jueves, 9 de febrero de 2012

LA CRISIS FAVORECE LA REPRESIÓN SOCIAL

Como advertíamos en el anterior post, uno de los pilares defensivos del sistema frente a las crisis cíclicas e inducidas por él mismo es la militarización del Estado en aras de la seguridad frente a las hordas de bárbaros dispuestos a pelear.
En repetidas ocasiones hemos hablado del exorbitante gasto militar que el Estado español realiza poniendo de relieve cuáles son sus prioridades. Baste mencionar que en el pasado 2011 (a falta de liquidar los presupuestos que siempre aumentan la cantidad final) la cifra superó sobradamente los 17.000 millones de euros. Sólo imaginar cuantas situaciones angustiosas podríamos haber eliminado con esos miles de millones puestos a disposición del pueblo. Obviamente, el Ministerio de la muerte (mejor nos acostumbramos a llamarlo por su verdadero nombre) ha sido de los que menos ha visto recortado su presupuesto y las inversiones en I+D militar han aumentado en porcentaje con respecto al total de las inversiones.
Hasta aquí, queramos o no queramos, todo normal. Esta es la dinámica habitual de cualquier Estado. Sin embargo, en los últimos días hemos visto cómo se han dado un par de pasos que elevan el nivel de la militarización a cotas superiores.
En primer lugar, la compra de material antidisturbios a gran escala por parte de un Gobierno que un día tras otro nos hace creer que no hay dinero ni para comer. Casi millón y medio de euros gastados en artefactos para el control social. Esta cifra puede parecer ridícula acostumbrados como estamos a escuchar a diario cifras de miles de millones, sin embargo, si la comparamos con los 140 mil euros que se gastaron en 2007 (cuando las cosas iban viento en popa al parecer) enseguida vemos la dimensión de la compra. Esto responde al rearme que está haciendo el Estado por si sus intentos de canalizar la rabia del pueblo no funcionan (patético Rajoy pidiendo una huelga general y patéticos los sindicatos siguiéndole el rollo). No obstante, éste no es el movimiento más preocupante.
Recientemente, ha sido nombrado el nuevo director de Protección Civil y Emergencias. Por primera vez, se ha nombrado a un militar como máximo responsable de un ente hasta la fecha supuestamente civil. La designación del general de brigada Juan Antonio Díaz Cruz deja bien claro cómo el Estado pretende reforzar su poder de control social. La explicación oficial es que al ser militar tiene buena relaciones con la UME (Unidad Militar de Emergencias) unidad creada para dar esa imagen que tanto nos gusta de militares buenos al servicio del pueblo tipo cascos azules y demás chorradas por el estilo. Podemos darle la vuelta al argumento utilizado por el Gobierno y vemos cómo el nombramiento de un militar facilita más, si cabe, el control de este ente civil por parte del gran baluarte del sistema: el ejército.
Juan Antonio Díaz Cruz no es un militar cualquiera, sino un integrante de la alta jerarquía castrense. Ha ocupado la jefatura de la brigada de la Legión destinado en la guerra de Irak. También ha estado en Sarajevo con la Eurofor y ha sido miembro de las COE (Unidades de operaciones especiales). Pero lo más importante es que ha sido coronel jefe de la Guardia Real y ayudante de campo del rey. Esto es parte del currículum de este angelito.
Todo parece indicar que el Estado ante un previsible estallido social (previsible no significa que vaya a suceder, hay muchos factores que tienen al pueblo totalmente subyugado a los designios del sistema) se está reforzando, todavía más,  para poder tomar el control de las calles. No hay que olvidar que nuestra “amada” Constitución permite esto y mucho más.

3 comentarios:

Camino a Gaia dijo...

Tanto gasto en material antidisturbios no es por lo que nos han hecho, sino por lo que piensan hacernos. Solo les queda ultimar el control de los medios de comunicación (la cúpula del poder judicial ya está en sus manos).

Raúl dijo...

Hola Camino

Ya están empleándose a fondo. Yo no subestimaría el poder del Estado en cuanto a los medios de comunicaión pues ya sabemos que sus interes y los del capital van cogidos de la mano, por tanto, el apoyo es mútuo al igual que el control.

Un saludo.

MDF dijo...

Crónicas de Spainlandia:

Si muchos son los que a estas alturas aceptan el gran parecido de este expolio económico con el de la Gran Depresión del siglo XX, aún son pocos los que no se han percatado de la gran similitud entre las respectivas situaciones políticas. Tanto el fascismo como el nazismo aprovecharon la extensa desilusión generada en las clases medias por unas izquierdas que se mostraron incapaces de implementar una alternativa real, con las masas detrás, para frenar el robo creciente y suicida perpetrado por las entonces clases dominantes. ¡Qué ardan las avenidas! no era en tales tiempos, ni lo es ahora, una estrategia de finalidad revolucionaria, era y es simplemente una desesperante necesidad de las clases sociales medias y basales. El equivalente a un nicho evolutivo darwiniano que si una especia deja libre otra lo ocupará. Y si las izquierdas lo abandonan, si no satisfacen tal reclamación, lamentablemente otros, ya sin antorchas ni Führer pero con la misma carencia de escrúpulos, volverán y lo harán. No se olvide que el nazismo fue un electo y particular keynesiano: extrajo al alemán de la depresión y la miseria, le otorgó el pleno empleo, le permitió disfrutar de la vivienda... Que ello se alimentara de la vecina sangre y territorio, de la reinstauración de una esclavitud asesina, de la detención preventiva de millones de nuevos parias, de su traslado y aniquilación en una industria diseñada para el exterminio... fueron para ese alemán sólo un "daño colateral" ante el cual debía taparse oídos y nariz y vendarse los ojos. ¡Volverán!.

¡Y ya están volviendo!. Incapaces de reaccionar en esa calle que por historia es nuestra y no de ellos, con la boca abierta más allá de nuestras posibilidades biológicas, veremos como a la "matanza de Badajoz", a la cruenta "represión de la bahía de Cádiz", a los civiles asesinados en la "carretera de la muerte de Málaga a Almería" y a un largo, largísimo, etcétera se les niega la condición de crímenes contra la humanidad alegando, para justificar la infamia, que la ley penal no puede aplicarse con carácter retroactivo y olvidando, también para justificar la infamia, que al no prescribir jamás tales delitos, pues nadie legítimamente puede hablar en nombre de la humanidad, toda institución jurídica ostenta la ineludible obligación de perseguirlos "in saecula saeculorum". Es más, y terriblemente más, negando esa aplicación retroactiva al delito de genocidio estarán declarando nulos por vía "de facto" los mismos "Juicios de Núremberg", y absolviendo "post mortem" a todo condenado en ellos por esos horrendos crímenes. Los implacables asesinos de 5.934.000 judíos (1.500.000 con menos de 12 años), de 3.500.000 soviéticos prisioneros de guerra, de 1.900.000 polacos, de 1.670.000 eslavos, de 1.500.000 gitanos, de 500.000 minusválidos (más 300.000 esterilizados), de 200.000 masones, de 15.000 homosexuales (más cientos castrados por orden judicial), de 5.000 testigos de Jehová, de... serán "de facto" declarados "inocentes". ¿Qué haremos las izquierdas cuando semejante aberración de lo Justo vea la luz?. ¿Seguiremos anclados a un sillón y al sueldo de un Parlamento que ya hace tiempo dejó de representar a este pueblo?. ¿Seguiremos anclados a un "bla, bla, bla..." y a un "que me voy a la calle", poniendo el pie en la acera para después volver a retirarlo, salmodiando incesantemente una estrategia que ya hace tiempo todos vemos asimismo como inútil?. ¿Seguiremos convocando movilizaciones atomizadas que por así serlo y por ser dirigidas bajo el indiscutible y cobarde lema del "peace and love" garanticen más cadáveres que victorias y servir mejor al opresor que al oprimido?. ¿Seguiremos...?

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