sábado, 4 de mayo de 2013

Y PASÓ EL DÍA DEL TRABAJO


Millones de personas sin posibilidad de acceder a un pequeñito pedazo del pastel a través del trabajo asalariado, se ven forzadas a la exclusión y al estigma de la limosna arrojada desde la atalaya del poder a través de su servicio de caridad en forma de subsidios y ayudas. Insuficientes para vivir de forma digna pero suficiente para tapar bocas y maniatar espíritus con inquietudes rebeldes.

El doble de personas condenadas a callar y obedecer por miedo a perder trabajos que en el mejor de los casos te permiten llegar a fin de mes, en otros llega justo para devolvérselos al poder a través de hipotecas, recibos y demás transferencias. En la mayoría de los casos ni siquiera sirve para poder alimentarse de manera suficiente.

Con esta situación parece lógico que las gentes y organizaciones posicionadas frente al sistema capitalista iniciaran (o continuaran de manera más profunda) la lucha por crear nuevas formas de acceso a la riqueza. Ya basta de pedir el reparto del trabajo y la riqueza. Nos cansamos de repetir que el trabajo asalariado es esclavitud pero salimos a la calle a gritar contra las leyes que lo regulan y no contra la esencia de esa maldita obligación que nos han impuesto.

Se lucha por la defensa del derecho al trabajo, ¿qué derecho? En esta sociedad no existe tal cosa, existe la obligatoriedad de trabajar. Un derecho es real cuando existe la opción de elegir. No podemos elegir no trabajar asalariadamente (al menos no dentro de esta sociedad), dependemos del salario para comer. No hay más.

Es la hora de plantearse una ofensiva acerca del mundo del trabajo asalariado, no es posible que las organizaciones y gentes que se definen como anticapitalistas basen toda su acción y estrategia en reivindicaciones en torno a mejoras en las condiciones de trabajo, sin plantear en ningún momento una alternativa a la esclavitud de las personas  asalariadas. Parece razonable reivindicar mejoras laborales ante la situación en la que estamos envueltos, pero acompañarlas de eslóganes más que mascados y ponerle a esto la etiqueta de anticapitalista sólo conduce a la negación misma de lo que debería ser el anticapitalismo y a dar una imagen de él totalmente contraproducente.

El paso por el mercado de trabajo como requisito indispensable para acceder a la riqueza es uno de los mecanismos fundamentales que sustenta el capitalismo en cualquiera de sus modalidades (ya sea privado o estatal). Esto nos convierte automáticamente en seres dependientes y dispuestos a aceptar cualquier imperativo con tal de no quedar excluidos de la sociedad de la que formamos parte.

No es posible una sociedad anticapitalista con trabajo asalariado. Iniciar el trabajo para romper el mito que une trabajo asalariado y acceso a la riqueza es fundamental para la luchar contra este sistema. Sustituir este dogma es un paso imprescindible para iniciar el camino hacia una sociedad verdaderamente libre. Liberarnos del peso que significa tener que ocupar nuestra energía y nuestro tiempo en conseguir y mantener, cueste lo que cueste, un trabajo nos impide ver e ir más allá. El trabajo domina de tal manera nuestras vidas que acaba por absorber nuestra esencia misma y acabamos definiéndonos como personas en función del trabajo que desempeñamos (basta hacer un pequeño experimento, preguntad a varias personas cómo se definen, qué son y te contestarán diciéndote de qué trabajan).

Esta situación se ha visto reflejada una vez más este 1º de Mayo donde se ha vuelto a demostrar la falta real de alternativas que, de forma explícita, se posicionen frente a este sistema criminal que nos ahoga cada día más. Es cierto que ha habido gran cantidad de manifestaciones autodenominadas anticapitalistas (con mayor o menor participación en función de la ciudad que se mire), aunque personalmente, creo que ha sido algo más folclórico que otra cosa. Una nueva demostración de lo vacío de contenido que está todo el espectro anticapitalista existente.

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martes, 16 de abril de 2013

SEGUIMOS ESPERANDO, SEGUIMOS SIN CREER

Seres humanos tratados como simples mercancías, exprimidos hasta la última gota mientras son útiles y desechados sin más cuando nada tienen que ofrecer. Sacrificados en nombre del beneficio y de un supuesto bien común que no es más que el bien de unos pocos. Seguimos esperando a que estos pocos, en un gesto de magnanimidad, decidan posponer nuestro sacrificio final y tener así una nueva oportunidad de demostrar nuestra valía como útiles siervos.
Realmente nada nuevo bajo el sol y, sin embargo, para muchas personas por primera vez es una realidad que se hace palpable y no sólo un rumor lejano de otras latitudes u otras épocas.
Cada nuevo dato, cada nueva estadística que nos ofrecen los medios de desinformación nos golpea de una forma terrible, como si no lo supiéramos, como si no lo viviéramos. Miles de seres humanos alrededor nuestro malviven de lo que este sistema rechaza, otros tantos se ven expulsados de sus hogares que tan diligentemente el sistema les había ofrecido, a otros se les niega el derecho a su salud y se les condena a una muerte lenta y penosa, cientos de miles condenados a una esclavitud permanente a cambio de vivir un día más en una absoluta precariedad… A todos se nos obliga a aceptar que somos seres inferiores y, por tanto, no merecemos una vida digna sino, más bien, una existencia que se conforma con sobrevivir y sufrir en silencio. Y la mayoría, silenciosa o no, acepta.
Nos negamos a creer, nos negamos a aceptar el engaño y el fracaso de un modo de vida que hemos asumido como nuestro modo de vida, nos negamos a aceptar la derrota de un modelo en el que hemos basado nuestra existencia, nadie nos ha enseñado que otro mundo es posible ni, hasta la fecha, mucha gente se lo ha planteado.
Preferimos aferrarnos a lo conocido, a la creencia de que no van a permitir que esto continúe sin cuestionarnos quiénes son esos que no lo van a permitir; ni mucho menos preguntarnos por qué debe haber unos que decidan sobre nuestras vidas.
Seguimos sin creer, seguimos sin ser conscientes de nuestra capacidad para dirigir nuestra vida, para cooperar con nuestros semejantes en pos de construir ese otro mundo posible que todos imaginamos en nuestros momentos más lúcidos, pero que pocos se atreven a iniciar el camino que lleva hacia él.

jueves, 4 de abril de 2013

HOMSEC 2013, LA FERIA DE LA MUERTE



Hace apenas unos días se celebró en Madrid la IV edición del Salón Internacional de Tecnologías de Seguridad y Defensa (Homsec 2013). Como se puede apreciar, no es otra cosa que una feria de la muerte donde se potencia el comercio de armas a nivel planetario y en el que, por supuesto, no falta el patrocinio del Estado español (ni más ni menos que cinco ministerios apoyan el evento: asuntos exteriores, interior, industria, economía y, por supuesto, el ministerio de la guerra).

No hay que olvidar en ningún momento que la industria de la muerte española, encabezada por el ministerio de la guerra que actúa como representante comercial, sigue en pleno apogeo siendo una de las más potentes a nivel mundial. Los últimos datos disponibles (como comentábamos en esta entrada) son del año 2011 y reflejaban ventas de armas por valor de unos 2.400 millones de euros. Esto colocaba al Estado español en la séptima posición mundial (para que luego se diga por ahí que este país sólo es puntero en telebasura y deportes). Para ello, no se hace ascos a nada ni nadie y se vende a quién sea, pasándose por el forro la escasa legislación existente que prohíbe la venta de armas. Concretamente hay un supuesto legal que prohíbe la venta de armas en caso de que las armas puedan ser utilizadas para perturbar la paz (me pregunto yo qué arma no perturba la paz), la estabilidad o la seguridad en un ámbito mundial o regional. Así pues, nos dedicamos a vender armas a los USA (el mayor estado perturbador de la paz, por no decir terrorista, del mundo), a Arabia (con su enorme respeto por los derechos humanos, sobre todo los de los que no pertenecen a la casta real), a Marruecos (y sus poco perturbadores ataques a la población saharaui), a Israel y su política genocida hacia Palestina, y un sinfín de países que no se dedican a otra cosa más que a perturbar la paz porque para eso es para lo que sirven las armas, para matar.

Volviendo al tema del Homsec 2013 podemos observar en la web del evento lo contentos que están todos por la alta afluencia de público, lo cual significa que el volumen de negocios fue considerable. Por tanto, la venta de máquinas de matar sigue a buen ritmo y podemos comprobar cómo la crisis no afecta por igual a todos.

Este evento lo organiza una curiosa organización: el grupo Atenea que se autodefine como “un think tank  de reflexión, participación y debate. Nuestras estrategias y actividades están destinadas a promocionar la conciencia de seguridad y defensa en los ámbitos de la cultura hispánica y en apoyo de las decisiones estratégicas de empresas e instituciones”. En realidad el grupo Atenea es un conglomerado de ex altos cargos del ejército y grandes accionistas de la industria armamentística. Como muestra del tipo de personas que se esconden tras este grupo. Vamos a hablar brevemente de su presidente, José Luís Cortina Prieto. Este personaje tiene tras de sí una larga carrera militar vinculada, principalmente, a los servicios secretos del Estado, repleta de episodios increíbles. Empezando, al poco de iniciar su carrera, en los años 60 cuando se dedicaba a adiestrar a un grupo de acción guerrillera de supuesta orientación castrista (sí señores, en pleno Madrid y en plena dictadura fascista un militar de carrera se dedicaba a adiestrar a grupos revolucionarios). También podemos hablar sobre su papel principal en la creación del Gabinete de Orientación y Documentación SA (GODSA), embrión de lo que, más tarde, se conocería como Alianza Popular (hoy PP) en los años 70. Para completar su brillante carrera en los servicios secretos destacamos que fue uno de los procesados por su participación en el “fallido” golpe de Estado del 23 de febrero de 1981. Aquí podemos ver su biografía oficial y lo bien que se recompensa tan brillantes servicios a la patria.

Éste es el tipo de gente que maneja la industria de la muerte en España, conjuntamente con la calaña política de turno que son los encargados de trasvasar los fondos públicos al sector privado de la muerte. En la pasada década el Estado español destinó más de 14.000 millones en ayudas a la industria de la muerte de los cuales nada ha sido devuelto (no sólo eso, sino que ese dinero sirve para producir armas que, más tarde, el gobierno de turno compra, pagando así dos veces). El resultado de tan buena gestión es una deuda militar de más de 32.000 millones de euros que pagamos entre todos. Como muestra de las excelentes relaciones entre jerifaltes militares y políticos tenemos la aparición estelar del Secretario de Estado de Defensa, Pedro Argüelles, en el acto de clausura de Homsec. Este hombre de estado pertenece a una familia asturiana que ha estado en la élite nacional desde el s.XIX (los Argüelles han sido ministros de Alfonso XIII, embajadores de Franco y altos cargos en la época “democrática”). En concreto nuestro hombre ha pasado de lo público a lo privado (ese fenómeno conocido como puertas giratorias) con una facilidad pasmosa: Director General de Asturiana de Zinc, eurodiputado, diputado madrileño, presidente de AENA, presidente de Boeing España y ahora Secretario de Estado del ministro Morenés (otra perla).

Así, una vez más, vemos dónde están las verdaderas prioridades del Estado. En un momento donde la capacidad de resistencia de la población está al límite, el Gobierno (como todos los que le han precedido) centra sus esfuerzos en mantener bien engrasada la maquinaria de la muerte y en último caso la de la represión (no hay que olvidar que nuestra constitución garantiza la toma del mando por parte del ejercito en caso de necesidad, para la pervivencia del Estado se entiende).

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martes, 19 de marzo de 2013

REFLEXIONES SOBRE EL DISCURSO UNITARIO

Hablábamos hace poco de cómo el discurso y la idea de la regeneración democrática se está abriendo paso en la “política oficial” como vía de solución ante una situación cada vez más insostenible, debido al progresivo aumento de la protesta social y a la absoluta falta de escrúpulos con que los políticos actúan. Del mismo modo, nos encontramos con la misma tesitura en el lado de aquellos que se sitúan en una posición crítica con el sistema (esta afirmación es algo muy discutible y hasta poco creíble en muchos casos, pero esto debería ser objeto de otra reflexión).
En este caso, nos referimos al discurso de la necesidad de unirnos frente a las actuales agresiones que sufrimos la inmensa mayoría de las personas. Sin duda, este discurso se basa en la idea de la correlación de fuerzas (ya que parte de la base de que protestas suficientemente numerosas pueden hacer cambiar el curso de los acontecimientos y de las decisiones políticas) y asienta su potencial en la percepción, más que palpable, de que hay muchísima gente que cree firmemente en la necesidad de cambiar, aunque de una manera muy difusa y con poca concreción en las ideas. Lo cierto es que cada día hay más gente que lo pasa realmente mal (esto visto siempre desde nuestra óptica occidental por supuesto, porque esta realidad ha estado y está muy presente a lo largo y ancho del planeta) para cubrir sus necesidades más básicas y es, precisamente, en esa necesidad donde se apoya el discurso unitario para cobrar fuerza.

Sin embargo, al igual que sucede con lo de la regeneración democrática, este discurso plantea serias dudas, por no decir que no es más que la última invención de aquellos sectores que se autoconsideran líderes de la protesta y sienten su liderazgo cuestionado y amenazado ante la toma de conciencia de muchas personas que, hasta la fecha, aceptaban plácidamente el orden establecido (incluido este liderazgo) sin ningún cuestionamiento.

En primer lugar, se apela al discurso unitario desde la perspectiva de la protesta puntual, siempre encaminada a decir no a algo, siempre naciendo de la pérdida concreta de alguna cuestión preferiblemente material que limita esa unión en el tiempo ya que o se consigue la demanda o se abandona por desgaste. Jamás se dirige el discurso unitario hacia la construcción de alternativas, hacia la lucha por otros modelos sociales, por otros modelos relacionales entre personas (de ser así, rápidamente se vería la falta de contenido de la propuesta puesto que, como decimos, nace de la necesidad de unos de saberse líderes y de la necesidad material de los otros, no de la conciencia social y política lo cual impide dotar de contenido a estas uniones). Esto se debe a que este discurso no se basa en dinámicas de construcción horizontal donde todo el mundo participa y decide sino que viene determinado por imposiciones verticales. Son las cabezas visibles, las cúpulas dirigentes las que aprovechan el malestar general para lanzar este mensaje con el fin último de proteger su posición. A partir de ahí, utilizan toda la maquinaria a su alcance (que no es poca gracias como siempre al impulso dado desde el Estado) tanto a nivel humano, utilizando a todos los peones de los que disponen que acatan con fe ciega el planteamiento sin necesidad de cuestionarlo, así como los canales de comunicación a los que tienen acceso. Hábilmente se utiliza esta forma de hacer para dejar claro que todo el que cuestione este discurso se convierte en boicoteador y en colaborador necesario del sistema (la vieja táctica de acusar al otro de lo que realmente es uno). Se basa en apelar a la difícil situación general por la que atraviesa la sociedad para conseguir beneficios específicos que normalmente no conducen más que a una mejoría pasajera en el mejor de los casos que nunca se convierte en solución de nada sino más bien en un parche que hace más dura la caída siguiente (curiosamente es la misma manera de funcionar de los partidos políticos, ¿será una coincidencia?).

Dejemos clara una cuestión. El llamamiento a la unidad nace desde posiciones sin ánimo transformador, nace de organizaciones que no cuestionan el modelo vigente (a lo sumo les gustaría cambiar el modelo de capitalismo privado por uno de capitalismo estatal) tan sólo con la intención de liderar una protesta tan desgastadora y desgastada como estéril, de señalar y estigmatizar todo movimiento autónomo que, acertadamente o no, decide iniciar un camino de construcción de alternativas al margen de los conductos oficiales de protesta. Nace con el consentimiento y la protección del poder, ya que para sus intereses no hay nada más positivo que una protesta controlada y dirigida por aquellos a los que ha designado como líderes sociales.

La unión que se busca y se proclama como solución se basa en el seguidismo, en el no cuestionamiento, en la aceptación del liderazgo y su discurso, en la masa difusa. Es la triste solución de hacer que todo el mundo se movilice para hacer una operación de maquillaje sistémico y que nada cambie. De paso se consigue otro objetivo no menos deseado, que la protesta se diluya. En definitiva, esa unión es totalmente contraria al proceso del pensamiento crítico absolutamente imprescindible para iniciar una verdadera respuesta transformadora. Este tipo de discurso unitario carente de alma facilita el agotamiento de toda aquella gente que, de buena fe, decide seguirlo porque ve una manera de colaborar en el cambio y, a la vez, ejerce una influencia negativa sobre todos aquellos que todavía no han dado el paso de lanzarse a la protesta, porque ven que el camino emprendido bajo la bandera de la unión no conduce a ninguna parte ya que no lucha por ningún cambio global que realmente pueda hacer que sus vidas den un giro radical para mejor.

A pesar de todo lo dicho, la unión es absolutamente imprescindible pero sólo como resultado de un proceso horizontal de construcción, como el resultado natural de la creación previa de un tejido social que nos una como seres humanos y no como autómatas. Esta es la unión que teme el poder, la que nace de la conciencia de que no hay marcha atrás y que este sistema de dominación capitalista debe acabar y con él todos los mecanismos y los espacios de poder.

 La diferencia entre la unión como resultado de un proceso (por la que apostamos desde estas líneas) y la unión como imposición (la que se nos propone desde las diferentes organizaciones señaladas por el sistema como líderes naturales de la protesta social), es la diferencia entre la unión para construir alternativas donde palabras como dominación, competencia, explotación, poder, acumulación, crecimiento,… carezcan de sentido y la unión para exigir que el capitalismo afloje la soga con la que nos ahoga y sea un poquito benevolente con el pueblo.

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miércoles, 27 de febrero de 2013

EL DOGMATISMO ANTICAPITALISTA

En ocasiones anteriores hemos hablado de los diferentes sistemas de dominación y adoctrinamiento que usa el poder y que dan, como uno de los principales resultados, una masa de personas (ciudadanos como les gusta que nos llamemos) acríticas con una nula capacidad para cuestionar los grandes dogmas del sistema capitalista.
Sin embargo, esta vez me gustaría hablar de cómo esos mismos mecanismos (a menor escala pero con resultados más que aceptables) se reproducen en muchos movimientos o colectivos llamados anticapitalistas. No dejando esto de ser una opinión personal basada en la propia experiencia y sin intención de generalizar, no puedo dejar de pensar que esto no es una situación tan excepcional.

Teniendo en cuenta que la crítica a esos mecanismos forma, o debería formar, parte del núcleo de la crítica al capitalismo y a, por extensión, cualquier sistema basado en la dominación; creo sinceramente que es algo sobre lo que deberíamos reflexionar ya que la situación a la que nos enfrentamos todas las personas que creemos en la necesidad de un cambio social requiere de una respuesta profunda donde no podemos olvidar combatir y destruir estos mecanismos que nos llevan una y otra vez a repetir errores pasados.

Así de manera más o menos formalizada nos encontramos con un choque frontal entre las críticas al sistema y la práctica cotidiana de los espacios alternativos.

Uno de los primeros aspectos con los que nos encontramos en este choque son unas estructuras verticalizadas de manera formal que, a menudo, repiten los mecanismos de filtrado y depuración dentro de la estructura que llevan irremediablemente al servilismo y al seguidismo acrítico para poder subir en el escalafón a la caza del poder para imponer la propia visión dentro del colectivo.

Incluso en espacios formalmente horizontales se produce esta verticalización a través de los liderazgos encubiertos que se ejercen (consciente o inconscientemente, pero se ejercen) y que en numerosas ocasiones enmascaran como consensos lo que no son más que los deseos personales de personas carismáticas que participan en esa asamblea. En ambos casos, se ve truncada la aspiración de la participación de todos en la toma de decisiones bien sea por imposibilidad, bien sea por falta de empuje y/o capacidad de argumentar.

Otro aspecto con el que nos encontramos, sobre todo, la gente que hemos decidido no hace mucho dejar de lado las convenciones sociales y adentrarnos en la lucha social es con un cuerpo doctrinario (socialista, libertario,…) prácticamente incuestionable y, por supuesto, de obligada aceptación inmediata so pena de ser tachado de pequeñoburgués o reformista con aspiraciones.

Así pues, nos encontramos con que se nos llena la boca hablando de la necesidad de un pensamiento crítico para construir una alternativa anticapitalista; pero luego es imposible aplicar ese mismo pensamiento para analizar los dogmas revolucionarios. Esto lleva irremediablemente a una lucha de matices que imposibilita la aparición de cualquier alternativa basada en las aportaciones y el desarrollo del pensamiento colectivo.

Otro gran bloque de contradicciones al que nos enfrentamos es todo lo que se refiere a las formas de acción y lucha y las consecuencias que acarrea. Tenemos claro que el poder puede cambiar mil veces de cara para que nada cambie y que tiene una capacidad inaudita para asimilar todos los movimientos de protesta que intuye que mínimamente puede inquietarle. También damos por sentado que en su afán acumulativo de poder y dominación se reinventa a cada paso.

Frente a estas creencias, seguimos repitiendo nuestras respuestas esperando que cambien los resultados no se sabe bien por qué razón. Al final, esta dinámica de repetición y esterilidad en la lucha hace que la propia acción se convierta en el fin; en lugar de ser el medio para conseguirlo. Esta situación nos lleva irremediablemente a acatar los criterios capitalistas de medición del éxito y acabamos alegrándonos si nuestra organización consigue “sacar” cierto número de personas a la calle auto-convenciéndonos de que esto es el principio de la revolución soñada.

Por supuesto, consecuencia directa de todo esto es la aceptación de un concepto tan capitalista como la competitividad a la hora de analizar estos supuestos éxitos de movilización. Nos vanagloriamos de convocar a más gente que no se qué otra organización y, de paso, tratamos como borregos a todas las personas que salen a la calle convencidas de su contribución a la lucha. Así damos un paso al frente y pasamos a considerar a la organización lo primero y más importante y fundamos, extraoficialmente, nuestro propio gueto, cuyo máximo objetivo pasa a ser el convertirse en la organización más anticapitalista de todas (rozando en ocasiones la locura narcisista con el rollo ese de ser los más puros). Al final, esta dinámica nos lleva a la lucha de egos (por no decir gallitos/as) y a olvidar que nosotros solos no vamos a ninguna parte, que el cambio o lo hacemos entre todas las personas o no lo haremos.


Mientras todas estas dinámicas se repiten una y otra vez, el poder se regocija abiertamente de cualquier esfuerzo de contestación. O empezamos a convencer a través del ejemplo o cada uno a su local a dirigir su pequeño corral y fardar de ello con los colegas.

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domingo, 3 de febrero de 2013

CORRUPCIÓN


Como veníamos comentando en el post anterior, el sistema ha encontrado la vía de escape oficial con el tema de la corrupción y la necesaria regeneración política y democrática.
Los últimos acontecimientos referidos a la financiación ilegal del PP y a los, ya famosos, papeles de Bárcenas y sus sobres han vuelto a incendiar a la sociedad. Todo el peso mediático se ha centrado en ello y los grandes medios de desinformación llenan páginas y horas sobre ello (a excepción de la radiotelevisión pública fiel a su papel de altavoz oficial del régimen). Siguiendo a rajatabla las órdenes dadas desde sus cúpulas empresariales que dirigen los hilos en función de sus intereses, ya que no hay que olvidar que estos medios forman parte de grandes conglomerados multinacionales.

La idea que se está tratando de transmitir es tan simple como atractiva: el problema es la corrupción política y el deficiente sistema democrático fruto de la transición. Por tanto, la solución a todos nuestros problemas reside en arreglar esto. Así, siguiendo esta línea argumental, nos encontramos con la corrupción política generadora de una crisis de representatividad (de paso aderezado con la corrupción de la casa irreal) y un bipartidismo incapaz de seguir creando ilusiones creíbles para la población son los nuevos mártires a sacrificar en el teatro capitalista.

Seamos sinceros, la corrupción en el PP es intolerable y una muestra más del desprecio absoluto que sienten por aquellos a quien dicen representar pero, desde luego, no es la excepción dentro de la normalidad democrática en la que nos dicen que vivimos. El PP no es más que un botón de muestra, la corrupción es algo inherente al sistema capitalista.

No hay que entrar demasiado en detalle para que cualquiera pueda ver claramente que todo gobierno no es más que un órgano gestor de los intereses de los poderosos. El poder económico se sirve del político y, éste, recoge el fruto por el trabajo bien hecho. Los gobernantes, como buenos empleados, venden su fuerza de trabajo al mejor postor. Eso es todo. Unos lo llaman corrupción; otros funcionamiento normal de las dictaduras parlamentarias. No podemos esperar otra cosa de un sistema en el que todo y todos somos meras mercancías y cuyo único objetivo es el beneficio económico y la dominación. El PP es un granito más de la corrupción dentro de un sistema corrupto hasta la médula.

Un sistema político social que ensalza valores como el éxito, la competitividad, el crecimiento ilimitado, la posesión personal a través del ejercicio de la dominación y el fomento del consumo desmesurado y llevado al límite de lo absurdo lleva, irremediablemente, a la corrupción como vía rápida de conseguir todo esto. Así, el capitalismo, premia la corrupción como método a seguir en cualquier esfera de la vida.

Corrupción en la política cuando se usa el poder para el propio beneficio o el de terceros, corrupción en la esfera laboral cuando se pagan salarios de miseria y se exige la vida del trabajador, corrupción en la educación cuando se fomentan los valores capitalistas a sabiendas de que esto conlleva una sociedad desigual, corrupción en la sanidad cuando se medicaliza a las personas bajo cualquier pretexto y se ignoran los factores sociales y ambientales que nos enferman, corrupción en las relaciones sociales cuando se intenta aparentar lo que no se es a base de posesiones materiales sin sentido, corrupción en la justicia cuando sistemáticamente se criminaliza a la gente que lucha, corrupción en la universidad cuando la intelectualidad justifica y legitima un sistema criminal, corrupción en los servicios sociales al permitir la miseria oficializada en lugar de denunciar la injusticia social, corrupción en los medios de comunicación cuando sirven de altavoz del poder en lugar de avanzadilla de la sociedad, corrupción en los cuerpos policiales y militares que defienden los intereses del poder a sangre y fuego,…

Por eso, el poder pretende centrar toda la rabia y el desengaño de la gente en  la corrupción política, porque así mantiene intactos todos los otros ámbitos de corrupción, que son mucho más importantes para el buen funcionamiento del sistema. Al fin y al cabo un gobierno es lo más fácil de sustituir (incluyendo la jefatura de estado si hace falta). Si el PP no resiste el desgaste, se podría dar un par de situaciones que el sistema contempla: elecciones anticipadas con un más que previsible gobierno PPSOE puesto que no hay alternativa viable en la actualidad; o bien, un gobierno de tecnócratas impuesto por la Troika. La estrategia está servida: como siempre, el sistema se adelanta a los acontecimientos y lo hace antes de que tanta indignación y rabia se autoorganice creando una red de poder popular (cosa en mi opinión todavía poco probable pero, desde luego, para nada imposible). No hay que olvidar que todo el asunto lo destapa El País que es la voz oficial del capitalismo en España y lo secunda El Mundo que, además, aglutina al sector más nacionalista del sistema. Por tanto, parece claro que la elección del momento no parece casual.

Sin embargo, como cada vez que el poder se descubre, abre una ventana a la oportunidad de la respuesta popular y eso es algo que no podemos desaprovechar. Si la chispa que lance definitivamente a la gente a la calle son los sobres y la corrupción del PP, pues que sea. Pero que no se pierda la perspectiva de lo que realmente es el problema: el Capitalismo.

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domingo, 27 de enero de 2013

DE LA REGENERACIÓN DEMOCRÁTICA Y POLÍTICA

Seguimos la travesía por estos tiempos convulsos. A nuestro alrededor la maquinaria capitalista continua con su acelerada destrucción de la misma esencia humana que durante siglos ha ido perfeccionando y poniendo a punto y que, ahora, ha decidido aplicar con potencia sobre la Europa del sur con especial dedicación.
Después de varios años de sufrir esta aceleración del capitalismo más salvaje y criminal parece ser que, al menos en el Estado español, ya hemos encontrado la receta mágica que todo lo cura: la regeneración democrática.
Ya hace tiempo que los grandes medios de desinformación se encargan de dejar caer este concepto para que lo vayamos asimilando y, al parecer, con un resultado excelente. La idea es tan simple como atractiva: el problema es la corrupción política y el deficiente sistema democrático fruto de la transición. Por tanto, la solución a todos nuestros problemas reside en arreglar esto.
Como siempre, una de las principales características del poder capitalista es su especial habilidad para reconocer los puntos débiles de la sociedad y explotar tanto sus miedos como sus esperanzas, sobre todo las fundadas en falsas creencias acerca del poder de la democracia representativa. Ayudado en sus medios de propaganda y en las ilustres firmas que en ellos se encargan de propagar el pensamiento único. Siempre a cambio del favor del sistema, están lanzando el mensaje de que la clave de todos los males reside en un sistema político deficiente.
Por supuesto, todos los medios utilizan un concepto de política reducidísimo, asimilando la política a la acción que realizan los partidos políticos reconocidos por el sistema como los únicos y legítimos agentes de la acción política. Esta asimilación persigue un doble objetivo: por un lado, negar cualquier posibilidad al pueblo de participación política fuera de los rediles de los partidos políticos, perfectamente controlados a través de sus estructuras de poder internas y su dependencia económica externa. Por otro lado, al recluir la política al ámbito de los partidos la regeneración de la política pasa siempre por cuestiones que solamente tienen que ver con los partidos y su funcionamiento.
Pasa lo mismo con el constante engaño al que nos somete el sistema haciéndonos creer que la democracia es esto que sufrimos cada día; cuando no es otra cosa que una oligocracia donde el poder lo ostentan los mismos desde hace décadas. Así pues, cuando los voceros del poder hablan de regeneración democrática a través de infumables editoriales en todos los medios. Siempre se refieren a este sistema parlamentario y representativo (que tan sólo representa a la clase dominante) sin dejar ni un resquicio a la acción del pueblo autoorganizado.
Estas asimilaciones contienen el peligro de dar pie a diferentes salidas. Por un lado, es posible que se pretenda tan sólo un pequeño maquillaje del sistema político a través de cambios que nada cambian como explicamos más adelante (seguramente ésta es la opción preferida por el sistema y por la que aboga ahora mismo). También puede llevar a una solución intermedia al estilo Italia o Grecia, es decir, un gobierno elegido a dedo por el capital ante la inoperancia de los partidos tradicionales. Finalmente, si el poder se siente amenazado no cejará en el descrédito político con el fin de predisponer a la población hacia la necesidad de un gobierno de unidad nacional o uno neofascista.
De esta manera, el sistema está consiguiendo reconducir todo el descontento y la desesperación del pueblo hacia esta cuestión de la regeneración. Han decidido poner en primer plano los casos de corrupción política, de financiación irregular de partidos, etc., y les han asignado el papel de culpables y, por tanto, de responsables de todos los males habidos y por haber. Todo son comparaciones entre el dinero robado por partidos y políticos y los puestos de trabajo que se podrían crear con esas cantidades, o los recortes que no hubieran tenido que hacer si ese dinero hubiese estado disponible.
Siguiendo este razonamiento, muchas de las luchas que se han ido creando y llevado adelante durante los últimos tiempos están empezando a inclinarse por estas tesis. Proliferando las voces que exigen está regeneración y la creación de todo tipo de partidos frentepopulistas para tratar de ser partícipes de la regeneración que nos impone el poder.
Ante este panorama vuelven a aparecer las recurrentes propuestas que según el poder nos acercaría a la perfección democrática. A saber, listas abiertas en todas las votaciones, cambio de la ley d’hondt por una más “representativa”, transparencia absoluta en la gestión del dinero público, poner fin a las subvenciones que reciben los partidos, articulación de mecanismos para la participación ciudadana (es decir, mejorar un poquito el tema de las ILPs),… por supuesto, todo esto obviando la verdadera cuestión de fondo.
Vivimos bajo un régimen global capitalista que antepone la dominación y el beneficio económico a cualquier otra consideración. El sistema político es tan sólo una coyuntura dentro de la globalización capitalista y tiene la forma que el poder considera oportuna en cada momento histórico.
Son la explotación sin límite de los seres humanos y del planeta, la mercantilización de todos los aspectos de la vida, la imposición de la posesión como el máximo exponente de la realización humana y la total anulación de la libertad humana los pilares de la actual situación de crisis global.
Es en estos aspectos donde debemos volcar todo nuestro entusiasmo y nuestra fuerza. Sin embargo, no podemos desdeñar la oportunidad que nos ofrece el sistema. Desde luego que es imprescindible la regeneración política y democrática, pero no en el sentido que el poder nos quiere hacer comprender; sino en el verdadero sentido. Necesitamos recuperar la verdadera política, la que realizamos todas las personas en cada acto de nuestras vidas y necesitamos recuperar la democracia, la única que merece ese nombre, aquella en la que todos tenemos la oportunidad de crear el mundo y la sociedad en la que queremos vivir.
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