jueves, 5 de junio de 2014

¿Y SI DESCENDIÉRAMOS DE LAS POLILLAS?

Corremos, corremos siguiendo cada luz, cada señal que creemos ver. Seguimos un instinto que nos dice que esta vez es la buena, que por ésta sí vale la pena el esfuerzo, que será la definitiva, la que nos acercará a nuestro objetivo final de un mundo donde  nadie tenga la oportunidad de situarse por encima de nadie para dirigir su vida.

Parecemos como esos insectos voladores, esas polillas que cuando llega el verano ven cómo aparecen de repente cantidad de puntos de luz que les atraen irremediablemente para acabar cruelmente achicharradas para regocijo del personal congregado. Exactamente esa es la sensación que tengo muchas veces.

Así me sucede cada vez que nos encienden las luces en forma de trozo de tela, agitando un sentimiento nacionalista (me da igual de qué nacionalismo hablemos) que nos va a llevar a una sociedad mejor porque, al parecer, la solución a todos nuestros males radica en situar unas fronteras aquí o allá y en reafirmarnos como ciudadanos de tal o cual país. También me sucede cada vez que se acerca una convocatoria electoral y a la gran mayoría le entra el recurrente anhelo de tomar el poder a través de las urnas y montar no sé qué revolución desde el gobierno, para a renglón seguido empezar a quejarse de toda esa gente que no ha votado (o no ha votado su opción) y ha imposibilitado el verdadero cambio. Ahora me vuelve a suceder, el poder nos ha encendido la luz de la monarquía y hemos alzado el vuelo como desesperados en pos de la república salvadora.

Al igual que con los otros temas, comprendo que haya gente que haya hecho de esto la lucha de su vida y, de una forma sincera, crea que esto es algo por lo que vale la pena luchar. Pero creo que deberíamos hacer un esfuerzo por reflexionar acerca de lo que hay de verdadero cambio a día de hoy en el hecho de sustituir el modelo de Estado. En mi opinión, a parte de dejar de alimentar a una extensa familia de parásitos y dejar de ser de manera formal (que no verdadera porque lo seguiremos siendo) súbditos, nada más nos traería la tan ansiada república. Estoy seguro que con esto nos volveremos freír al calor de la luz que el poder nos enciende.

Estos son sólo algunos ejemplos, se podría hablar de muchos más. Todas estas luces que nos encienden son muy potentes, tienen una capacidad de atracción muy elevada pero sobre todo tienen una característica esencial: todas están encauzadas y dirigidas dentro del ámbito institucional, todas forman parte de esa afirmación sistémica: que la democracia está en las urnas y en las instituciones que éstas se encargan de legitimar y mantener. Son luces escogidas y alentadas con la inestimable participación de los medios de desinformación para darles la apariencia de revolucionarias y antisistémicas; cuando lo cierto es que lo único que pretenden y consiguen es encauzar la atención y la energía de mucha gente que siente que esta vida no es la que quieren vivir.

A pesar de todo esto, no podemos dejarnos cegar por tanto destello, existen verdaderos focos que merece la pena mirar y acercarse a ellos, así como defenderlos frente a las constantes agresiones que sufren. Una muestra de iniciativas que realmente son consideradas peligrosas por el sistema y, sólo hay que fijarse un poco en la respuesta por parte del Estado, son los centros sociales autogestionados. En los últimos tiempos se ha desatado una campaña de persecución y desalojo* de este tipo de iniciativas (en realidad siempre ha existido esta represión contra los centros sociales pero últimamente se ha incrementado de manera ostensible) que ya me gustaría que tuviera la misma respuesta por parte de la gente que cuando nos encienden una luz de las que hablaba anteriormente. Este tipo de planteamientos sí que preocupan y mucho al poder. Personas que deciden optar por la autoorganización en lugar del seguimiento al líder, optar por la justicia en lugar de la legalidad, optar por el bien común en lugar del lucro individual… El poder trata de enmascarar todo esto con sus campañas difamatorias aludiendo a los tópicos de que todos son una banda de drogadictos, delincuentes, etc. sin embargo, la respuesta a cada desalojo por parte del entorno más próximo a los centros (es decir, por parte de las personas que están vinculadas y los consideran como parte de su vida social) nos hace ver lo lejos que se sitúa la realidad de los relatos de ficción con que nos bombardean los medios.

Es necesario que las gentes que realmente sienten la necesidad de construir un mundo nuevo justo y sin explotación de ninguna clase empiecen a discernir entre tantas luces que alumbran porque son muy pocas las que no acabarán por quemarnos.

 

* Algunos de los CSO desalojados o a punto de hacerlo durante el 2014: La Carbonería, Eskuela Taller, La Madreña, Palavea, La hormigonera, Can Vies, La Matriz, La Casika, La Traba.

Imprimir

9 comentarios:

jj sastre dijo...

No son los sistemas... son las personas. No existen leyes 100% a prueba de sinvergüenzas. Mientras esos cambios no empiecen PRIMERO en las personas y ese cambio en la sociedad, sea el que impulse el cambio de los sistema o instituciones, no hay nada que hacer.
Un abrazo

unke tedije dijo...

muy interesante gracias por hacerme reflexionar :))

unke tedije dijo...

muy interesante :)

Anónimo dijo...

Brillante análisis. Monarquía o república es lo mismo en el fondo.

Anónimo dijo...

No queremos ser súbditos, queremos ser hombres y mujeres libres. No basta con cambiar de pastor, tenemos que dejar de ser ovejas

Quebrantando El Silencio dijo...

Hola a todxs

Gracias por los comentarios. Efectivamente como decís el cambio va de lo personal a lo social (al menos esa es mi opinión) pero lo cierto es que debemos empezar a dirimir entre que consideramos realmente importante y qué luchas se nos "ofrecen" desde el poder para diluir nuestros esfuerzos.

Un saludo a todxs.

alterglobalizacion dijo...

Hola quebrantandoelsilencio, Como siempre un placer leerte. Un grupo de personas, algunas de ellas vinculadas con la asamblea virtual del 15M (15M VIRTUALPOL) estamos tratando de impulsar una iniciativa que incidiría en cuestiones de fondo que tienen que ver con nuestro imaginario colectivo. Creo que sintoniza con la idea de esta entrada y con los comentarios que señalan que el cambio real empieza por cada uno de nosotr@s. La iniciativa se llama nomasdeunmillon.org y promueve un registro público de autolimitación del patrimonio como modo de hacer explícita la deslegitimación de la desigualdad patrimonial ilimitada. Nos encantaría que te unieras a nuestro grupo de discusión. (NoMoS, Ecora, Luis Molina y otra gente muy valiosa).

Si te interesa la idea déjame un comentario en esta entrada del blog:
http://alterglobalizacion.wordpress.com/2013/08/31/autolimitacion-de-la-riqueza-una-propuesta/

Un abrazo

Maria Montserrat dijo...

Atacas el nacionalismo y acabas afirmando: "..Personas que deciden optar por la autoorganización en lugar del seguimiento al líder, optar por la justicia en lugar de la legalidad, optar por el bien común en lugar del lucro individual…" Desde mi punto de vista, puedes estar hablando de lo mismo. Nunca fui nacionalista, no me gustan ni las banderas ni las fronteras. Pero se gestó en mi un sentimiento puro de pertenencia a una comunidad, un pueblo, una cultura: mi país, sin fronteras ni banderas. Pero ahora las enarbolo y enaltezco y lucho como el k más para defender mi gente, mis hijos, nuestra forma de pensar, nuestros anhelos e inkietudes. Las banderas y las fronteras me siguen sin gustar... es absurdo poner limites donde debe haber unión. Pero cuando una cultura teme ser anikilada por otra, más poderosa, con una gran tradición genocida y conkistadora, que solo desea el propio beneficio de sus corruptos gobernantes, k malgasta en armanentos y recorta en sanidad y educación... este Pueblo se alza, enarbola banderas y exige fronteras. O no lo harias tu?

Quebrantando El Silencio dijo...

Hola María Monserrat

No acabo de entender eso de que pueda estar hablando de lo mismo. En todo caso, por supuesto que tengo un sentimiento de pertenencia a una comunidad, un pueblo o como quieras llamarlo pero para nada identifico eso con mi país. Los países son entes arbitrariamente establecidos y en numerosas ocasiones sus fronteras dividen comunidades y culturas más que unirlas.
Por supuesto que defiendo a mi gente pero eso de que una cultura quiera aniquilar a otra no lo veo, veo más bien unos intereses económicos que quieren imponerse a otros.

No creo que enarbolar banderas y exigir fronteras solucione nada si no va acompañado de una revolución social que imposibilite que el interés económico y la dominación vuelvan a situarse en el primer plano.

Muchas gracias por la visita y la participación.

Saludos y hasta pronto.