestión parece lógico extraer una conclusión bastante simple pero demoledora para todos aquellos que de una forma u otra aspiramos a formar parte del cambio, de la revolución o como queramos llamar a la imprescindible nueva forma de habitar y relacionarnos con el planeta del que formamos parte. Un ser humano construido bajo la ley de lo inmediato y con una mínima capacidad de resistencia frente a la adversidad, está condenado a no formar parte de una verdadera revolución (a lo sumo, pequeñas revueltas que puedan acabar en ligeras reformas y lavados de cara pero sin nada de sustancial en ellas). El sacrificio y el esfuerzo que supondría un verdadero cambio está fuera del alcance de este sujeto. Dirigido por la satisfacción inmediata de sus deseos que confunde con sus necesidades no tiene la fuerza moral suficiente para postergar la obtención de aquello que desea más allá de lo que dura un suspiro y mucho menos está dispuesto a arriesgar aquello que cree poseer y que le hace tan aparentemente feliz (aparentemente porque en realidad una vez obtenido lo deseado, esto pasa a convertirse en una fuente de insatisfacción permanente hasta que se consigue sustituirlo por algo que se valora como mejor) para obtener ese otro mundo posible y necesario sin explotación ni dominación. Pero esto no es posible en nuestra sociedad actual, donde para soportar esta inmediatez y huir de la frustración que lleva asociada vivimos totalmente alucinados con la esperanza de alcanzar unos referentes sociales que los medios de comunicación nos inyectan a cada momento sin compasión, donde necesitamos vivir drogados (perdón, quise decir medicados) para no ser plenamente conscientes del dolor que causamos y nos causa una vida basada en el vacío, en la ausencia total y absoluta de ideales universales en los que de verdad basar una existencia cada vez más cercana a la felicidad.

La rotura de lo apremiante de este modelo vital es necesaria para establecer una base sólida desde donde crear una existencia nueva. Soy consciente de que las circunstancias actuales apremian, sin embargo no más que a lo largo de siglos de dominación y esclavitud sufrida por millones de seres humanos. No hay que caer en su trampa, la revolución no puede ni debe ser inmediata, el que venda eso miente (y lo que es peor, seguramente sabe que miente) Esto no quiere decir que no hay nada que hacer, más bien al contrario el trabajo es inmenso y de largo recorrido. Por eso es imprescindible aprender a tratar con la frustración que provoca lo inmediato. Si tenemos clara esta premisa nada podrá detenernos.
 

Imprimir

viernes, 4 de abril de 2014

Y TÚ, ¿QUÉ ERES?

Una pregunta sencilla que seguramente nos han formulado muchas veces y otras tantas hemos realizado a otras personas.
Desde luego, la pregunta no está lanzada ni elegida al azar. Responde a la necesidad (ampliamente fomentada desde el poder para usarla en beneficio propio, por supuesto) de clasificar y etiquetar que tenemos las personas, a la inevitable catalogación y conceptualización que hacemos de todo lo que nos rodea y nos sucede.
Las respuestas más habituales a esta preguntan encierran en sí mismas la esencia del modelo de opresión que domina la vida de la inmensa mayoría de los seres humanos. Por supuesto, esta afirmación no está basada en ningún estudio científico sino más bien está fundamentada en la observación directa de mi entorno y en innumerables conversaciones con personas de muy diversas zonas del planeta.
A priori, parece una pregunta muy abierta donde se pueden dar infinitud de respuestas. Es más, lo más lógico parecería ser que fuera una contestación amplia debido al carácter multidimensional del ser humano. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. La respuesta suele ser simple y concisa. Está respuesta tiene dos opciones:
  1. La primera opción y tal vez la más habitual va referida a qué nos dedicamos (en general de qué trabajamos) o en su defecto qué estudios tenemos. Es decir, alguien te pregunta ¿tú qué eres? Y la respuesta es algo así como: ¿yo? Camarero o ¿yo? Profesora. Esta respuesta nos surge de una manera natural sin tener siquiera que planteárnosla ni un segundo, y da una clara muestra del nivel de adoctrinamiento al que el poder nos tiene sometidos.
    Con el paso de los años se ha conseguido una identificación tal entre la vida del ser humano y la obtención del dinero necesario para vivir (no olvidemos nunca que el dinero ni se come, ni se bebe, ni se respira) que como lógica consecuencia aparece este tipo de respuesta que estamos comentando. Sin duda, éste es uno de los mayores logros del capitalismo (si no el mayor). Muchas veces cuando hablamos de sistema opresor tendemos a pensar en la represión de la protesta, en la falta de libertad de expresión,… sin embargo la mayor opresión consiste en reducir la esencia humana a la mínima expresión gracias a esta dependencia que obliga a vivir permanentemente pendientes de obtener ese pasaporte hacia la supervivencia que es el dinero. La anulación absoluta del raciocinio humano nos conduce sin solución de continuidad a adoptar una mentalidad de esclavos que nos lleva a aceptar el papel que el sistema nos tiene reservado y que en la zona del planeta en la que habito no es otro que el de mano de obra barata y prescindible. Por tanto, la lógica capitalista de la que debemos alejarnos tanto como nos sea posible (lucha ésta bastante dura y sobre todo de largo recorrido debido a nuestra inmersión absoluta en ella) nos hace pensar que nuestra identidad es equiparable al trabajo que hacemos para el sistema, como decía mentalidad de esclavo.

  2. La segunda opción de respuesta nos lleva hacia otro territorio más que fértil para la manipulación y el control. La segunda opción se refiere a de dónde somos, bien sea el país, la región o como quiera llamarse.
La identificación con la Patria ha sido históricamente uno de los grandes recursos que ha usado el poder para controlar y manejar a su antojo a las personas. La exaltación de lo propio, de lo cercano frente al otro, al extranjero ha servido siempre para camuflar los momentos de debilidad de la autoridad, aquellos en los que su autoridad era cuestionada y su supuesta superioridad moral perdía credibilidad a marchas forzadas.
Este sentimiento de pertenencia es exaltado de tal manera que llega a conducir a situaciones tan absurdas como devastadores tales como las guerras, donde por el simple hecho de que alguien diga que tal o cual es el enemigo (por supuesto fundamentado en la creencia de que no es como nosotros, no es de los nuestros) millones de vidas humanas quedan segadas, devastadas por la más absoluta ignorancia de aquellos que deciden identificarse y responder a la pregunta y tú ¿qué eres? Con un yo soy español (pongamos por caso) y como tal daré mi vida si es necesario mientras los que le hacen la pregunta no dejan de reír frotándose las manos pensando en cuánto ganarán por cada vida perdida tan miserablemente.

Estas dos respuestas llevan aparejadas una carga de profundidad labrada tras muchísimos años de dominación en los que vemos cómo la complejidad humana ha quedado reducida a dos simples premisas: la obtención del sustento necesario para vivir y la predisposición al sacrificio por defender “lo nuestro” frente al “otro”. Así de simples es como el poder nos quiere, en una condición de inferioridad tal, en una inmadurez absoluta que no nos deja desarrollar todo el potencial tanto individual como colectivo que se nos presupone y que sabemos que tenemos. No es casualidad que estas dos líneas de respuesta con la que solemos definirnos coincidan con los ejes fundamentales de las políticas de los partidos en toda la supuesta amplitud de la democracia parlamentaria. Los que se definen como partidos de izquierda centran su discurso en el trabajo, concretamente en esa doble falsedad del derecho al trabajo (es doble porque ni existe ese derecho tal y como ellos lo definen, ni es un derecho como tal sino que en este mundo mercantilizado es más bien una obligación para subsistir) y, por tanto, les viene de maravilla que nos identifiquemos con nuestro trabajo. A los que se definen de derechas, el discurso de patrioteros (aunque sus políticas económicas digan lo contrario) es su santo y seña y no dudan en agitarlo (como sucede en los últimos tiempos por parte de la derecha española y la catalana) a la que necesitan desviar la atención del personal de los asuntos que realmente les afectan con contundencia en su día a día. Así pues, la segunda línea de identificación es totalmente útil al sistema.
Ambas líneas se nos inculcan con múltiples métodos, en mi opinión muy eficaces y que van desde la inoculación de una verdad absoluta que dice que sólo se es útil en la vida si se contribuye con el trabajo a la sociedad (traducido vendría a ser que sólo servimos para dejarnos hasta la última gota de sangre para que unos pocos sigan viviendo a todo trapo) hasta el papel de eso que se ha llamado agentes y representantes de la sociedad civil (aquí cabe de todo, desde un gerifalte de sindicato hasta un futbolista de la selección) que nos hacen creer que todo sacrificio es poco por el bien del país.
Sin ser demasiado conscientes de ello reducimos nuestra experiencia humana a la mínima expresión (defender de dónde somos y cómo conseguimos las migajas con las que nos alimentamos) y nos negamos la posibilidad de experimentar, sentir y realmente vivir todo aquello que está a nuestro alcance pero que nos negamos a ver. No es posible que, con la enormidad que supone la experiencia vital de cada ser humano, no seamos capaces de hacer una definición de nosotros mismos mucho más amplia y variada. Personalmente, creo que esto deja muy a las claras lo podrido que está todo este sistema social en el que vivimos y bajo el que sólo somos mercancía con “periodo de utilidad” cada vez más reducido. Es necesario redescubrirnos y redescubrir a los demás, mirar de frente a los miedos y averiguar si son nuestros o nos los han impuesto como una sentencia de muerte anunciada.

Imprimir